Tuesday, October 28, 2014

De la hipocresía en las redes sociales


Facebook y Twitter, dos de las redes sociales más usadas en el planeta, están llenas de seres humanos hipócritas, en donde dicen ser defensores de la vida, de sostener los valores que nos enaltecen como raza pero, en realidad, son tan falsos como una moneda de tres pesos (porque sí hay monedas de dos pesos). Vemos, por ejemplo, imágenes de perros abandonados que buscan que alguien los adopte y entiendo el sentimiento, es feo ver a un animal desamparado dependiendo de la posibilidad de que alguien lo cuide en su hogar. El exceso de animales callejeros, particularmente perros y gatos, es un problema que lleva muchos años en la Ciudad de México, por ejemplo.

E igualmente, vemos que se enardecen los ánimos contra los que les gusta la tauromaquia. Debo reconocer que a mí no me hace feliz que a un animal como un toro, con más de 500 kilos de peso, sea vapuleado, disminuído a base de arponazos en su lomo, que le van quitando fuerza, todo para que un personaje vestido de manera extraña, demuestre su hombría, haga una faena y como premio mate al toro y corte orejas y rabo del animal a manera de trofeo. Y sí, a muchos nos parece deleznable esa práctica, pero jamás pensamos en cómo matan a los animales en los rastros. Se supone que son expertos en matar a los animales que nos comemos, sin dolor. Pero la realidad en los rastros mexicanos es atroz. Pero de eso mejor no hablamos, porque es feo. Ahí los derechos de los animales simplemente no existen y tampoco se ven seres humanos defendiéndolos. Vamos, que si vemos un video de cómo matan un animal en un rastro nos alarmaremos, y entonces saldremos con una virulenta andanada de comentarios contra semejante salvajada… que ocurre diariamente y de la cual jamás decimos nada. ¿Y por qué no decimos nada? Porque en el fondo nos comemos a los animales que matamos. Es la ley de la vida. ¿Que le vamos a hacer? Sí, no es deseable que mueran con sufrimiento, pero nos olvidamos de eso cuando nos zampamos un rico filete con papas, ¿verdad?

Y podemos ir más lejos. Podemos reclamar que se usen animales para la investigación de cosméticos. Suena ridículo en algún sentido que les echemos a conejos y ratones toda clase de polvos y líquidos a ver qué les pasa en la piel, pues de esos resultados dependerá la fabricación de algún producto de belleza para las mujeres. Y podremos decir misa y renegar de esta práctica, pero podrá más la vanidad humana antes que la protección de ¿los derechos? de los animales. ¿O no?

Y puedo ir más lejos. Leo el caso de un entomólogo, Piotr Naskrecki, que trabaja para el Museo de Zoología Comparativa de Harvard. Su última expedición lo llevó a la selva de Guyana, donde se encontró con una araña, la Theraphosa blondi, conocida como “araña Goliat”. Sus patas se extienden casi 30 cms. y pesa unos 170 gramos, casi tanto como un cachorro pequeño. Naskrecki tomó un especimen, lo sometió a un proceso de eutanasia y lo preparó para ser preservado y exhibido en un museo de Guyana. Pero fue probablemente la desafortunada metáfora con el cachorro lo que convirtió el blog de Naskrecki en un campo de batalla durante las últimas semanas.

Y los comentarios en su blog siguen llegando, a pesar de que el entomólogo ha explicado una y otra vez lo que hizo y porqué lo hizo. Tal vez fue la comparación con lo del cachorro lo que encendió los ánimos. Los que entran a su blog le piden que no mate animales, sino que haga versiones tridimensionales de ellos. Otros esperan que miembros de la familia del científico deberían ser asesinados y exhibidos en museos, y cosas por el estilo. En otras palabras, se trata de un caso perfecto para ver la dinámica del Internet en acción: un montón de gente preocupada súbitamente, que sólo espera el siguiente escándalo para ejercer el comentarismo virulento e ignorante de siempre, ignorando metodologías de estudio científico, experiencia de campo, e incluso la más elemental gramática.

Y Naskrecki se defiende diciendo: “Matamos miles de organismos sin darnos cuenta. Mira las instalaciones eléctricas y lámparas de tu casa o el radiador de tu auto, llenos de insectos y arañas muertas. Esa autopista por la que vas a trabajar: cada milla equivale a millones de animales y plantas que fueron exterminados durante su construcción (y si vives en un área altamente endémica, como California o Nueva Zelanda, su construcción probablemente contribuyó a llevar a ciertas especies al borde de la extinción). El tofú que comes porque comer carne es asesinato: probablemente viene de Brasil, donde gigantescas plantaciones de soya extendiéndose de un horizonte a otro han reemplazado las selvas y llevado a la desaparición a miles de especies”.

Y el científico concluye: “Es muy sencillo estacionarse en el caso individual de un organismo sometido deliberadamente a eutanasia. Lo hacemos porque es emocionalmente conveniente –es mucho más fácil sentirse superior cuando podemos señalar con el dedo a alguien que lo hace concientemente, incluso por una razón buena, justificable, pero no queremos pensar en esos trillones de animales y plantas que matamos en virtud simplemente de ir a la tienda.”

Ahí está pues ilustrada la hipocresía en la red. Díganme que me equivoco.

5 comments:

Ian J. Seda Irizarry said...

Sólo te faltó subrayar la explotación del "hombre por el hombre" que se dá en el capitalismo en tu lista.

Edgar A.Rivas said...

Interesante análisis, y concuerdo con el científico y contigo, desgraciadamente no solo en México le hacemos a la "mamada" creyéndonos activistas sociales, salvadores de la naturaleza y demás calificativos que nos colgamos basándonos únicamente en la critica a lo que los demás hacen.

José María Leyva Cajeme said...

PARTE I:

De los más despreciables son esa bola de niños bien “activistas” que dizque tienen albergues para animalitos, a los cuales en realidad los matan pero el dinero de las donaciones bien que lo aceptan en nombre de que será para la manutención de los dichos animales, y obvio que se gastan la lana para ellos.

Además se me hace hipocrecía que a esos “activistas” blancos les preocupen los animales pero no los “humanos inferiores” o todos los de razas no caucásicas que por años han sido oprimidos por los blancos, no les importa el destino de los “indios” que viven pobres para que los blancos acá vivan en la opulencia por ejemplo, y esos “hombres inferiores” para los blancos siempre han tenido el mesmo valor de los animales domésticos, según que no merecen otro rol más que el de esclavos; estas ideas sirvieron para legitimar el dominio de los españoles sobre los indianos cuando los hispanos invadieron estas tierras que hoy llaman las Américas, y echó mano de estos conceptos por ejemplo Juan Ginés de Sepúlveda quien encontraba a los “indios” más cercanos al nivel de los monos que al de las hembras siquiera de los “humanos” españoles según recuerdo haber leído que dijo Ginés, qien utilizó las ideas de Aristóteles. Acá una cita de este último sobre el mesmo tenor:

“Cuando es uno inferior a sus semejantes, tanto como lo son el cuerpo respecto del alma y el bruto respecto del hombre, y tal es la condición de todos aquellos en quienes el empleo de las fuerzas corporales es el mejor y único partido que puede sacarse de su ser, se es esclavo por naturaleza. Estos hombres, así como los demás seres de que acabamos de hablar, no pueden hacer cosa mejor que someterse a la autoridad de un señor; porque es esclavo por naturaleza el que puede entregarse a otro; y lo que precisamente le obliga a hacerse de otro, es el no poder llegar a comprender la razón, sino cuando otro se la muestra, pero sin poseerla en sí mismo. Los demás animales no pueden ni aun comprender la razón, y obedecen ciegamente a sus impresiones. Por lo demás, la utilidad de los animales domesticados y la de los esclavos son poco más o menos del mismo género. Unos y otros nos ayudan con el auxilio de sus fuerzas corporales a satisfacer las necesidades de nuestra existencia. La naturaleza misma lo quiere así, puesto que hace los cuerpos de los hombres libres diferentes de los de los esclavos, dando a éstos el vigor necesario para las obras penosas de la sociedad, y haciendo, por lo contrario, a los primeros incapaces de doblar su erguido cuerpo para dedicarse a trabajos duros, y destinándolos solamente a las funciones de la vida civil, repartida para ellos entre las ocupaciones de la guerra y las de la paz”...

José María Leyva Cajeme said...

PARTE II:

...La violencia contra los animales de laboratorio, y contra los de granja es detestable, pero por lo menos estos últimos viven mejor cuando les crían en ranchos, en zonas rurales son muncho más libres que en las granjas de producción industrial donde están hacinados. La violencia contra los animales de granja e contra las llamadas “mascotas” es generalizada, tiene altos porcentajes entre los miserables mexinacos que son en mayor porcentaje de la perrada mestiza e mulata, quizá porque son una panda de frustrados que sólo desquitan sus amarguras con los más débiles, pues si se ponen contra el gobierno y los empresarios, sus opresores, la cosa quizá termine en un 2 de octubre del 68 o una guerra sucia (¿o más recientemente en una masacre como la de Tlatlaya donde dicen que pudieron morir guerrilleros a manos del ejército de Pena Nieto?). Ya hemos visto en casos de violencia de patrones contra empleados, como el del ioudaeus (sefaradim quizá como vsted) Miguel Sacal contra su “gato”, u otro caso de un capataz oriental de una maquiladora contra un empleado, que los subordinados mexinacos hasta se pueden dejar pegar por sus amos sin meter siquiera las manos, son puros lambebotas, pero saliendo de la chamba van y se desquitan con el que pueden, como con un animal, o con una mujer, de hecho los porcentajes de violencia contra animales y mujeres van más o menos a la par entre la mexinacada según leí una vez.

Y los que promueven no comer carne de animales porque no les gusta que mueran, de todos modos comen vegetales que también mueren para servirles de alimento.

E lo más seguro que esos de las “redes sociales” sean unos cuantos “perdedores”, como dicen agora por influencia del inglés, que buscan “reconocimiento” aunque sea en forma anónima enarbolando “luchas” con las que tal vez ni siquieran simpaticen realmente, sólo las usan para tener “amigos” o seguidores en esas “redes sociales virtuales”, y para atacar a otros desde luego en forma anónima y desahogar sus frustraciones. Y non dudo que hasta blancos puedan haber ahí, los blancos también se frustran pues no todos están en las meras cúpulas, se les nota en su forma de decir las cosas tal vez, como lo he notado quizá en usted cuando llama “babosa” a una dama como Adela Micha por ejemplo, y “trolleando” hasta se puede ofender.

George Berkeley said...

No, no te equivocas. Sin duda, mucha gente pone el grito en el cielo al enterarse que en los rastros se llevan a cabo práticas horribles, pero no dice nada cuando come una sopa de pollo. Tienes razón, amigo Morsa, pero he aquí una interrogante que quizá valga la pena comentar: ¿todo ello significa que las expresiones alarmantes de quienes alzan la voz no deban ser escuchadas, por más y que esas personas coman puerco y pollo cada día de su vida, y todo porque son hipócritas?

Ahora, la hipocresía, como ese fingimiento de una reputación noble, es detestable, como detestable era el Tartufo de Molière. Ahora, ¿en verdad toda la gente que lanza el grito al cielo frente a las atrocidades de un rastro, tiene la misma, exactamente la misma calidad hipócrita que Tartufo? Parece que no. Ahora, si hay hipocresía ahí, sin duda es de otra clase.


Nota: quizá piensen todos que no hago otra cosa que criticar, y por eso en los posts que comento sólo hay críticas, enfrentamientos. Así parece, pero ello tiene un buen motivo. La carrera que estudié me formó así, a criticar, es decir, a examinar textos con un sentido crítico. La idea es que la mala fe no tiene cabida, todo es crítica constructiva.

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Saludos!