
He aquí mi artículo, que se publicó este viernes pasado en la
página de dicha revista:
La ciencia y el proceso electoral
Manuel López MicheloneLa elección federal del 2 de julio es sin duda uno de esos acontecimientos que debemos considerar seriamente. En muchos años no había habido una elección para presidente de la república que fuese tan, pero tan competida. Durante los meses anteriores a dicho proceso, las encuestas dieron puntos porcentuales a favor de uno u otro candidato (PAN y PRD). El PRI, por su parte, simplemente no pintó y su institucional candidato finalizó tercero sin pena ni gloria.
Al terminar las elecciones, para muchos fue evidente que el conteo que hizo el PREP parecía amañado, particularmente por el candidato que iba perdiendo (López Obrador). A las 24 horas de dicho conteo, se halló que Felipe Calderón tenía una ventaja de 0.5 puntos porcentuales sobre su acérrimo rival. Así, aparentemente el candidato panista habría ganado la elección. Desde luego que el PREP no da el conteo final, así que no se podía anticipar aún nada. En los días siguientes, el conteo completo insistió en que Calderón mantenía su medio punto porcentual e incluso el IFE, ilegalmente, daba ganador de facto al candidato del PAN. López Obrador entonces empezó una campaña para que se recontara toda la elección: voto por voto y casilla por casilla, fue y sigue siendo supuestamente el lema que ampara todo el movimiento. El PRD impugnó alrededor de 70,000 casillas, pero el TRIFE sólo consideró que aproximadamente 11,000 requerían ser recontadas. Aparentemente no cambió significativamente el conteo y AMLO insiste en que deben abrirse y recontarse todas las casillas, porque sino, de acuerdo a su cavilar, el país tendría un presidente sin credibilidad, espúreo.
Con el paso de los días se ve que la insistencia del voto por voto ni siquiera la tomará en cuenta el TRIFE y es probable que Calderón sea el candidato al que se le dé el triunfo. AMLO no ceja en su empeño de indicar que hubo fraude, primero –dijo– cibernético, aunque después corrigió y dijo que fue “a la antigüita”. El candidato perredista descalificó a funcionarios de casilla e incluso, a sus propios representantes en las mismas. Sugirió que algunos de ellos se habrían vendido. Es más, presentó un video con el “embarazo” de una urna, aunque más tarde se aclaró que no existió tal. El funcionario que estaba metiendo los votos en la urna lo hizo porque los votantes se equivocaron de urna cuando emitieron su voto y además, dicho proceso se hizo bajo la vigilancia de los representantes de los partidos políticos en esa casilla.
Así, entre errores del partido reclamante, sugerencias de fraude electoral y de incluso, una elección de estado, AMLO con el PRD mantienen un megaplantón en Reforma y en mi personal opinión, el conflicto tiende a escalarse peligrosamente. A ver qué pasa. En el mientras, me di a la tarea de investigar más acerca de la elección, y encontré un estupendo estudio del Dr. Miguel de Icaza-Herrera, de Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada, de la UNAM, situado en Querétaro, en donde hace un análisis muy interesante, sobre la elección del 2 de julio. El estudio de 16 páginas puede hallarse en
http://www.fata.unam.mx/icaza/ffrau2.pdf y se titula: “Fraude Acromático en las elecciones del 2 de julio de 2006”. El autor le llama “acromático” a su trabajo, porque no tiene relación con ninguno de los cinco candidatos. Lo que hace es analizar los datos del IFE y encuentra inconsistencias por demás notables. Algunos resultados presentados en la elección resultan, en opinión del doctor en física, imposibles. Lo que me parece muy importante en todo caso es que el rigor de la ciencia se ve claramente en este trabajo e incluso, el mismo Dr. De Icaza, en las conclusiones de su estudio, analiza los puntos débiles de su propio trabajo.
¿Cuáles son esos resultados que De Icaza considera imposible? El análisis habla de la participación de votantes en multitud de casillas. Si votó el 58.5 % de los ciudadanos, a nivel estadístico, se puede saber fácilmente la participación ciudadana por casilla. Fíjense en este dato notable: Si se grafica el porcentaje de participación en las 130000 casillas, muchos resultados corresponden al valor cercano a 50%. Sin embargo, se encontró que el porcentaje de participación tomó en muchos casos valores superiores al 100%. Esto simplemente significa, como anota De Icaza, que hay más votos que boletas en la lista nominal. Hay incluso casillas que rebasan la línea del 100%. ¡Existe una casilla que rebasa el 250% de participación!
Ahora bien, estadísticamente el investigador de la UNAM encuentra que es imposible que en una casilla con más de 27 nombres en su lista nominal, todos, absolutamente todos, se presenten a votar. Si ya es imposible que todos voten, es incluso más improbable (me parece que se evidencia un tono de sarcasmo de parte de De Icaza), que vote un número mayor al de la lista nominal. Se encuentra con los propios datos del FE, que esto sucedió muchas veces el 2 de julio. Para ejemplificar el problema, al Dr. De Icaza se le ocurre una simpática analogía: Hay un poco más de 71 millones de nombres en el padrón electoral. Se contaron casi 42 millones de votantes. Imaginemos una bolsa con canicas blancas y negras, que representan aquellos que votaron y los que no lo hicieron, respectivamente. Así, en esa bolsa hay 41791322 canicas blancas y el resto de color negro. Si las canicas son del mismo peso y consistencia, y si empezamos a sacar canicas al azar, ¿cuál es la probabilidad de que se saquen 750 canicas blancas? Es decir, el total de votantes de una casilla. De acuerdo al físico De Icaza, el valor es 0.59 a la potencia 750. Este número es muy pequeñito.
Para hacer el asunto más realista, consideremos que si la lista nominal tiene 27 nombres, la probabilidad de que voten los 27 ya es inferior a un diez millonésimo. Sin embargo, el estudio demuestra que esto ocurrió muchas veces. Dice entonces De Icaza: ¿es alguna mano divina? ¿Son errores cometidos por los funcionarios entrenados por el IFE?
La lectura del trabajo de De Icaza es fascinante. El investigador presenta argumentos, apela a teoremas matemáticos y a los de la estadística, para probar que francamente muchos datos que el IFE ha entregado contienen inconsistencias matemáticamente imposibles de explicar. La idea de fraude electoral tiene más sentido viniendo de un estudio serio, medido, con el rigor de quien se dedica a la ciencia que simplemente indicando que el fraude se hizo a la antigüita o bien, mediante un algoritmo cibernético. La realidad es que el IFE está en un serio predicamento. No parece poder demostrar la transparencia que tanto pregona en sus anuncios en los medios. Y esto es lamentable, porque una de lasa instituciones que debiesen ser más transparentes es precisamente ésta. Pero no diré más. Ahí están los datos, ahí están los análisis serios de De Icaza. Saque usted sus propias conclusiones.