Friday, December 07, 2007

Mi artículo de Proceso sobre música y piratería

Música por Internet y piratería

manuel lópez michelone

México, D.F., 6 de diciembre (apro).- La piratería de software es un mal enraizado en muchos países, incluso, los del primer mundo. La realidad es que nadie quiere comprar una computadora que le cuesta unos 800 dólares, aproximadamente, para después tener que pagar otros 500 en programas y poderla usar. Al contrario de lo que cuesta, por ejemplo, un automóvil, la gasolina, que sirve finalmente para moverlo, es una parte pequeña contra el costo del vehículo. En cambio, en el cómputo, hay programas que incluso exceden muchas veces el costo del hardware.

Leo en una noticia que el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual (IMPI) ha empezado un operativo de inspección de establecimientos comerciales, principalmente “cibercafés”, para detener el robo de música. De acuerdo con el organismo, 34 millones de canciones se bajan cada semana en México de manera ilegal, a través de Internet. La cifra suena espeluznante sin duda pero, como siempre, la gente del IMPI y otras agencias dedicadas a contrarrestar el pirateo de canciones, sólo ven una parte de la moneda, la que a sus intereses convienen, y jamás observan el otro lado de la misma, donde la mayoría de los internautas están,

En primera instancia, los proveedores de Internet, empezando por Prodigy/Infinitum, en sus respectivas propagandas anuncian que, al contratar sus servicios, uno podrá bajar música. Claro que no dicen que ésta sea una práctica ilegal y, a lo mejor, quien diseñó el anuncio está pensando en los sitios comerciales donde se vende música, asumiendo que, los que usen estos servicios de conexión a la red, bien pagarán por las “rolas” que quieran tener en sus iPods.

La realidad, seguro lo saben los creativos de los anuncios de Telmex/Infinitum, es que ¿por qué la gente va a pagar por algo que puede recibir gratuitamente? De hecho, el compartir música es parte del compartir con quienes queremos lo que nos gusta. Antes de mp3 y tanta tecnología, la gente copiaba en casetes de audio sus discos entre sus amigos, ¿o no? ¿Acaso esto volvió pobres a las casas productoras? No. Lo que pasa ahora es que con mayor gente con acceso a la tecnología y eso aunado a la cantidad de dispositivos económicos para escuchar música en formato mp3, resulta que es probable que las ganancias de las disqueras hayan disminuido y eso nadie quiere, ¿no es así?

Pero vayamos a la raíz de problema: Los cedés de cualquier artista oscilan entre 100 y 250 pesos. Vaya, habrá mucha piratería, pero sale el disco de Luis Miguel y el primer día VENDE (así con mayúsculas), 100 mil copias, y ahí nadie dice nada. Claro, como hay piratería, probablemente la empresa disquera deja de vender otras 100 mil copias, dirán, pero la realidad es que eso es mera especulación. Es evidente que nadie quiere dejar de ganar lo que antes ganaba, pero las circunstancias en el mundo han cambiado notablemente.

Hay otros factores: por ejemplo, hay un “rola” que se pone de moda y la gente la quiere. ¿A poco hay que comprar un disco que contiene 10 ó 12 canciones cuando sólo queremos una? ¿Por qué, si necesito una pila tengo que comprar una cajita que trae cuatro? La industria disquera quiere vivir en su glorioso pasado, pero éste, desafortunadamente para ellos, ya se fue y, en mi opinión, bien harían dichas compañías a buscar una nueva manera de vender, a precios que sean competitivos, y no como hicieron por muchos años, sacando ganancias millonarias.

Algo más: nunca las disqueras dicen, ni quieren siquiera mencionarlo, que cuando una pieza musical se comparte entre muchos usuarios, el artista “pirateado” recibe una promoción que ninguna compañía disquera podría pagar. Se trata aquí de que las disqueras son las víctimas y los internautas los victimarios. Yo dudo muchísimo que sea así.

La solución es simple: nadie –por más decente que sea– pagará un extra si puede conseguir el mismo bien por un precio más económico. Eso se da en todos los ambientes e industrias. Vaya, el Sr. Víctor González Torres, de hecho, tiene un emporio millonario con sus medicinas similares: “lo mismo pero más barato” y hasta se ostenta como el Hugh Hefner totonaca. Pero eso es otro tema.

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