Saturday, March 06, 2021

La hipocresía de los políticos

  


En este país, que se ha politizado cada vez más, tenemos que las elecciones se han convertido en una especie de feria, en donde unos cuantos son los elegidos para ser votados por el pueblo. Y todos los candidatos a puetsos populares nos dirán que están como candidatos porque ellos sí saben las necesidades de las comunidades a las que se dirigen y que ahora sí, no habrá robos y se usarán los recursos públicos en beneficio de las personas (o como diría el Peje, del “pueblo bueno”).

 Pero la realidad es otra. La verdad es que al 99% de los candidatos no le interesa el pueblo, ni el país, ni los ciudadanos. Lo que le interesa es su propio beneficio, ya sea éste en términos de poder o bien en términos de dinero. Y para ejemplo tenemos un par de casos: el primero es el de Arturo Durazo, que era el Secretario de Seguridad del Gobierno Federal de la 4T, el cual abandona el puesto porque quiere ser gobernador en Sonora. Otro caso: el director de Profeco, Ricardo Sheffield, anunció este miércoles que a partir del próximo 15 de marzo dejará su puesto para contender por la candidatura a la alcaldía de León, Guanajuato.

 Y es que es los puestos políticos son simples trampolines para pasar a puestos superiores que a su vez, podrían ser trampolines para otros puestos políticos aún mejores. Y algo interesante es que nadie se “arruga” ante la posibilidad de convertirse en el enemigo de algún grupo delicuencial del poderoso narco, porque ellos –candidatos – han decidido que su vida bien puede darse a una buena causa. O bien, en el fondo se han dado cuenta que quizás pueden hacerse de la vista gorda y llegar a tratos con el narco para llevar “la fiesta en  paz” y además, hacerse de mucho dinero.

 Y dicen que “piensa mal y acertarás”. El poder político parece que para algunas personas, es muy atractivo, y además, como está muy bien pagado, quizás valga la pena el riesgo porque en muchos casos el candidato a algún puesto popular termine comiendo en grandes restaurantes, o bien comprando inmuebles, acción favorita y cotidiana de muchos políticos que acumulan propiedades, o mejor aún, sintiéndose todo poderoso porque tiene una recua de sirvientes totalmente incondicionales que le dirán que es maravilloso y cumplirán todos sus deseos y caprichos. Y quien crea que exagero bien sabe que no es así.

 Porque en serio, ¿quién en su sano juicio quiere ser gobernador? ¿No es como sacarse la rifa del tigre? Y con ese mismo criterio entonces, ¿quién quiere de verdad ser presidente de este país cada vez más bananero? Porque los problemas y retos son enormes y cada sexenio vemos como cada vez nos dejan en peor posición. Pero el poder corrompe y le hace creer a las personas que son casi dioses, al menos en este país, y que por seis años podrán decidir lo que mejor nos conviene aunque eso sólo esté en su cabecita dictatoria, como ocurre con el Peje en estos momentos.

 En fin, para mí la hipocresía de los que están en la política no es algo nuevo. Vamos, ser político es tan buen negocio que ahora un número indeterminado (por mí), de actores y cantantes ya son candidatos a gobernadores, alcaldes, presidentes municipales, etcétera (Paquita la del barrio, Quico, Alfredo Adame). Y es evidente que no son siervos de la nación, son simplemente personas que se venden por tres pesos y porque su avaricia es enorme, tan lo es que no tiene llenadera. Y esos son los hechos. Lo demás es un cuento de la política mexicana a favor de sus ciudadanos.

1 comment:

E1000io said...

En nuestro país el voto es un timo