Tuesday, April 24, 2007

El limbo desaparece... o cómo la religión sigue perdiendo guerras

Leo la siguiente noticia en La Jornada...

Decide el Vaticano abolir el limbo

Desde el siglo XIII formó parte de la tradición católica; al paraíso, niños no bautizados

Washington/Vaticano, 20 de abril. El Vaticano ha decidido abolir el concepto del limbo, el lugar en el que según la tradición cristiana quedaban en eterna espera de la comunión con Dios los niños que mueren sin bautismo, por reflejar una "visión excesivamente restrictiva de la salvación".

La Comisión Teológica Internacional, dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicó hoy con autorización del Papa Benedicto XVI un documento con las conclusiones de tres años de estudio sobre la cuestión del limbo, según informó la agencia noticiosa católica estadunidense Catholic News Service (CNS).

La Iglesia mantiene la doctrina de que debido al pecado original es el bautismo la vía normal para la salvación. Pero el conocimiento teológico actual permite afirmar que Dios en su misericordia "quiere la salvación de todos los seres humanos", señala la Comisión Teológica.

La gracia está sobre el pecado, asegura, y la exclusión del cielo de bebés inocentes no refleja el amor de Cristo por los más pequeños. "Nuestra conclusión es que la gran cantidad de factores que hemos considerado nos otorgan serios fundamentos teológicos y litúrgicos para tener la esperanza de que los niños no bautizados que mueren serán salvados y disfrutarán de la visión divina", destaca el documento de 41 páginas titulado La esperanza de salvación para niños que mueren sin haber sido bautizados.

La comisión subrayó que consideraba el tema una cuestión pastoral urgente por la gran cantidad de niños nacidos de padres católicos no practicantes y porque muchos otros son víctimas del aborto antes de nacer, reportó CNS. El limbo nunca fue definido como parte del dogma de la Iglesia, pero desde el siglo XIII formó parte de la tradición, cuando los teólogos afirmaron que los niños muertos sin haber sido bautizados no accedían a la visión de Dios, pero tampoco sufrían porque no tenían conciencia de lo que habían sido privados, refutando así la enseñanza de San Agustín, de que se veían irremediablemente condenados al infierno.

En 1970 se había instaurado en la Iglesia católica un rito fúnebre para niños muertos sin bautizar que los padres habían intentado llevar al bautismo. La Comisión Teológica Internacional, de 30 miembros, actúa como asesora del Vaticano y en particular de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Sus pronunciamientos no son considerados estrictamente parte de la enseñanza de la Iglesia, pero a veces son tomados en cuenta por el Vaticano. El actual presidente de la Comisión es el cardenal estadunidense William J. Levada, quien analizó las conclusiones sobre el limbo con el Papa en enero pasado. Cuando la comisión inició la investigación sobre el limbo, era presidida por el entonces cardenal Joseph Ratzinger.

Me queda claro que la Iglesia palidece como institución. Vaya, decidir por decreto que el limbo no existe es sin duda un recurso para evitar la poca credibilidad que le queda en muchos sentidos a la religión católica. Los miles de años de poder que la Iglesia ha tenido, enfrentan problemas graves: más posibilidades y acceso de la gente al conocimiento. Una disminución de la fe porque los misterios no son como antes. Se sabe más, hay más ciencia, hay más explicaciones, es más difícil convencer a la gente que crea algunos absurdos que la Iglesia ha dado como axiomas y que bien que mal, son puestos en tela de juicio cada vez más fácilmente. Por ejemplo, la sábana santa por siglos se mantuvo como un elemento real. En esa sábana se cubrió el cuerpo de Jesús ¿verdad? Pues ahora sabemos que no es así, es falsa. Las pruebas para determinar su antigüedad fallaron. Entonces ¿qué hacer? Muy fácil: vuélvase acto de fe.

Pasa lo mismo con la santificación. Vaya, México tiene un santo: Juan Diego, personaje del cual aún se duda de su existencia real. ¿Por qué tanto interés de la Iglesia en promover al ahora San Juan Diego a la santidad? Porque están perdiendo fuerza, poder. Entonces el Vaticano ve con buenos ojos a su nuevo nicho: latinoamérica.Hagámosle un santo, mqantengámoslos felices con estas cosas... ¿O acaso Juan Pablo II venía a América con tanta frecuencia porque somos muy buenas personas? La realidad es que la cantidad de dinero que se genera en México para la Iglesia católica es enorme. No es de a gratis. Es muy simple: Viene el Papa porque no quiere dejar a uno de sus clientes consentidos. Juan Pablo II dijo dos grandes frases: "México... ¡Siempre fiel!" y "yo soy también mexicano" (esta última no la conozco literal, pero ésta es la idea).

Ya para terminar, me pregunto: ¿cómo se inicia una investigación sobre el limbo? ¿a quién se recurre? El método científico no sirve, pues como bien me dijo una vez un sacerdote del Opus Dei: "Dios no está sujeto a las investigaciones de la ciencia". Me acuerdo que mientras me lo decía hacía un mohín como de "mira a este pobre imbécil que no entiende que Dios no se puede estudiar con su ridículo método científico", aunque claro, esta observación sobre los gestos de dicho prelado son subjetivas. Así, para hacer una "investigación sobre el limbo", habrá que ver en documentos pasados, en lo que se dijo antes. Y finalmente, todo lo que se diga al respecto es mera especulación, pues ¿alguien ha estado en el limbo? (conozco a algunos, pero no hablamos de ese limbo, así que esos no cuentan).

Por eso creo que la Iglesia seguirá perdiendo las diferentes guerras ideológicas. Porque no se puede mantener una estructura de poder, como la han mantenido, si no empiezan a buscar algunos cambios, a acercarse a las necesidades que las sociedades modernas tienen. Pueden estar en contra del control natal, de los condones, del aborto, de lo que se les antoje. Las sociedades modernas no tienen los frenos de los siglos pasados y en cierta medida, las actitudes que ahora vivimos nos demuestran que las sociedades están vivas, cambiantes, dinámicas, algo así como lo que pasa con los lenguajes, que cambian, que se acomodan a nuevas situaciones. La Iglesia católica no demuestra ninguna posibilidad al cambio y por ello pierde fuerza contínuamente.

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