Tuesday, August 03, 2010

Trabas para salir del subdesarrollo


Una manera elegante de decirle a los países con deficiencias en todos sentidos es llamarles "países del tercer mundo" o "en vías de desarrollo". Pero la realidad es que todo esto no es más que una etiqueta para que sepamos todos que estamos lejos de alcanzar un nivel aceptable como país.

La razón para que todo esto pase es que en México jamás se piensa con un futuro que vaya más allá de los seis años que dura un gobierno federal. Aquí se reinventa el país cada seis años y esto, desde luego, no permite planes de mediano y largo alcance. El nuevo mandatario, el que le sigue al que esté en un momento determinado del tiempo, cambiará todo porque el anterior seguro no sabía cómo hacerlo. Lo curioso es que esta historia se repite hasta la nausea.

Casualmente lo mismo pasa en muchas instituciones. Sale el director de una institución gubernamental y el que le sigue, muchas veces, cambia planes que el anterior tenía en marcha. De hecho, normalmente no solamente cambian los planes y las estrategias, sino que además, cambian a todas las personas. Así es difícil dar seguimiento a los proyectos que muchas veces, mueren por desinterés del nuevo funcionario porque "no es su proyecto", ¿por qué le habría de hacer caso él? Pero por si esto fuera poco, el gobierno de este país se encarga de poner siempre más trabas a los ciudadanos, todo a través de una fiscalización que realmente raya en lo surrealista.

Por ejemplo, si a usted se le ocurre comprar libros en Amazon.com, considerando que desde siempre los libros no pagan impuesto en las aduanas mexicanas, vaya pensando que está equivocado. Resulta que si usted manda pedir unos libros por Internet hasta las puertas de su casa, cuando llegan al correo mexicano, si la factura indica más de 100 dólares en su compra, es probable que tenga que pagar impuestos por este paquete de libros. Si usted se apersona en la oficina de correos a reclamar, le dirán que lo que le enviaron califica como "materiales de oficina" y por ende, hay que pagar impuestos.

El punto es que -casi podría apostarlo- alguien de Hacienda fue a una oficina de correos y vio muchas cajas de Amazon.com para ser repartidas y entonces se le ocurrió la brillante idea: cobrémosle impuestos a todos estos personajes que gastan su dinero en libros. "Pero.... los libros están exentos de impuestos, señor", podríamos decirle al ingenioso funcionario, a lo cual contestará: "los libros son material de oficina ¡que paguen impuestos, qué se creen ustedes!"

Al final del día, la cuestión es que esto es una enorme traba para salir del tercer mundo. Vale más cobrar impuestos por los libros que pretender ayudar a que este país mejore intelectualmente haciendo real la exención de impuestos a los libros que además, legalmente existe. No importa si son 100 o 1000 dólares. La información nos puede ayudar a salir de esta miseria intelectual, en la que en general tenemos limitaciones de recursos.

Y si a todo esto le añadimos que el mexicano en promedio lee menos de tres libros por año, entonces nos encontramos en un problema de difícil solución, el cual no se podrá resolver con este tipo de medidas para que quienes leen, tengan que pagar precisamente más por informarse, por intentar estar a un mejor nivel educativo.

En pocas palabras, así no se puede ni se podrá salir de este tercermundismo agobiante.

Si queremos alguna vez dejar de ser un país en vías de desarrollo, el propio país debe dar las opciones necesarias para que esto pueda darse. Como están las cosas, no veo que haya manera de que cambien para bien.

1 comment:

Francisco said...

Que mal! Yo no sabía de esta sinvergüenzada.
De nada sirve entonces que se establezcan leyes que impulsen el desarrollo si al final van a encontrar alguna manera de darle la vuelta.
Qué pena! Porque además fíjate el mensaje bananero que se está mandando: en este país los libros son artículo de oficina, es decir, en este país la gente no tiene libros en sus casas, para su superación personal o simplemente para su diversión. No, aquí solo hay libros en las oficinas! Qué triste!