Para muchos ha sido claro que Carlos Loret de Mola y el presidente López Obrador nunca se han caído bien. Desde las entrevistas que le hiciese el primero en su noticiero de la mañana a ahora, que ya fuera de Televisa Loret trabaja en un portal llamado LatinUS, las críticas al gobierno, a López Obrador mismo, a cómo se está llevando el país, han sido el común denominador de los programas del ṕeriodista que salen vía la plataforma YouTube, que es francamente la nueva televisión.
Todo empezó cuando Loret en su programa de LatinUS sacó el modo de vida del hijo mayor del presidente, el cual por años no parece haber hecho nada de su vida y de pronto renta una casa de 5000 dólares mensuales (cien mil pesos mexicanos) en Texas, la que los periodistas llamaron "la casa gris". Cuando salió el reportaje sobre el hijo de AMLO, éste explicó que probablemente la esposa de su hijo tenía dinero y que por eso vivía con esos lujos. AMLO le pidió a Loret que dijera qué bienes tenía e incluso se le ocurrió pedirle al INAI que le diera esa información. Llama la atención la ceguera presidencial pues el INAI no es la Gestapo, sino un órgano de transparencia del gobierno para precisamente que no haya nada escondido en los dineros públicos. Si quien me lee es funcionario público, debe saber que está obligado a presentar su declaración de bienes. Curiosamente muchos ignoran esta obligación.
López Obrador se la ha pasado ya meses atacando con toda la fuerza del Estado, al periodista Loret de Mola e incluso, sacó en la mañanera una supuesta lista del sueldo mensual del periodista. Si la información que publicó es cierta, pues viola la ley porque esos datos solamente pudieron haber salido del SAT. Y si hizo eso -aparte de violar la secrecía a la que el SAT está obligado- pone en peligro al propio periodista porque si de verdad gana esas enormes cantidades, pues es sujeto de ser secuestrado por la delincuencia organizada, por decir lo menos.
Loret ha negado algunos de los dichos del presidente, indicando que algunas de las propiedades que ha mencionado no son de él. Sin embargo no ha dicho ni declarado qué bienes tiene y a cambio le ha pedido a López Obrador que diga cómo es que su hijo mayor, de ser clase media de pronto es clase pudiente. Desde luego que el presidente hace mutis en esto.
Hoy en la mañanera (25 de abril 22), el presidente volvió a mostrar un supuesto departamento que tiene Loret de Mola en Polanco, que compró por 48 millones de pesos en el 2019 mediante un intermediario, un notario público, Ignacio Morales Lechuga, exprocurador general de la República con Salinas de Gortari. Y AMLO lo califica (sacrásticamente, desde luego) como "finísima persona". Claramente la pelea de AMLO es personal y además, no se detiene ante nada y acusa sin prueba alguna a todos los que se le antoja. Vamos, si Morales Lechuga es un delincuente, ¿por qué no se le fincan responsabilidades? Para AMLO el único que no tiene mácula es él mismo. AMLO representa la solidez de principios, el no ser "rata" como ha dicho en más de una ocasión, el creer en no mentir, no robar, no engañar, aunque mienta en las mañaneras todos los días.
Pero más allá de todo esto, la pelea con Loret es ridícula, estéril y además, mala idea. Si Loret de Mola ha comprado esos bienes, pues habrá pagado los impuestos que se deban pagar. Si gana esas cantidades y no declarara impuestos, ya el SAT le habría echado el guante. Loret me puede caer bien o mal y puede ser un vocero de la derecha más recalcitrante, pero lo que es un hecho es que ha trabajado por más de 20 años y si le pagan muchos millones, las empresas que le abonan sus salarios deben finalmente considerar que el trabajo de ese periodista lo vale. Loret no tiene que explicarnos nada a nadie, porque trabaja en el ámbito privado, pero esto no lo entiende el presidente, cosa que ya no me asombra.
La pelea seguirá hasta el final del sexenio, porque López Obrador no quitará el dedo del renglón. Su argumento del que nada debe, nada teme, no lo aplica a su hijo rico en Estados Unidos. Vamos, este último sacó una historia sobre lo que hacía en el país vecino y los periodistas, que son como sabuesos, encontraron cualquier cantidad de inconsistencias. Y lo grave es que el presidente y su narrativa de vivir con 200 pesos en la bolsa o usar un par de zapatos, se viene abajo. En resumen, eas increíble que el que quiere ser el mejor presidente que haya tenido el país, el que quiere sentirse el estadista, no pueda portarse como tal y sólo está logrando que quede como uno de los peores mandatarios que hayamos tenido.
Así las cosas.

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