Thursday, January 03, 2019

Los pobres millonarios



Ya inició hace 34 días el nuevo gobierno y más allá si llegó el Mesías salvador de México o si nos va a convertir en la nueva Venezuela, me gustaría más bien tratar el tema del matrimonio de Peña con la Gaviota, Angélica Rivera.

Su relación, televisiva y mediática, dejó ver que la Gaviota es una mujer ambiciosa y de pronto hizo una fortuna que nadie más en Televisa pudo hacer. Y me acuerdo de la Gaviota cuando empezó en un programa de videos musicales. Una chica muy guapita que estaba incursionando en la farándula local mexicana. Eventualmente la artista en potencia empezó a destacar y finalmente fue protagonista de algunas novelas. Se casó con el hermano de Verónica Castro, tuvo no sé cuantas hijas y de pronto pasó… Le presentaron a Peña Nieto y ella se enamoró por completo, dejando a su anterior marido. No voy a juzgar esto último pues está en el ámbito de lo privado, pero la cosa es que se divorció e hizo N trámites extraños para poderse casar por la Iglesia Católica, anulando así su anterior matrimonio. Vamos, quería empezar de cero con Peña. Y su boda fue todo un espectáculo. La actriz con el futuro presidente. Linda combinación.

Pero esos tiempos se acabaron y se acabó el sexenio, y se acabó Peña Nieto, personaje al que ahora ni las moscas le hacen el mínimo caso. Si antes era el mandamás, si para cada cosa que decía alguien estaba atento tomando nota, ahora no hay quien le eche un lazo. Su fama, su carisma, su galanura, todo, desapareció porque dejó de ser el presidente. Y pienso que debe ser un golpe terrible que de pronto no te haga caso nadie pero bueno, así pasa con este puesto de presidente de México.

A cambio de esto, Peña Nieto y probablemente la Gaviota, se hicieron de mucho dinero.  No lo sé de cierto pero si los gobernadores robaban, que él y su mujer no lo hicieran no suena como lo más probable. Y ya salió información de TVNotas, un pasquín lamentable, indicando que la Gaviota había comprado una mansión de 63 millones de pesos en California, aunque horas después la propia Gaviota, en alguna de sus redes sociales, desmentía esto, indicando que la casa era rentada por el padre de sus hijas para su trabajo… Vaya usted a saber.

Pero a lo que voy, imaginemos un día en la vida de la Gaviota con Peña, si es que siguen juntos. Imaginemos que se levantan, se bañan y desayunan… ¿Y después? ¿Leerán el periódico? ¿Comentarán las noticias? ¿Verán “Venga la Alegría”, un penoso programa matutino de TV Azteca? ¡O verán a Loret de Mola despotricar acerca del Peje? ¿Qué harán?… Difícil que lean porque a Peña no le gusta leer y eso lo sabemos de cierto. ¿Y la Gaviota leerá? No lo creo, no parece muy interesada en la lectura.
Quizás se ocupen de sus hijos pero no resulta probable, porque ya son casi todos adultos. Entonces ¿qué harán hasta la hora de la comida? ¿Se sentarán a verse las caras? ¿Se conectarán a Internet a las redes sociales para ver memes? Es un misterio.
Llega la hora de la comida y la Gaviota y Peña seguramente comerán algo que le habrán hecho más de una cocinera. Beberán quizás vino, comerán viandas gourmet, no sé de qué podrán hablar. Tal vez la Gaviota le diga que vio un vestido muy bonito en el “mall” en donde vivan. Peña podrá contestarle que vaya y se lo compre. ¿Por qué no? Y entonces la Gaviota podrá disponer de chofer y quizás “guaruras” e irá a comprar la ropa que le gustó. Y tal vez compre joyería, zapatos, qué sé yo, todo lo que algunas mujeres quieren tener en cantidades industriales. Y como puede tenerlo, no tiene que soñar con ello, basta desplazarse a la tienda donde vio lo que quiere y comprarlo.

Y llegará a su casa y le modelará su vestido nuevo al que no es “la señora de la casa”, como una vez dijo Peña Nieto. Y bueno, ya se está haciendo tarde y hace hambre. Cenarán, verán la televisión, acaso una película en Netflix, y se dormirán.

Y es que con todo ese dinero que deben tener, no tienen que preocuparse del futuro ni de ellos ni de las siguientes generaciones. Tienen una especie de lámpara de Aladino, que la frotan y obtienen el deseo que quieren. Van y lo compran. ¿No quisieron las hijas de Peña/Gaviota ponerse un tatuaje y trajeron a través del avión presidencial al mejor tatuador de los Angeles? Todo se puede en el mundo de la Gaviota y Peña. La mujer que ganó tan bien en Televisa y su marido, que ahorró sus pesitos de su sueldo, que no pudo gastar porque el Estado le pagó seis años de mantenimiento para él y su prole.

Y llega el otro día… ¿Qué harán nuestros personajes? Tal vez piensen en viajar pero ¿viajar? ¿con el peladaje? No. Peña debe tener amigos con aviones privados, desde luego. Pero ¿viajar? Si ya viajaron todo lo que quisieron… ¿Entonces? Un misterio de estos pobres millonarios.

Porque miren, yo sé que todos quisiésemos tener el dinero a manos llenas, el futuro asegurado, para poder tal vez dedicarnos sin la problemática del subsistir, al tema que más nos guste. Pudiese ser que a alguno de mis cuatro lectores le gustaría ser pintor, o caricaturista quizás, o ajedrecista, ¿por qué no? Pero hay que trabajar, hay que ganarse la vida. Si tuviésemos tanto dinero como Peña y su Gaviota, bien podría uno dedicarse de tiempo completo a la actividad que más nos gustase, que tal vez podría ser incluso escribir un libro. Pero no estamos en esas condiciones y quienes lo están, como la Gaviota y Peña, viven una vidas anodinas, sin ningún afán intelectual. Ella seguramente siempre se verá despampante y él será el galán que todas las mujeres quieren en su colchón. Pero no van más allá de esa imagen glamorosa, que no tiene esencia, que es un cascarón que no protege nada porque no hay nada internamente.

Por eso, millonarios pobres, pobres millonarios que nada son en realidad más que papel moneda. Que no les interesa nada más que lo superfluo, pero que en el fondo son sólo figuritas bonitas que a la larga a nadie le importan. Y como ya no son nadie en México y en el mundo, viven las vidas más tristes y penosas de la Tierra.

Y en su superficialidad no lo saben, aunque no entiendan por qué tienen ese sentimiento de que algo les falta. De verdad, pobres millonarios.

2 comments:

Unknown said...

Grande Morsa!!!

supermexico said...

Magnifico relato. Muy bien pensado.