Friday, April 28, 2006

cumpleaños de Margot

Una pequeña nota por el momento: Mi hermana consentida cumple años hoy. Acabo de hablar por teléfono con ella (vive en Vancouver), y ya Mauricio le había llenado de presentes y "goodies". Por lo pronto le mando este pastelillo que hallé en Internet, el cual le compraré para zampárnoslo ahora que la vea en vivo y en directo. ¡Muchas felicidades, Margo!

Thursday, April 27, 2006

La Talacha Clandestina (segunda parte)

Ayer en la noche hubo una reunión en casa de Fernanda Tapia y mi hermano. Se trataba de grabar el siguiente capítulo de La Talacha Clandestina, sin censura de ningún tipo. Pedro me avisó temprano en la mañana y le pregunté si estaría Paola Rojas. me dijo que sí y por ende, me apunté de inmediato.

Después de mis clases me lancé a dicho evento y aunque había mucha gente, Paola no llego... Aghhhh! Como sea, estuvo bueno, aunque como siempre caótico. Esta idea, que puede escucharse por Internet (bájese de la página de Fernanda Tapia), no es mala per se, pero se necesita más planeación, decidir cuántos invitados van a hablar, etc. Porque sino, se vuelve un auténtico relajo interminable. Como sea, he aquí una foto de dicha reunión, para que se den una idea de cómo son estas cosas. Al final hubo una buena cena de baguettes y carnes frías, asunto que todo el mundo agradeció, amén de los pasteles por los cumpleaños del Dr. Bolavsky y mío propio.

Wednesday, April 26, 2006

Redundancia absurda

Cuando prendo mi computadora entra el "flamante" Windows XP. La pantalla que muestra que Windows se está cargando (asumo que está haciendo el bootstrap), nos enseña tres letreros que dicen: Microsoft (C) Windows XP (en el centro de la pantalla), Copyright (C) Microsoft Corporation a la izquierda de la misma (en la parte inferior) y por último, de nuevo aparece Microsoft, también en la parte inferior, pero a la derecha de la pantalla. Pienso que esta redundancia es absurda. Es claro que se trata de un producto de Microsoft, ¿verdad? No sé si es un argumento mercadológico para que el usuario se grabe la marca de tanto ponerla en la pantalla. Pero ya que hablamos de mercadotecnia, ¿por qué en lugar de restregarnos el Microsoft hasta el hartazgo cuando la máquina enciende, no sería mejor que el software costara menos si pusieran por ejemplo, al arrancar, una ventana con algún anuncio pagado? Es decir, imaginen que cuando prenden su computadora no aparece la imagen que ilustra este artículo, sino -digamos- una imagen de Coca-Cola. Por el hecho de tener que aguantar estos segundos con el logo de la refresquera, quizás el software podría costar menos que lo que cuesta. Podría Microsoft hacer varias versiones, una original y otra con anuncios (pero más barata), que apareciesen solamente al arrancar el sistema. Así, el usuario final podría decidir cuál comprar. Finalmente las dos versiones funcionarían igual y a cambio de soportar un logo inicial de un producto X ó Y, podríamos abaratar el costo del software. Hoy día, así como están las cosas, nos tenemos que aguantar el letrero original que pone la empresa de Gates de cualquier manera.

Sunday, April 23, 2006

Regalo de cumpleaños...

Mi hermano Jonás me acaba de dar un hiper regalo de cumpleaños (el cual es precisamente el día de hoy). Me dejó en mi computadora un monitor plano de 19 pulgadas reales... Wow, realmente es un regalo fastuoso. En estos momentos estoy ya escribiendo este artículo con el monitor ya instalado. Es increíble la diferencia que hace con respecto al monitor anterior, el cual ya estaba fallando, pues por momentos uno de los colores primarios se apagaba y se veía totalmente rosado...

Saturday, April 22, 2006

Taxímetro para programadores


(Por publicarse la semana que viene en www.proceso.com.mx)


Siempre he considerado que el haber estudiado en la UNAM me convierte en privilegiado. Nuestra Máxima Casa de Estudios, como se le suele llamar, sin duda es una de las mejores universidades de Latinoamérica. Considerando que además, su costo es gratuito para todo fin práctico, la UNAM es sin duda un bastión muy importante en el desarrollo de este país. Yo estudié física y creo que el haber ingresado a esa carrera fue uno de los pocos pero grandes aciertos de mi vida. En la Facultad de Ciencias de la UNAM se aprende de verdad. Desde la mecánica clásica hasta la cuántica, desde álgebra superior hasta funciones especiales y transformadas integrales. La realidad es que el plan de estudios que me tocó llevar es completísimo y sin duda difícil y árido. Sin embargo, con los años de estudio uno se da cuenta que tampoco es inescrutable. Se estudia, se aprende y se puede egresar con una preparación que no le pide nada a ninguna otra en cualquier parte del mundo. De hecho, el plan de estudios de la carrera de física era, al menos cuando estudié, el mismo de la Universidad de Princeton, EEUU, en donde terminara trabajando Einstein, si mal no recuerdo.

En lo que sí palidece la educación de la UNAM, particularmente en ciencias, es en que no existen asignaturas en donde se nos enseñe a valorar lo que sabemos (y que hemos aprendido) y que cuando salgamos al mundo real, podamos justificar de manera que nos paguen de manera justa por nuestro trabajo. Uno egresa y cuando enfrenta el mundo laboral, encuentra que todo parece indicar que según el sapo es la pedrada. Por ejemplo, yo que dedico mis afanes a esto de la programación de computadoras, en muchísimas ocasiones no tengo la mínima idea de cómo debe cobrarse un proyecto de programación. Me piden muchas veces bases de datos, programas contables, rutinas específicas para incorporar a otros programas, páginas web, etc. ¿Cuánto vale hacer una página web o una base de datos relacional? Siempre es complicado decidirlo para así poder cotizar nuestro potencial trabajo.

En los trabajos de oficina, cuando alguien está laborando, el tiempo del trabajo se mide normalmente en horas. En el caso de los programadores resulta más difícil medirlo, porque muchas veces se nos ocurre una idea brillante en medio de la noche, o bien, cuando vamos de regreso a casa. En mi caso al menos, mis esfuerzos en la programación no son de una constancia de por ejemplo, 8 horas diarias. En lugar de esto, me siento por un par de horas, resuelvo algunas cuestiones, paso a hacer otra cosa, quizás platico con alguien en Messenger o bien, entro a Internet a buscar información sobre algún tema no resuelto de la programación en la que estoy inmerso. Y cuando escribo código, cuántas veces me equivoco y tengo que borrar decenas de líneas que a la postre resultaron inútiles porque encontré con el tiempo una solución simple y trivial.

Debido a esta problemática, se me ocurrió crear un pequeño programa que cuente cuántos teclazos doy en una sesión de programación. De esta manera, cuando escribo un programa, cuando entro a una página web buscando información, cuando me equivoco y doy cientos de teclazos borrando cosas inservibles, en todos estos casos, estoy utilizando mi tiempo efectivo de trabajo. Al finalizar la sesión, mi programa me indica cuántas teclas oprimí en dicha sesión. Entonces puedo ponerle precio a mi trabajo, ¡incluso por tecla oprimida! Y entonces, oprimo el botón “Calcular” y como resultado sabré cuánto dinero, potencialmente, implica una sesión de programación en la computadora.

Lo interesante del software del “taxímetro programático” es que utiliza algunas características de Windows que permiten monitorear los teclazos que se dan, independientemente de la aplicación en la que uno se encuentre trabajando. El sistema mide la actividad del teclado. A quien le interese este esquema “tipo taxímetro”, escríbame a morsa@la-morsa.com y a vuelta de correo electrónico recibirá el software de manera totalmente gratuita.

Saturday, April 08, 2006

¿Quieres ser John Malcovich?

Hace unos días apenas, vi de nuevo, en la televisión, la película "¿Quieres ser John Malcovich? (Being John Malcovich [1999]), en donde gracias a un portal, que nace en el piso 7 y medio de un edificio de oficinas, la gente puede entrar en el cuerpo de Johnn Malcovich por 15 minutos y vivir esa extraordinaria experiencia. El filme es muy divertido y vale la pena verlo. En mi opinión es una historia original y en la escala morsa que va del 0 al 10, donde 0 es el mínimo y 10 es el máximo, tiene 8.8 de calificación.

Pero todo esto es ficción, aunque la vida real, de nuevo, la supera de manera considerable. Por ejemplo, resulta que desde que hay "democracia" en este país poco menos que bananero, en lugar de que unos pocos sean reconocidos como candidatos a un puesto público por dedazo, ahora se hace por votaciones internas de cada partido. La base de la burocracia partidista ha crecido y desde luego, más de uno habrá visto como un estupendo negocio esto de ser político y tener un asiento en la cámara alta o baja de este país.

Los sueldos que se otorgan nuestros diputados son fabulosos y el trabajo que realizan va desde lo más estúpido a lo más irrelevante. Por ejemplo, ahora andan votando una iniciativa de ley en donde la educación sexual debe darse desde el kínder. Vaya, como si eso fuese a ser un cambio radical en lo que se refiere a la educación en este país. Por supuesto que quienes han hecho la propuesta de ley se sienten maravillados por lo geniales que son, aunque todo el mundo sepa que su propuesta es una sarta de idioteces.

Por lo pronto, puede verse en las calles de la ciudad de México (al menos), montones de letreros pegados en postes, paredes y cualquier lugar que sea susceptible de convertirse en proselitismo político, con los nombres -y en muchas ocasiones- de las fotos de sonrientes candidatos a diputados, senadores, asambleístas, jefes delegacionales, etc. Todos tienen propuestas como "por una ciudad segura", "mi compromiso es con la gente", "para vivir mejor todos", etc. las cuales no resisten el más mínimo análisis, pero que sin embargo, dichos candidatos deben creer que son propuestas por demás extraordinarias. Es la manera mexicana de llegar a ser famoso, de llegar a ser John Malcovich ¿o no?