Thursday, July 24, 2008

Un artículo aparecido en la última versión online de la revista Proceso. Que cada quien saque sus conclusiones:


Consulta inútil

Carlos Acosta Córdova

Agencia Proceso

México, D.F., 17 de julio (apro).- El 29 de mayo pasado, el jefe de gobierno capitalino, Marcelo Ebrard, durante su participación en el sexto foro senatorial sobre la reforma energética, concretó el anuncio que había formulado ocho días antes: que el gobierno del Distrito Federal organizaría una consulta pública para que fueran los ciudadanos los que decidieran qué hacer con la reforma petrolera propuesta por el gobierno federal, pues –dijo-- lo que está en juego es el principal activo del país y de los mexicanos y la decisión que debe tomarse es de tal envergadura que no puede dejarse en manos de unos cuántos. Mucho menos de los panistas –también dijo--, que en ocho años han hecho la peor administración de Pemex en la historia.

Pasaron 48 días, 14 foros más y cientos de horas de discusión y debates, lo mismo en el Senado que en universidades y en sedes de organizaciones sociales, más cientos de horas, también, de transmisión en radio y televisión y toneladas de papel y “ríos de tinta” –dirían los clásicos-- que se han ocupado del tema petrolero… para que un iluminado “grupo técnico” conformado por representantes del gobierno capitalino, del instituto electoral local y “expertos” de la UNAM y la UAM, salieran con una verdadera batea de babas.

Sí, dos preguntas pésimas –por engañosas, insuficientes, sesgadas, limitadas, mentirosas--, de vergüenza, mal redactadas, que atropellan el prestigio de esas dos instituciones académicas –que infantilmente se dejaron utilizar-- y que lo único que hacen es confirmar que la consulta no tiene más propósito que justificar la movilización callejera que López Obrador decidió, desde marzo pasado, para frenar una reforma a Pemex que él ha sido incapaz de proponer (nunca ha estado en su interés) y que hábilmente supo esperarla de Felipe Calderón, para tener un asidero no sólo en la política, sino en la vida misma: a dos años de las elecciones de 2006, sin el actual debate petrolero, López Obrador sería un lejano recuerdo, según la psicología de masas más elemental y, aun, nuestra propia experiencia.

Para que terminemos de aprendernos de memoria las sesudas preguntas, la primera dice: “Actualmente la explotación, transporte, distribución, almacenamiento y refinación de los hidrocarburos son actividades exclusivas del gobierno. ¿Está de acuerdo o no está de acuerdo que en esas actividades puedan ahora participar empresas privadas?

La segunda: “En general, ¿está de acuerdo con que se aprueben las iniciativas relativas a la reforma energética que se debaten actualmente en el Congreso de la Unión?

Más allá de lo mal redactada que está la primera pregunta –faltan los artículos a la mayoría de los sustantivos que implican las actividades de la cadena petrolera; y no se está, o no, de acuerdo que, sino de acuerdo con, como bien se escribe en la segunda pregunta--, lo que resalta es el extraordinario esfuerzo que le ha de haber costado a los miembros del “grupo técnico”, las horas de desvelo que debieron haber sufrido, para no hacer la pregunta, tan obvia y tan cara a los opositores a la reforma.

Porque preguntar eso a preguntar “¿Está de acuerdo con la privatización de Pemex?” o “¿Está de acuerdo con que el petróleo sea entregado a las empresas privadas, del país o del extranjero?”, pues es lo mismo. No se ve por ningún lado la cientificidad, la neutralidad, la imparcialidad de una pregunta que invariablemente tendrá como respuesta un NO rotundo, que es a fin de cuentas lo que buscan los promotores de la “consulta”.

La segunda pregunta está igual, o peor. Quien participe en el ejercicio ¿tendrá la opción de decir que “en lo general” no está de acuerdo con la aprobación de las iniciativas, pero “en lo particular” si? Otra vez, el manipulado “grupo técnico” debió quemarse las pestañas, esforzarse al máximo, para lograr que los consultados respondan NO, sin que parezca que se les induce a ello, o al menos eso pretendían.

Mucho se ha dicho y escrito ya sobre las fallas técnicas de las preguntas y del sentido mismo de la consulta; de la ignorancia supina que revelan no sólo respecto de la industria petrolera nacional –la IP participa, desde siempre, en mayor o menor medida, en prácticamente toda la cadena de los hidrocarburos--, sino del contenido de las iniciativas –por lo menos unos 20 temas distintos--, que hace inviable e impráctico –inútil, en pocas palabras-- el ejercicio mismo de la “consulta”. (Siempre tendrá que ir entre comillas el término, en este caso, porque jamás se consulta a alguien para que exprese lo que uno quiere que exprese; eso se llama manipulación).

No tiene caso insistir. Es indefendible la consulta, pues no atiende el fondo de los problemas, la necesidad urgente de hacer cambios en Pemex y en la industria petrolera en general para revertir el alarmante rezago en que se encuentra y enfrentar la peligrosa declinación de los mantos fáciles de explotar. Ante el debate ideológico, la razón siempre topa.

Lo que sí nunca está de más es reclamar el mal uso, el uso con intereses políticos personales, de recursos que salen de los bolsillos de los contribuyentes.

Es decir, para qué tirar el dinero en una “consulta” de la que ya se sabe el resultado. Será como cualquier concentración de López Obrador en el zócalo: al final, el grito será “¡La patria no se vende; la patria se defiende!

Pero al país que se lo lleve el tren. Que se siga rezagando. Y que nuestra democracia siga enana.

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