En este país, que se ha politizado cada vez más,
tenemos que las elecciones se han convertido en una especie de feria, en donde
unos cuantos son los elegidos para ser votados por el pueblo. Y todos los
candidatos a puetsos populares nos dirán que están como candidatos porque ellos
sí saben las necesidades de las comunidades a las que se dirigen y que ahora
sí, no habrá robos y se usarán los recursos públicos en beneficio de las
personas (o como diría el Peje, del “pueblo bueno”).
Pero la realidad es otra. La verdad es que al 99% de
los candidatos no le interesa el pueblo, ni el país, ni los ciudadanos. Lo que
le interesa es su propio beneficio, ya sea éste en términos de poder o bien en
términos de dinero. Y para ejemplo tenemos un par de casos: el primero es el de
Arturo Durazo, que era el Secretario de Seguridad del Gobierno Federal de la
4T, el cual abandona el puesto porque quiere ser gobernador en Sonora. Otro
caso: el director de Profeco, Ricardo Sheffield, anunció este miércoles que a
partir del próximo 15 de marzo dejará su puesto para contender por la
candidatura a la alcaldía de León, Guanajuato.
Y es que es los puestos políticos son simples
trampolines para pasar a puestos superiores que a su vez, podrían ser
trampolines para otros puestos políticos aún mejores. Y algo interesante es que
nadie se “arruga” ante la posibilidad de convertirse en el enemigo de algún
grupo delicuencial del poderoso narco, porque ellos –candidatos – han decidido
que su vida bien puede darse a una buena causa. O bien, en el fondo se han dado
cuenta que quizás pueden hacerse de la vista gorda y llegar a tratos con el
narco para llevar “la fiesta en paz” y
además, hacerse de mucho dinero.
Y dicen que “piensa mal y acertarás”. El poder
político parece que para algunas personas, es muy atractivo, y además, como
está muy bien pagado, quizás valga la pena el riesgo porque en muchos casos el
candidato a algún puesto popular termine comiendo en grandes restaurantes, o
bien comprando inmuebles, acción favorita y cotidiana de muchos políticos que
acumulan propiedades, o mejor aún, sintiéndose todo poderoso porque tiene una
recua de sirvientes totalmente incondicionales que le dirán que es maravilloso
y cumplirán todos sus deseos y caprichos. Y quien crea que exagero bien sabe
que no es así.
Porque en serio, ¿quién en su sano juicio quiere ser
gobernador? ¿No es como sacarse la rifa del tigre? Y con ese mismo criterio
entonces, ¿quién quiere de verdad ser presidente de este país cada vez más
bananero? Porque los problemas y retos son enormes y cada sexenio vemos como
cada vez nos dejan en peor posición. Pero el poder corrompe y le hace creer a
las personas que son casi dioses, al menos en este país, y que por seis años
podrán decidir lo que mejor nos conviene aunque eso sólo esté en su cabecita
dictatoria, como ocurre con el Peje en estos momentos.
En fin, para mí la hipocresía de los que están en la
política no es algo nuevo. Vamos, ser político es tan buen negocio que ahora un
número indeterminado (por mí), de actores y cantantes ya son candidatos a gobernadores,
alcaldes, presidentes municipales, etcétera (Paquita la del barrio, Quico, Alfredo Adame). Y es evidente que no son siervos
de la nación, son simplemente personas que se venden por tres pesos y porque su
avaricia es enorme, tan lo es que no tiene llenadera. Y esos son los hechos. Lo
demás es un cuento de la política mexicana a favor de sus ciudadanos.
1 comment:
En nuestro país el voto es un timo
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