Saturday, March 26, 2016

Modern Chess Analysis, de Robin Smith


El ajedrez, a partir de las computadoras, ya no es el mismo. De alguna manera las máquinas y sus poderosos análisis le han quitado ese misterio perenne de dudar de la validez en las afirmaciones sobre quién está mejor en algún momento de una partida. El misterio se ha minimizado y además, hemos visto crecer la fuerza de los programas a grados que francamente ya compiten sin menoscabo incluso contra el campeón del mundo. Baste decir que Kramnik empató un match contra Schredder (4-4) y Kasparov en su momento, otro match contra Fritz (3-3). Lo notable en todo caso es que hablamos de programas que corren en las computadoras que tenemos ya accesibles casi en cualquier casa.

Uno de las disciplinas que más ha influenciado el ajedrez computarizado es el del ajedrez por correspondencia. Hoy en día cualquier jugador que quiera sumergirse en este arte de jugar a ritmos de 3 días por jugada, tendrá que disponer de muchas horas para analizar y más de un motor de ajedrez -engine- que permita ayudarle a ver variantes, a valorar posiciones complejas, etcétera. Yo -por ejemplo- abandoné el ajedrez por correspondencia porque un día sentí que me había convertido en el "mensajero" de las jugadas propuestas por Komodo, Houdini o Rybka. En el ajedrez por correspondencia de elite, en donde están los mejores del mundo, sin duda se ayudan de estos ingenios cibernéticos, pero también es claro que los ajedrecistas buscan entender las valoraciones, aquellas en donde la máquina se confunde y entonces, tener esa mínima ventaja que a la larga le da triunfos curiosos o inverosímiles, si pensamos que la computadora analiza a profundidades que ningún ser humano puede realizar nunca.

Y eso me recuerda los primeros pasos del ajedrez computarizado. En los primeros "campeonatos mundiales de computadoras", que se jugaban en algún hotel y en donde los grandes maestros iban a ver con cierta curiosidad el desarrollo de este tipo de eventos sonreían ante la ingenuidad de las máquinas. Uno de los científicos de ese entonces declararía: "hoy se ríen de nosotros, mañana nos van a pedir asesoría". Y esa frase finalmente es un hecho hoy día. Los programas actuales pueden derrotar a un 99.99% de los jugadores en el mundo.

Pero... ¿resolvieron ya el ajedrez? ¿debemos creer que ya que el juego-ciencia en términos prácticos ya está resuelto y no tiene sentido seguir jugando? Para el imaginario colectivo quizás la respuesta es sí, pero para el conocedor de ajedrez podríamos decir que aún tienen una legítima duda. Y en ese sentido, el libro de Robin Smith (1952-2009), un gran maestro de ajedrez por correspondencia estadounidense, dos veces campeón por correspondencia de su país, con un rating de 2642 puntos Elo, logrado solamente en 64 partidas, de 1997 al 2008, Modern Chess Analysis, es un raro y sorprendente descubrimiento de las fortalezas y debilidades de los motores de ajedrez. A pesar de que es del año 2004, los análisis de muchas posiciones, usando los motores de ajedrez (engines), de esos años, reflejan que aún los programas tienen mucho que aprender.

Smith hace un estupendo análisis de las ventajas y desventajas de los programas -que hay que reconocer, quizás ya no son tan válidos 11 años después de la publicación de su libro- así como mostrarnos cómo sacar ventaja de estos engines para analizar mejor y no necesariamente para partidas por correspondencia, sino para la preparación como ajedrecista de torneo.


Dubois - Steinitz
Londres,1862
Juegan las negras

Por ejemplo, en la siguiente posición, de la partida Dubois - Steinitz, Londres, 1862, el primer campeón del mundo oficial hizo una jugada que Komodo 8 simplemente no considera entre sus primeras 4 alternativas principales: 8. ... h5!! Smith dice: "No importa qué programa haya usado y por cuanto tiempo le haya permitido analizar, ninguno encontró 8. ... h5!! Un jugador que vivió hace más de siglo y medio encontró esta jugada y los análisis subsecuentes probaron que la idea negra era correcta.  Esta es una posición en donde se busca "cazar" al rey, posición en donde se supone debería ser el fuerte de la computadora, pero no el de un ajedrecista de carne y huesos". Desde luego que esto podría ser una excepción al poder de los programas, pero Smith muestra muchísimas posiciones en donde los engines simplemente no dan una (incluso los actuales).

Vale pues la pena este libro porque me parece que nos da una mejor idea de lo que los programas pueden hacer. Es claro que esta nueva herramienta, que unos pocos años antes los ajedrecistas soñaban con tener, pueden mostrarnos muchísimas ideas interesantes, pero claramente pone a todos estos engines en una más justa proporción.

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