Sunday, March 29, 2015

El mundo superficial y light


Hoy todo es light y superficial. Tenemos refrescos "light", que indican que contienen menos azúcar y en esto de los alimentos hay un sinfín de productos así, muchos de ellos endulzados con químicos que en principio no colaboran a que se consuman más calorías. Y probablemente esta es una de las acciones de los mercados para tratar de convencer que el ejercicio sale sobrando. Mejor tómate un producto con menos azúcar y será lo mismo que si haces media hora de caminadora, pareciesen decir. Pero desde luego, todos sabemos que el ejercicio no sólo quema calorías, sino que genera endorfinas y nos hace sentir bien.

Hace unos treinta años, por ejemplo, no existían estos productos light, ni toda una industria de esta naturaleza. Por ejemplo, en la TV había un programa llamado "El Gran Premio de los 64 mil pesos", cuyo anfitrión era el desaparecido Pedro Ferriz Santacruz. La mécánicas del concurso era ésta: el concursante participaba con un tema: la Iliada, Shakespeare, la Odisea, la vida de Capablanca, etcétera. Ferriz entonces empezaba por hacer preguntas sencillas. Cada pregunta valía una cantidad. No me acuerdo con qué cantidad se empezaba pero cada pregunta duplicaba su valor y en algún momento se llegaba a mil pesos y entonces al duplicar se tenían 2000, 4000, 8000, 16.000, 32.000 y 64.000 pesos.

Por ejemplo, los concursantes empezaban con preguntas simples: el nacimiento del personaje con el que participaban, o la ecuación más famosa de Einstein. Evidentemente solamente se hacían preguntas del tema en el que el concursante se había inscrito. El Dr. Ulises Casab, al que vi hace poco relativamente, ganó dos veces este concurso. Las preguntas por 32.000 y 64.000 pesos eran francamente complejas. Un chiste común era que la pregunta por los 64.000 pesos en el tema del Titanic era dar el nombre de cada una de las víctimas, con su apellido y estado civil. Desde luego que era una broma pero de alguna manera nos hacía ver que quien ganaba esa cifra enorme (para los años cuando se hizo este programa) demostraba simplemente erudición en este tema.

Hoy en día -ya no está al aire por el momento- tenemos programas como ¿Quién quiere ser millonario? Aquí no hay un tema elegido por el concursante, pero las preguntas son de cultura general y de opción múltiple (cuatro opciones). Por si esto fuera poco, el concursante tiene, en el transcurso del juego, tres comodines: 1. quitar dos de las opciones al azar (en donde quedan dos y una es la opción correcta); 2. hablar a un amigo que tiene 30 segundos para decirle al concursante cuál cree que es la respuesta correcta a la pregunta planteada y 3. hacer votar al público para decidir por mayoría de votos, cuál será la respuesta a una de las preguntas.


Vamos, que este juego es superficial, light, y lejanísimo de este esfuerzo que implicaba trabajar duro en un tema para ir a concursar y llevarse un montón de dinero. No, eso requiere de mucho trabajo y la sociedad moderna todo lo da masticadito y en la boca. Y eso en el fondo solamente demuestra que estamos viviendo en un entorno donde parece que el esfuerzo contínuo, el trabajo duro, es una cosa del pasado y que no vale la pena hacerlo. Por eso hay la percepción generalizada que estudiar ciencias es difícil. ¿Estudiar química o física o ingeniería? eso es para los mataditos. Hay maneras más fáciles de ganarse la vida, parecen decirnos.

Yo creo que esto es equivocado. Me parece que hay que regresar a demostrar que trabajando con ahínco se puede llegar a hacer cosas importantes en la vida, para uno mismo y para la comunidad en la que uno trabaja. Vamos pues, cambiando el enfoque.

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