Monday, September 01, 2008

El Universo de la Impunidad


Del artículo del periódico Reforma

El universo de la impunidad

Jesús Silva-Herzog Márquez

(1 Sep. 08)

Un buen amigo me hacía ver la estampa perfecta de nuestros tiempos. Dos fotografías que dan cuenta del hermético universo de la impunidad. Hace unas semanas, el diario Reforma publicaba una fotografía que cazaba al dirigente del sindicato petrolero con un reloj del valor de una casa. En la muñeca del cacique sindical, el salario de miles de sindicalistas. Bajo la manga se escondía la muestra de una riqueza que no puede explicarse con los ingresos oficiales del sindicato. La fotografía se publicó y generó la esperada estela de indignaciones enérgicas, inútiles y fugaces. Nada pasó, por supuesto. Algún lector mandó una carta; algún opinador comentó la imagen. Las conversaciones se extinguieron con el aire. Unas semanas después, el mismo dirigente petrolero, cuya fortuna, por cierto, tiene buen éxito con los fotógrafos, era retratado nuevamente. Pero en esta ocasión, el dirigente no era sorprendido con la carísima joya. En esta ocasión, el líder sindical, al descubrir que el fotógrafo se acercaba, se prestó a enseñarle otro reloj con el que podrían comprarse varios coches. El dirigente desplegaba una enorme sonrisa. No pretendía ocultar nada: presumía los oros y diamantes. Lo que primero parecía el develamiento público de una vergüenza, después se convirtió en un orgullo para lucir. Sí, en efecto, tengo esta fortuna, y todos ustedes, que contemplan indignados mis pertenencias, me tienen sin cuidado. Quéjense, escriban, pontifiquen, pronuncien discursos en el Congreso. Escupan demandas en mi contra. Yo seguiré paseando mi fortuna, mientras negocio con ministros, gobernadores y el Presidente.

La impunidad festeja a diario. Celebra que triunfa una y otra vez sobre una vaga y estéril conciencia de lo público. El impune reina al haber descifrado el engranaje de nuestra maquinaria. No hay mejor alumno de nuestras reglas que el impune. Una impecable racionalidad define sus actos. Sabe bien que su apuesta es sensata. En algún sentido, el transgresor es la sensatez: el discípulo aplicado de nuestra escuela real: ésa que, en la calle, en el casa, en el trabajo nos enseña a ubicarnos en el mundo. Las reglas son recomendaciones para tontos; los castigos son fantasmas que sólo atemorizan a los supersticiosos; el poder público, un aliado de negocios. El transgresor sabe bien que las posibilidades del castigo son mínimas y que el miedo colabora con el atropello.

El universo de la impunidad es coherente y atmosférico. La larga cadena de la impunidad conecta todos y cada uno de los eventos de nuestra vida. Desde los más íntimos hasta los más públicos: desde el salón de clase hasta el salón de plenos del Congreso. Desde la protección constitucional a los altos funcionarios hasta el despotismo en los sindicatos. En ese apretado circuito de impunidad, la incongruencia, la rareza es la legalidad. Con enorme facilidad desdeñamos, consentimos, hasta festejamos la pequeña ilegalidad: la privatización de la calle, por ejemplo. La apropiación de los sitios públicos para mercados y puestos comerciales. No nos percatamos, quizá, que la ilegalidad es expansiva. Así sea diminuta y en apariencia trivial, se propaga infecciosamente. Cuando sistemáticamente se toleran ciertas ilegalidades, se invita a su desarrollo en todos los rincones del país. Hay menos de seis grados de separación entre una ilegalidad y cualquier otra. Del comercio ilegal a la venta de drogas, de la venta de drogas al comercio de armas, de la venta de metralletas al narcotráfico, del narcotráfico a la decapitación y al secuestro.

Al marcar los intercambios de nuestro ecosistema, la impunidad se cuela a todos los espacios de la vida social. No empieza en ningún lado porque, como el aire, nos rodea en todas partes. Está en la selva que impera en nuestras calles, en la apropiación de las banquetas que nos impide caminar sin pagar tributo a sus dueños. Está en la escuela donde enseña un maestro que no sabe, está en el plagio intelectual que pasa sin castigo, está en el micrófono abierto a los difamadores. Está en la farsa de una educación que entrega diplomas que nada valen. En las estructuras burocráticas que ningún resultado producen. Está en los delincuentes con fuero convertidos en guías de moralidad pública. La impunidad es nuestro aire. Está sobre todo, en un extendido pacto de complicidad política. El gobernador de Puebla, después de haber sido exhibido públicamente como favorecedor de los peores criminales, dicta cursos en manejo de crisis y se reúne frecuentemente con el presidente de la República.

¿Cómo tomarse en serio el compromiso con la legalidad del gobierno federal cuando no ha habido en la última década ningún miembro destacado de la clase política que haya sido perseguido penalmente? ¿Cómo creer en la apuesta de reconstitución estatal cuando no se ha dado ejemplo en casa? En abril de 1999, el gobernador de Quintana Roo perdió el fuero constitucional. Se iniciaba entonces un enredado proceso penal. Ése fue el último caso en que el Estado mexicano ha logrado proceder en contra de un alto funcionario público. Desde entonces, ningún gobernador, ningún ministro, ningún alcalde ha sido acusado formalmente. ¿Se explica eso por los escrúpulos de la clase política o por su complicidad?

Las marchas contra la inseguridad piden seriedad a la lucha contra la ilegalidad. No se necesita una larguísima lista de compromisos, sino un juramento explícito de combate a la impunidad, esté donde esté. Y eso implica, en primer lugar, tocar aliados electorales del partido gobernante e intereses poderosos del antiguo partido hegemónico. Implica también combatir la ilegalidad en apariencia superficial y la ilegalidad monstruosa. No encuentro ninguna señal para pensar que la clase política se toma en serio la crisis que vivimos.

3 comments:

yo said...

¿Habrá algún abogado o equipo de abogados que nos puedan asesorar para poner la denuncia perfectamente bien motivada y fundamentada en contra del rata petrolero ese que alardea a los 4 vientos su riqueza mal habida?

Gonzalo said...

La "Ironia" que existe en nuestro pais, nunca ha sido invisible, si no tiene una cara adornada de burla y de vanidad. No deberia de ser tan duro solo con los politicos mexicanos. Bush ha salido en varias noticias ultimamente bailando y haciendo chistes tontos cuando ha sido el presidente de los E.U.A que ha traido a ese pais en una crisis economica, que hasta los propios americanos estan perdiendo la fe en su pais. De que se reira? de que bailara? Ha de ser de los cambios al seguro medico que dio a todos los americanos, ha de ser de la paz que reino durante todo su govierno, ha de ser de las armas de destrucion masiva que encontro.

Cuales son las alternativas para una solucion que se pueda llevar acabo?

Creo que nadie la tiene, esta ironia no es joven ha existido y existira siempre y cuando existan hambrienta de poder.

BrAnD_NeW said...

Hola, felicidades por este espacio, los artículos son muy buenos y se ve que te esfuerzas mucho. Un saludo