Friday, February 24, 2017

Cuando hay dolo



En el artículo pasado hablé de mi experiencia en la Editorial Rodrigo Porrúa, la cual usa un modelo de negocios que básicamente puede definirse como de "vanity printing", un esquema que muchas editoriales estadounidenses han usado. La idea básica es que el autor paga la edición de 1000 o 2000 ejemplares, en los talleres de la propia editorial, y entonces ésta se encarga de organizar las presentaciones para que el autor pueda empezar a darse a conocer y recuperar el gasto de la impresión de su obra. En este modelo de negocios, cuando el autor recupera la inversión, entonces las utilidades van al 50%, lo cual en ese sentido es mejor trato que el que da cualquier editorial con el modelo tradicional, pero a cambio la editorial simplemente no arriesga y más aún, se hace de trabajo porque el autor le paga a los talleres de la propia editorial la confección de su libro.

Después del maltrato del cual fui objeto, quedé con el vicepresidente del Grupo Rodrigo Porrúa, que tendríamos una cita el martes pasado. Quedamos a las 12 del día en sus oficinas. Llegué con todo el tiempo del mundo y a las 12 estaba esperando que me recibiera, pero Zozer Santana no había llegado. Me dijeron en la entrada que me avisarían cuando llegara. Esperé unos 45 minutos y encontré a Patricia Quinn. Entonces le comenté que tenía cita con Zozer y ella me dijo que no había llegado porque estaba muy ocupado atendiendo otros asuntos. Le informé a la Sra. Quinn que yo también estoy muy ocupado y que aún así llegué al compromiso pactado y que me parecía una falta de respeto del vicepresidente que no llegara a la cita acordada.

Le expliqué a la Sra. Quinn todo el catálogo de -en el mejor de los casos- medias verdades que me habían recetado para tratar de meterme en este negocio del "vanity printing". Se disculpó de no haber aclarado desde antes el modelo de negocios usado. Se disculpó sobre la actuación de la impertinente y grosera persona que me atendió ara ver qué pensaba de la cotización que me habían mandado.

El Sr. Santana llegó, me saludó y pensé que me atendería pronto, pero no, se fue a sus oficinas, supongo, y después, por medio de la Sra. Quinn me dijo que estaba muy preocupado por tenerme ahí esperando, pero no me atendió. Le dije a la Sra. Quinn que el trato que se me dio simplemente no puede ser y que lo que menos me importaba ya era que el libro se publicara. Ella me indicó que habría la posibilidad de buscar patrocinios porque aseguró que mi libro era estupendo. Pero la verdad no le creo nada. Me pidió que reconsiderara el tema y que ella se movería para hacer las cartas a diferentes instituciones que pudiesen patrocinar mi obra. Después de todo esto, y sin haber sido atendido en la cita a la que fui, me despedí de la Sra. Quinn a la una y media de la tarde. Y por cierto, hasta el día de hoy ni una llamada para reagendar la cita, nada. No hay el mínimo interés finalmente.

Pero he aquí que un usuario llamado "Redes Porrúa", escribió un comentario al respecto del primer artículo que escribí, que dice a la letra:

"Después de leer su historia con Grupo Rodrigo Porrúa, lamentamos que haya vivido tan mala experiencia, pero nos gustaría aclararle que esa empresa nada tiene que ver con Porrúa y los 117 años que la respaldan. Rodrigo Porrúa del Villar no es y nunca ha sido accionista, apoderado ni trabajador de Librería o Editorial Porrúa. Sus actividades no son una división de nuestra empresa, no es parte de la familia y simplemente se vale del buen prestigio que su apellido tiene en el mundo de los libros para atraer clientes y obtener beneficios. Grupo Rodrigo Porrúa es una empresa de reciente creación (2015) y tenemos un proceso en su contra ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) porque no queremos que siga manchando nuestra reputación. El compromiso que tenemos con la cultura es real y 117 años de historia, 75 sucursales y colecciones emblemáticas como Sepan Cuantos y Biblioteca Jurídica Porrúa lo avalan".

Es decir, el Grupo Rodrigo Porrúa no tiene nada que ver con la Editorial Porrúa. ¿No sería conveniente aclararle a los autores esto desde un principio? Porque sí, puede haber otra editorial que contenga el apellido Porrúa, pero al menos para mí es claro que hay dolo en no decir que no tienen nada que ver con la emblemática editorial.

Si uno entra a la página del Grupo Rodrigo Porrúa, podrá ver la siguiente leyenda...



¿La editorial más grande e importante de México? Podría pensar si se tratase de la Editorial Porrúa, pero como indica el comentario a mi blog, la famosa Editorial Porrúa no tiene nada que ver con este grupo. Me parece que este grupo saca provecho de la fama de la auténtica Editorial Porrúa.

Pero por si fuera poco, he aquí un video del mismo grupo, en donde se nos hace creer que esta editorial es finalmente parte de la Editorial Porrúa, cosa que no es cierta:



A mí me queda claro pues que hay dolo. Así las cosas.

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