Friday, July 29, 2016

Use su teléfono y mejore su ajedrez


Uno de los juegos de mesa que tiene la mejor interacción con el cómputo es el ajedrez. Hace unos 15 años aproximadamente, los programas que jugaban al ajedrez empezaron a progresar enormemente. De pronto llegaron los primeros triunfos contra los grandes maestros e incluso, se organizaron torneos entre hombres y máquinas. Hoy en día los programas de ajedrez son tan fuertes que ya este tipo de competencias son atractivas.

Sin embargo, no solamente se crearon programas para jugar al ajedrez. Salieron bases de partidas, como Chess Assistant o ChessBase, para mencionar las dos más populares a nivel comercial. Con el tiempo la colección de encuentros entre jugadores creció de forma importante y hoy se pueden conseguir DVDs con unas 6 millones de partidas, que tienen literalmente toda la historia del ajedrez registrada.

También salieron entonces discos compactos con información: monografías sobre la primera fase del juego, sobre los finales de partida, etcétera. Hoy hay cientos de títulos en donde los maestros explican a los que adquieren estos discos, las jugadas, las variantes más importantes, los trucos de las partidas, entre otras muchas cosas.

La empresa Convekta, la creadora de Chess Assistant, por ejemplo, creó una serie de discos para estudiar los temas ajedrecísticos de una manera mucho más interactiva. Así salió el programa CT-Art (Chess Tactics Art), que contiene más de 2000 posiciones de análisis, recolectadas por Maxim Blokh, el cual publicaría antes un librito con todos estos ejercicios. La ventaja de usar el programa Ct-Art es que los ejercicios eran evaluados por la computadora y le daban tips a los usuarios cuando estos erraban el camino.

Después del Ct-Art llegaron una colección completa de diversos títulos: todas las partidas de los campeones mundiales, Spassky, Fischer, Tal, Kasparov, Carlsen, Capablanca, Lasker, etcétera. Todos ellos basados en la misma interfaz que se usa en el Ct-Art. Y tuvo tanto éxito esta idea que Convekta reescribió su interfaz -al cual llamó Peshka- y relanzó sus títulos de manera que se ven en pantalla de una manera más moderna.

Convekta -me parece- ha hecho una alianza con Chess King, otra empresa de aplicaciones para ajedrez, comandada por Alexandra Kosteniuk, excampeona del mundo, y ahora algunos de los discos mencionados están como apps, tanto para iOS como para Android. Lo mejor del asunto es que todos los títulos son gratis (tienen anuncios pero hasta donde he visto no son invasivos).


Alexandra Kosteniuk

Bajé el CT-Art y ahora puedo estudiar ajedrez incluso en el teléfono. Cuando me subo al transporte público, cuando estoy esperando que me atienda el dentista, cuando tengo tiempo libre y no estoy en casa, etcétera. Vamos, que me parece fantástico que ahora desde el teléfono pueda uno seguir viendo posiciones interesantes, resolviendo problema de ajedrez y eventualmente, entendiendo más este juego de una obsesión inacabable.

Si le interesa el juego ciencia, esta es una buena oportunidad de hacerse de material sin costo, que le dará muchas horas de trabajo ajedrecístico.

Referencias:

Google Play (ct-art) 

Thursday, July 28, 2016

Promociones dignas de un gángster


Hoy recibí una carta de Inbursa (ver más abajo), el Banco que si no me equivoco, es propiedad de Carlos Slim. En esta misiva se me ofrece un crédito por 50 mil pesos. La carta indica que si aceptó, pagaría 28% tasa de interés fija (que se convierte en unos 32.48% anual neto con IVA incluido, según entiendo). El chiste es que hay que pagar 2,203.64 pesos por mes, durante 36 meses, para saldar el crédito.

Se me ocurrió hacer la cuenta y esto es: 36 x 2,203.64 pesos = 79,331.04... Es decir que además de regresar los 50 mil pesos prestados hay que pagar 29,331.04 pesos por los intereses. El problema es que el 32.48% de intereses es de 16,240 pesos. Entonces tenemos una diferencia de 13,091,04. Para decirlo en otras palabras, el interés que Inbursa quiere agendarse es del 58.66% y no del 32.48%. Vamos, que es un robo al mejor estilo gangsteril. Son unos auténticos ladrones.

Dar click para verla más grande


Pero quizás estoy equivocándome en algo, así que acudí al Banco Inbursa y la plática fue algo así:

Yo: Me llegó esta carta ofreciéndome un préstamo por 50 mil pesos pero hay algo que no entiendo...
Inbursa: Sí, dígame...
Yo: Multiplique 36 x 2203.64 pesos... ¿Cuánto le da?
Inbursa: 79,331.04
Yo: ¿Ya vio que esto no es el 32.48%?
Inbursa: Es que es el interés anual.
Yo: ¿Y? La tasa es fija por los 36 meses del préstamo
Inbursa: Sí. 
Yo: ¿Entonces? Se la pongo fácil: si el 34.48% de 100 mil pesos es de 34,480 pesos, entonces por un préstamo de 50 mil pesos debería ser la mitad ¿o no?
Inbursa: Este... Sí.
Yo: Entonces este cálculo de lo que debo pagar está mal, ¿verdad?
Inbursa: Pues sí, pero yo no hago los productos promocionales. Debe mandar un correo al Banco.
Yo: Ya veo. Usted no puede hacer nada. Ni reportarlo.
Inbursa: Escriba al correo del Banco con su queja.

Así, como siempre, el banco se demuestra como lo que es, uno de los ladrones más abusivos de este país. Para empezar el interés es enorme pero para colmo, ni siquiera no pueden hacer las cuentas bien.

En resumen: aunque se vistan de traje y corbata, aunque quieran dar la imagen de una institución sería, no son más que una sarta de ladrones. Así de simple, así de llano.

Monday, July 25, 2016

Software para los escritores de cine, teatro y radio


Una vez, hace ya algunos años, me encargaron un programa para poder escribir guiones cinematográficos. El problema -me decían- es que el formato de los guiones hace que el escribir este tipo de documentos sea muy latoso. Me explicaron el problema del formato de este tipo de escritos y escribí un programa en Turbo Pascal 5.0, si mal no recuerdo. Desafortunadamente este programa eventualmente habrá quedado en un diskette y finalmente lo perdí. Pero veamos el formato de los guiones de cine.

En general, un guión se divide en dos columnas. En la columna de la izquierda se ponen indicaciones que deben ser seguidas, por ejemplo: "El escenario consiste en una recámara de clase media, en donde hay un buró, una lámpara de noche, una cama matrimonial y tres almohadas". En la columna derecha se ponen los diálogos, por ejemplo:

MARIO
¡Carmen! ¡No encuentro mis llaves! ¿No las has visto?

CARMEN
¿No las dejaste en tu chamarra? ¿Por qué no las colgaste en donde siempre?

etcétera.

Así pues, cuando se hace un guión hay que moverse entre ambas columnas y eso lleva tiempo y se requiere de mucha atención por parte del escritor. Entonces se me ocurrió que lo que tendría que hacer el escritor es escribir con la mayor libertad posible y entonces un programa podía leer el texto y generar como salida un archivo que fuese como los guiones deben quedar. Pero, ¿cómo decirle al sistema que algo va en la columna izquierda o derecha? ¿Cómo hacer para que el autor del guión no tenga que poner infinidad de veces los nombres de los personajes?

Como ya dije, mi programa original lo perdí, pero decidí rehacerlo. La idea es simple: si el escritor quiere escribir en la columna izquierda, pone en cualquier línea, al principio, el comando ".izq". Si quiere escribir en la columna derecha pone el comando correspondiente, ".der", y listo. Para los personajes, definí una lista de ellos agregando un apodo que lo identificara. Por ejemplo, puedo poner un personaje que se llame Carlos y que su apodo fuese ".c". Así, si al inicio de una línea aparece un ".c" (sin las comillas), entonces el programa podrá sustituirlo por "CARLOS".


Puede además pasar que un guión tenga muchos personajes. El escritor puede definir todos ellos con sus respectivos apodos, pero probablemente no se acuerde de todos ellos. Para eso, el programa muestra la lista de nombres con apodos y con doble click, el apodo se inserta en el texto que el autor puede estar escribiendo.


Una vez que tenga todo el guión escrito (o cuando se le antoje), entonces se usa el "compilador", en donde el "código fuente" es el guión sin formato. El programa genera entonces un documentos RTF (Rich Text Format), que puede entonces ser leído por Word o cualquier programa de edición y así imprimirlo, quizás agregando tipos de letra o haciendo algunos ajustes menores. La idea es que el escritor se dedique a escribir y que no se esté preocupando demasiado por este formato de los guiones que es francamente muy incómodo.


He reescrito -como ya comenté- una nueva versión de mi software original, pero en esta ocasión para Windows, a la cual le faltan probablemente algunos detalles. Por ejemplo, le voy a agregar en versiones subsiguientes la posibilidad de que se pueda hacer corrección ortográfica. Igualmente, me gustaría poder imprimir en PDF directamente desde mi programa. ya estoy viendo estas posibilidades.


A quien le interese este software, escríbame a morsa@la-morsa.com y se lo enviaré. No tiene ayuda aún (cosa que espero escribir pronto), así como los detalles mencionados. Me gustaría que este sistema sirviese en algo más que un experimento de programación lúdica, porque realmente el trabajo que el sistema hace es relativamente rutinario. Por lo demás, se aceptan sugerencias, críticas, etcétera.

Wednesday, July 20, 2016

Un editor para artículos de ajedrez



Hoy en día tenemos muchos libros de ajedrez y no es aventurado decir que se escriben más libros sobre este juego de mesa que de cualquier otro que el hombre haya inventado. Los libros de ajedrez, las revistas especializadas, por muchos años han requerido de poder diseñar diagramas que de alguna manera, muestren las posiciones claves de la partida. Con la llegada de las computadoras, el poder poner diagramas de ajedrez en una publicación sobre el tema ha sido ya una tarea resuelta. No sólo se pueden poner diagramas, sino partidas de ajedrez completas, sin temor de transcribirlas mal, pues los manejadores de partidas de ajedrez permiten hacer estas tareas con relativa facilidad, copiando partidas y diagramas directamente al documento que se está escribiendo.

Así pues, si usted quiere escribir un texto de ajedrez, insertar partidas y diagramas, lo que tiene que hacer normalmente es tener instalado un programa como Chessbase, un editor como Word y al ir escribiendo, copiar de la base de partidas los diagramas o la propia anotación de la partida en cuestión. Hay muchas veces que hay que cambiar de tipo de letra o el tamaño, para poder realizar adecuadamente esta tarea.

Pues bien, pensando en esto decidí escribir mi propio sistema para escribir artículos o libros de ajedrez. Para ello decidí primero, usar algunos componentes maravillosos porque permiten crear una especie de mini-chessbase (que funciona solamente con PGN - Portable Game Notation), el formato que se usa universalmente para desplegar partidas en un tablero, y tener la opción de crear diagramas o bien, cargar una partida y poner el diagrama en la posición que se nos antoje de forma automática.

De esta manera, tenemos un manejador de partidas, las cuales podemos cargar de disco o incluso, jugar en el tablerito electrónico si es que nuestro artículo no tiene nada que ver con alguna(s) partida(s) famosa(s).  El editor de los artículos permite con la acción del correspondiente botón copiar directamente la partida que nos interesa con el tipo de letra que usa figurines, que son los dibujitos de las piezas de ajedrez en la anotación de las mismas, lo cual con todos los tipos de letra disponible, ya se tiene acceso a algo así. Con otro botón se puede crear un diagrama en particular y con otro botón más, se puede pegar al documento un diagrama de alguna de las partidas de las bases de datos. Así entonces, se acabó el ir a la base de partidas, darle copiar y luego pegar al documento el diagrama. Ahora todo se hace de forma más automatizada.

Mi programa guarda los documentos en un formato RTF (Rich Text Format), que permite guardar los tipos de letra usados, así como los tamaños de dichas letras. Y aunque esta es apenas una primera versión, voy a seguir trabajando en ella para que se pueda incorporar un mejor editor con características "wysiwyg" -what you see is what you get, o como se ve, así se  verá finalmente cuando se imprima, para decirlo en pocas palabras. Por el momento esta parte usa el componente RichEdit de mi herramienta, Delphi, que da una funcionalidad básica, pero puede ser mucho mejor.

A quien le interese este programa escríbame a morsa@la-morsa.com y se lo enviaré por correo electrónico. Puede ser que se tengan algunos errores y agradeceré, desde luego, quien me muestre algún comportamiento incorrecto o inesperado del programa. Úsese con cuidado y guarde contínuamente su trabajo por si falla algo que, aunque no debería pasar, en estas primeras versiones se dan casos en que algo sale mal y hasta se congela el programa (cosa que no me ha pasado pero no está de más advertirles).

Thursday, July 14, 2016

De los lectores electrónicos de libros


Ya comenté en este blog mi problema con Gandhi. Brevemente: compré un libro electrónico el cual requería instalar un programa llamado Kobo. Hice lo que correspondía pero no se pudo cargar el libro. Hablé a Gandhi y en el "call center" me atendieron con amabilidad, aunque no pudieron resolver la dificultad. Pasaron dos meses y les escribí diciendo que ya no me interesaba el asunto y que me regresaran mi dinero. Contestaron que la política de la empresa no era hacer devoluciones en libros electrónicos. Ante semejante respuesta los acusé de ladrones y les dije que los llevaría primero a la PROFECO y si eso no funcionaba, los demandaría legalmente por robo.

Pero antes de que pasara eso me habló Efrén Tapia, que es el gerente de e-commerce de Gandhi. Me ofreció una amplia disculpa y me dijo que, el dinero del libro me lo habían ya reembolsado a mi tarjeta de crédito. Quedamos de vernos para explicarme lo que había pasado. Y este lunes 11 lo vi una mañana y hablamos de la estrategia de Gandhi en términos de libros electrónicos, entre muchas otras cosas que ya contaré. Pero por el momento debo decir que Efrén, a manera de disculparse o de rectificar de alguna manera el trato que me dieron, me regaló un lector electrónico Kobo (anagrama de "book") (https://us.kobobooks.com/products/kobo-aura-h2o), el cual es el modelo más costoso que vende Gandhi y que tiene la particularidad de que es, además, contra agua. Le dije que era muy generoso porque lo que pasó no era para tanto, pero me quedó claro que Gandhi, a través de Efrén, buscaba resarcir la mala imagen que dejó.

Y aunque ya hablaré de la plática que tuve con Efrén, en este momento me gustaría hablarles sobre este lector electrónico que cuesta unos 4 mil pesos. Efrén también me regaló la funda del juguete, que en el sitio de Kobo está en unos 800 pesos. Es decir, que si alguien quiere hacerse de un lector de esta naturaleza, pues hay que pensar en desembolsar unos 5,000 pesos, aproximadamente.

El lector es muy liviano y esto de la tinta electrónica es algo formidable en algún sentido. Cuando uno abre la caja del Kobo, pareciera que fuese una lámina que estuviese sobre la pantalla pero no, así es la tinta electrónica, la cual gasta muy poca energía. Y tan es así, que hay que cargar el dispositivo cada 2 meses aproximadamente.

Kobo junto con Porrúa y Gandhi, han hecho una alianza que se llama Orbile (elibro al revés), y cuando uno compra un libro electrónico en Gandhi, en principio debería poderse instalar directamente en el dispositivo sin más trámite. Si no se tiene lector, pues se puede descargar un programa que hace las funciones requeridas para cualquier tablet o computadora, de escritorio o laptop.

El lector mide unas 6.8 pulgadas en su pantalla. Usa, como a mencionamos, e-ink y es táctil. Esta diseñado para ser el lector oficial de Porrúa y Gandhi, pero también pueden cargarse libros a través del puerto USB con el cable que viene en la caja, que además, permite cargar el dispositivo. Kobo trabaja con el formato ePub que parece ser, tiene algunas ventajas sobre el formato PDF, por ejemplo, entre los que se cuentan una mayor versatilidad para cambiar el tamaño de la letra, poner notas, etcétera. Voy a probar con algún ePub para ver las diferencias.

Con respecto a los PDFs, la experiencia es más o menos parecida a la de leer un libro electrónico sin mayores pretensiones. El software de Kobo permite definir dónde queremos apretar para movernos a la siguiente página o a la anterior, entre otras cosas. La verdad es que es bastante cómodo el usar este dispositivo porque se pueden tener muchos libros en la memoria, que tiene -según entiendo- 4 GBytes, aunque puede ponerse una tarjeta microSD para poder poner más libros. Una virtud de este modelo es que es contra agua, lo cual es una buena idea para lo que pueda ocurrir en caso de un accidente.

Lo único que me decepcionó, y aquí no es culpa de Gandhi, es la tinta electrónica. El "refresh rate", es decir, el despliegue de una página a la que sigue es relativamente lento, así como el scroll sobre la pantalla. No es grave ni nada para decir que es inútil usar este dispositivo, pero pensé que este asunto de la tinta electrónica, que finalmente permite leer con el dispositivo en cualquier parte, incluso frente al Sol, era mucho más rápido en el despliegue. Pero fuera de esto, creo que la idea de hacerse de un lector así es buena, porque permite llevar prácticamente la biblioteca personal en un aparatito que pesa menos que un cuaderno.

Como anécdota y para que vean cómo han cambiado las cosas: en 1978, cuando Korchnoi retó a Karpov por el título mundial, el grupo de asesores de Anatoly Karpov llevó unos sesenta kilos en libros de ajedrez para ayudar al campeón en caso de ser necesario. Hoy en día, eso se puede llevar en el dispositivo Kobo, o similares, de manera trivial.

Cabe agregar que mi queja llegó finalmente a resolverse y al menos noté una muy buena disposición en todo este asunto por parte de Gandhi. Y desde luego, agradezco la generosidad de la librería en este sentido.

Friday, July 08, 2016

Los problemas de hacer bases de datos


Recientemente se me encomendó la tarea de llevar el rating de la Federación Nacional de Ajedrez (FENAMAC), la cual tiene ya unos 40,000 socios registrados, aproximadamente. Esta lista es la medición numérica que tienen los jugadores, equivalente a su nivel ajedrecístico. La idea es que las asociaciones de cada estado de este país manden a la FENAMAC los resultados de sus torneos (vía un archivo específico hecho en alguno de los programas para generar torneos de ajedrez, por ejemplo, Swiss Manager), y entonces mi tarea es calcular el desempeño de cada jugador de acuerdo a su rating antes del torneo, los puntos que realizó y el promedio de nivel de rating de sus oponentes. De acuerdo a las fórmulas de Elo se sabe entonces si el jugador subió o bajo puntos en su rating, también llamado "Elo".

Pues bien, me puse a trabajar usando un manejador de bases de datos gratuito llamado Absolute Database, el cual tiene muchas virtudes comparado con el sistema de bases de datos nativo de Delphi (BDE), el cual, por ejemplo, tiene que instalarse aparte y esto causa una dificultad extra, porque portar el programa a otra máquina implica primero instalar BDE en la otra computadora y entonces poder cargar el programa del cálculo del rating. Absolute Database -para las necesidades del problema- hace la tarea magníficamente bien y además, todo está encapsulado en el mismo programa ejecutable que se genera en Delphi. Es decir, tengo el manejador de bases de datos y mi código en el mismo archivo, cosa que abrevia la problemática, pues no hay que instalar nada extra.

Pero fuera de mi código, hallé que la base de jugadores está llena de problemas, todos ellos comunes a todas las bases de datos. Por ejemplo, los nombres de los jugadores están escritos con mayúsculas en ocasiones, o con comas después de los apellidos y los nombres, o bien, no tienen acentos, o están incluso mal escritos. Y entonces la tarea inicial -antes de programar nada- es tratar de limpiar la base de datos, la de los jugadores, para que después el programa del cálculo del rating encuentre a los jugadores en la base de datos y pueda actualizarse de acuerdo a esto.

Porque esto es lo crítico: si la base de datos no está limpia, si tiene nombres escritos de diferentes formas, entonces lo que se tiene es una problemática que a la larga no es tan fácil de resolver, al menos automáticamente, y obliga al programador (o usuario del programa, que en este caso soy yo mismo), a tener que ver y revisar manualmente cada caso de lo que pasa cuando se calcula el rating de algún jugador. Considerando esto nada más, me di cuenta que las bases de datos son solución de muchas dificultades, pero para ello se necesita que la información esté bien dispuesta, limpia, en un formato -digamos- estándar, que pueda ser manejado fácilmente.

Después de todo esto de lo que he hablado, ya tengo un programa que permite el cálculo del rating automático cuando se me entregan los archivos de Swiss Master. Tiene aún algunos problemillas pero poco a poco se irán resolviendo. Los "bugs", desafortunadamente, aparecen en el peor de los momentos y no cuando uno espera algo extraño.

Wednesday, June 29, 2016

La desgracia de poder publicar para el mundo


Internet es sin duda uno de los grandes logros de los últimos treinta años. La red de redes nos ha permitido saber mucho más de todo. La información —literalmente— está en la yema de los dedos. Gracias a los buscadores y a que muchos millones de personas han alimentado la web, se tiene información de casi cualquier tema. Es tal la cantidad de información que podemos consultar en Internet que tenemos que ser selectivos.

Por otra parte, tenemos las redes sociales, que en mi opinión no hacen mucho en términos reales pero hacen ruido. Son esos revolucionarios de sillón que quieren arreglar el mundo dando “Me gusta” o retuiteando cualquier publicación interesante para ellos. Pero el hecho real es que no se movilizan. Son todopoderosos desde el teclado y así como le aplauden a alguien, denostan a otro nada más porque se les antoja.

Umberto Eco ya dijo que la desgracia de Internet es que se les ha dotado de voz a una legión de imbéciles, y creo que en muchos casos no le falta razón: hoy, por ejemplo, leo que supuestamente llegó a México un grupo de médicos británicos con la intención de operar gratuitamente a niños con labio leporino. Tienen 71 niños ya inscritos pero requieren 135 sino no operan a nadie. ¿Y eso por qué? Me preguntaba. Pues bien, ya alguien me dijo que es una noticia falsa.

Pero no es la única: ¿Cuántas veces hemos visto campañas de dar “Me gusta” porque Facebook donará por cada clic un centavo a un niño que está muriendo de cáncer. Por supuesto ya a estas alturas nadie cree en eso, pero de pronto se rehace la nota y se le da un giro. No faltará quien la re-publique “sólo por si acaso”, sin investigar nada, nada más porque está en su honorable derecho de publicar lo que se le antoje.

Hoy de nuevo, en otro ejemplo, me llegó la carta de una señora que quiere donarme 9.8 millones de dólares. Cuenta una larga historia que no leí y termina con un “Dios te bendiga”. Ya sabemos que esas cartas son falsas.

¿Por qué me mandaría alguien que ni me conoce una misiva diciéndome que tiene millones de dólares para donármelos? Si yo tuviese esa cantidad y estuviese en ese caso fatal de que me voy a morir de cáncer terminal, ¿haría una carta y se la mandaría a una dirección de correo de alguien que ni conozco? ¿Por qué sigue funcionando ese fraude? (si no fuese así ya habría desaparecido).

La razón me parece evidente: cuando hay mucho dinero, la gente pierde su capacidad de pensar y entra la avaricia, el hacerse de algo a cambio de nada, etcétera. Porque seamos, francos, esas cartas en donde regalan a manos llenas millones de dólares no pueden ser ciertas.

Y si regresamos a las redes sociales, he visto fotos de unos chavos bocabajo, sin ropa, con personal armado que los está vigilando. Y entonces el pie de foto dice algo como esto: “Una foto de los 43 estudiantes de Ayotzinapa antes de que los mataran. Circúlenla porque la quieren censurar”.

Pues bien, una investigación por Internet te mostrará que esa foto es de una institución correccional de un estado del país y que no tiene nada que ver con los 43 desaparecidos. Pero la cosa es que con el argumento de que quieren censurar dicha publicación, no falta quien la copie o replique en su muro “por no dejar”, aunque no investigue nada.

Otra más es el video de un supuesto “ángel”, el cual es filmado por una cámara de seguridad que está puesta en un crucero. De pronto viene un camión que va a atropellar a alguien y algo pasa, aparece un brillo y de repente el que iba a ser atropellado está a salvo y un personaje habla con él, quién sabe que le dice y se va, como si fuese un héroe anónimo.

Para hacer el video más realista, se presenta éste con su código de tiempo, como si de verdad se tratara de una grabación en una calle. Pero si se investiga un poquito, rápidamente se sabrá la verdad: no hay tal ángel. Es el anuncio de una serie de TV oriental.

Y si vamos al correo electrónico, diario recibo spam con mensajes de gente que me dice que me manda un archivo adjunto que le pedí. Ni les pedí nada y el adjunto es un virus, un troyano, las dos cosas inclusive. En serio, ¿en qué está pensando la gente?

Me remitiré al pasado: antes, publicar en un medio significaba pasar un un catálogo de personas que veían si lo publicable valía la pena. Si era una noticia espectacular, se tenían que dar las fuentes, es decir, había que hacer una investigación mínimamente seria porque en el publicar estaba en juego un poco la seriedad de quien publicaba.

Pero ya esos tiempos pasaron y ahora, lamentablemente, hay que lidiar con mucha información valiosa, escondida muchas veces en información que es poco confiable, que busca ver si te sacan dinero o alguna clase de ventaja.

Y como en Internet podemos ser relativamente anónimos, entonces somos capaces de muchas cosas que en la vida normal no haríamos. La vida virtual da para eso y más, pero para mí, es una desgracia que seamos tan poco inteligentes y de verdad abusemos de estos servicios que antes fueron un sueño para pasadas generaciones.

Así las cosas.