Sunday, September 14, 2008

Vigilando la productividad

Si meditamos un poco, veremos que la computadora se ha adueñado de muchísimos espacios cotidianos. Se les encuentra en las casas particulares, en el cuarto de los hijos, en las oficinas, tanto privadas como gubernamentales. En muchos sentidos la pantalla (el monitor) y el CPU (la computadora), ya son tan comunes como el teléfono. Se les ve en todas partes. Igualmente, si nos adentramos más en este fenómeno, veremos que la mayoría de los equipos de cómputo casero hacen las labores clásicas de editar textos, consultar bases de datos, hacer cálculos por demás complejos usando una hoja electrónica (como Excel) o bien, realizando presentaciones multimedia, a través de los múltiples paquetes que para esto existen.

Sin embargo, hay un programa más que cada vez se hace más presente en todos los ámbitos: el mensajero electrónico instantáneo, es decir, el programa que permite comunicarnos con otros usuarios de computadoras a través de Internet y que, sin nos descuidamos, nos puede quitar muchas horas laborables en simpáticas pláticas. Y no es que tenga algo de malo comunicarse con otros usuarios a través de la gran red, sino que el problema es que muchas veces nos quitan tiempo valioso para nuestras labores académicas o de trabajo. Es cierto que hay equipos de personas que tienen que comunicarse entre ellos por diferentes razones laborables y el mensajero es una estupenda solución. La dificultad comienza cuando se exagera el uso de esta herramienta y entonces nuestra jornada de trabajo, aunque sigue siendo de 8 horas, se reduce, gracias a las pláticas por la red, en 6 o menos.


Debido a esta problemática, un buen amigo me sugirió escribir un programa para llevar el control de este fenómeno. Sonaba realmente como reto interesante y puse manos a la obra. Hallé que Windows tiene una gran biblioteca de funciones (llamada API por aquello de Application Programming Interface), la cual permite tener acceso a un buen número de funciones que normalmente los programadores de aplicaciones comunes y corrientes no necesitan. Encontré entonces que gracias al API, y usando Delphi como herramienta de programación, se puede escribir una rutina que revise qué aplicaciones están siendo ejecutadas y además, cuál es la aplicación activa. De esta manera, el primer paso estaba realizado. Yo ya podía saber cuando alguien entraba a platicar en el mensajero instantáneo de Microsoft (ms Messenger). Acto seguido, le incorporé unos cronómetros internos para medir el tiempo que el sistema pasa en cada aplicación activa. En los sistemas multitareas como Windows, se pueden tener varias aplicaciones (programas) abiertos, aunque uno solo es el que está activo en la máquina.

Así, escribí el código necesario para que cuando un usuario entre a platicar con alguno de sus contactos, entonces el cronómetro empiece a marcar el tiempo. Si el usuario se sale de esa plática y se pone a usar otra aplicación como Excel, Word, Powerpoint o Photoshop, entonces el sistema medirá el tiempo que utiliza cada una de esas aplicaciones. Si regresa a una plática, el software entonces regresa al cronómetro del Messenger y sigue sumando segundos. Al final del día, a una hora determinada, el propio programa puede mandar un correo al administrador de la red, o al jefe, a quien se desee, que indique cuánto tiempo el usuario pasó en cada aplicación.

Sí, sé que es un programa espantosamente fascista, pero el reto técnico me animó a hacerlo, además de pretender con esto minimizar el tiempo perdido con todas estas pláticas inútiles pero divertidas. Pensemos que actualmente nadie en una oficina podría hablar por horas en su tiempo laboral, para platicar con sus amigos y familiares. Con la red es posible regresar a esta práctica y la verdad es que los empleadores, en algún momento, tendrán razón para amonestar a quienes abusen de la mensajería instantánea por Internet.

El software está diseñado para empresas y por ende tiene un costo simbólico. A quién le interese, escríbame a morsa@la-morsa.com

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