Friday, August 19, 2011

Solidaridad conmovedora

Ayer estuve en el velorio de la tía Delia, tía de Pilar. Después de padecer todo género de dificultades de salud, la pobre tía finalmente falleció. En el velatorio llegaron familiares y amigos de ella. Con la tía pude platicar meses antes. Era admirable su buen talante. A pesar de sus males, no se quejaba e incluso fuimos con Pilar alguna vez a tomar un helado a Polanco, con todas las dificultades que tenía para desplazarse.

Así pues, estaba ahí sentado, en el velatorio rumiando mis pensamientos cuando aparecieron dos señoras de la edad de la tía Delia, (alrededor de los setenta y tantos años). Se sentaron silenciosamente y de pronto lloraban un poquitín. Platicaban entre ellas en voz baja. Se consolaban mutuamente. Después me enteré por Pilar que eran amigas de la tía Delia desde la infancia. Y eso me conmovió realmente. Pude hablar con alguna de ellas y me dijo que sí, se conocían y se frecuentaban desde que tenían 13 años.

Yo creo que la tía Delia puede irse alegre y en paz. Si amigos de más de sesenta años de conocerse van solidariamente a su último adiós, creo que la vida en esos términos, ya sólo por eso, valió la pena. Descanse en paz la tía Delia.

2 comments:

Robert Cuadros said...

En verdad, muy conmovedor lo que nos cuenta Maestro Manuel. En verdad que la amistad es una de las cosas más grandes que existen.

Saludos

Robert

Ernest said...

Buen homenaje.

Seguro que si nos preguntan cómo nos gustaría morir la mayoría diríamos: a una edad avanzada, habiendo sido feliz y dejando un buen recuerdo en la gente que me ha conocido y querido. Cumpliendo estos tres parámetros podemos afirmar que una persona ha tenido una vida plena, que es, al fin y al cabo, lo máximo a lo que podemos aspirar.

Un abrazo

Ernest