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Wednesday, December 04, 2013

De éxitos y fracasos


Estamos acostumbrados a que nos cuenten historias de éxito. Por ejemplo, en ajedrez tenemos la historia de las hermanas Polgar. El papá decidió iniciar un experimento con ellas. Su hipótesis de trabajo es que si había un esfuerzo importante desde chicas, ellas podrían ser excelentes en cualquier tema al que se dedicaran en la vida. Y entonces un día, Zsuzsa, la mayor de las hermanas, que parecía tener habilidad natural para las matemáticas, halló un ajedrez en su casa y entonces el padre decidió que sería interesante ver hasta donde podía llegar su idea. Las tres Polgar trabajaron muchos años desde pequeñas. Aprendieron las artes de Caissa gracias a la instrucción de muchos maestros que pasaron por su casa. Finalmente las tres son excelentes en su tema. Judit, la menor, es la mejor de las tres y juega entre los hombres con gran éxito (ahora menos, pues desde que se casó, tuvo hijos, etcétera, su actividad ajedrecística ha disminuido). Cabe decir que papá Polgar no llevó a sus hijas a la escuela. La educó en casa. Se dice fácil, pero no debe haberlo sido. Se necesita tener disciplina y además un plan bien elaborado para poder llevar a cabo su idea.

Otra historia es la de Magnus Carlsen. Su padre le enseñó ajedrez a los 8 años, pero el niño no le dio ninguna importancia. Sin embargo, a los 11 años volvió a reencontrarse con el juego y comenzó a tomar clases (un par de horas, un día a la semana), con quien fuera su entrenador, el GM Adgestein. Carsen llegó a los 2000 puntos Elo en un año. Al año siguiente se convirtió en gran maestro y sus padres tomaron una asombrosa decisión: viendo las capacidades de su hijo, rentaron su casa y se fue la familia completa a viajar por Europa para que Magnus tuviese una intensa práctica y así mejorara su ajedrez. Hoy es el campeón del mundo.

Y leemos estas historias y creemos que es "así de fácil". Sin embargo, debe haber en el mundo quienes intentaron hacer cosas similares al papá Polgar o al papá de Magnus sin el éxito correspondiente. La historia la escriben los vencedores, pero nunca se sabe la visión de los vencidos. A nadie le importa el fracaso de terceros. Lo interesante es ver al final de cuentas estas maravillosas historias de éxito que sin duda, tuvieron momentos difíciles, críticos, que nadie conoce más que los que vivieron esos acontecimientos. Y a partir de ahí se pueden escribir libros enteros de cómo llegar a tener éxito en la vida, cuando en realidad no hay ninguna garantía al respecto.

Yo por eso tomo estas historias de éxito a partir de que conllevan muchísimo trabajo por parte de los involucrados. No basta el talento natural de Magnus, sino el empuje de sus padres para decidir que el chamaquito viajara por el viejo continente buscando la gloria ajedrecística. Me pregunto todos esos "Magnus Carlsen"  que no lograron el éxito, ¿qué pensarán?

Friday, October 07, 2011

Sobre Steve Jobs


Con la reciente muerte de Steve Jobs, ocurrida apenas hace dos días, se han volcado en internet, en las redes sociales, en Twitter, toda una serie de halagos que desde mi perspectiva son exagerados. Hay quienes no lo bajan de genio, de visionario, y su admiración por este personaje -me parece- los ciega a la realidad. Me pregunto cómo alguien puede ser genio y visionario y nadie le haya hecho antes un homenaje en vida. Parece que se dieron cuenta de esto cuando se supo de su deceso.

Miren, Jobs sin duda es un icono de la tecnología norteamericana, pero dista de estar entre los genios universales. Para empezar, jamás escribió una línea de código, probablemente no sabía programar y lo que sí supo hacer muy bien fue el de vender computadoras. Apple, o cualquier empresa que se dedique a la tecnología puede tener los mejores productos, pero si no hay quien los publicite y los venda, pues no vale nada. Así, Jobs supo ver sus oportunidades y vendió muy bien los productos de Apple. Y en eso sin duda destacó.

Steve Jobs tuvo serios fracasos. Vaya, lo corrieron de su propia empresa en 1985 por las pocas ganancias que daba e incluso, Apple tuvo serios problemas financieros y estuvo a punto de cerrar. Fue rescatada por Bill Gates en algún momento, que le dio unos 150 millones de dólares de liquidez. Cuando Jobs salió de Apple era la imagen personificada del fracaso. Si se hubiese muerto en ese entonces, las opiniones no habrían sido las que ahora se dicen contínuamente.

Jobs se vendió como  un personaje, creó un misticismo en los productos de Apple. Mintió, como todos los vendedores, exagerando las virtudes de sus dispositivos, como cuando dijo que "la mejor experiencia de navegación por internet la daba el iPad". Y lo entiendo, son argumentos de ventas nada más. Veo difícil creerle eso, por ejemplo.

Así pues, a mí me hubiese gustado más moderación en lo que se dice ahora que Jobs no está con nosotros. Si alguien no lo alaba entonces es un envidioso, un perverso, un amargado. Yo dudo que sea uno así. Simplemente me parece fundamental que las las cosas caigan en su justa medida.

¿Fue Jobs un genio? Lo dudo. ¿Fue un visionario? Lo dudo. Jobs hizo cosas nuevas, sin duda, pero mucha gente lo hace y no están en el ojo del huracán de los medios. Por ejemplo, ¿quién inventó la tomografía axial computarizada? ¿Alguien sabe? Si se muere este personaje, probablemente recibirá, si bien le va, una pequeña notita perdida en los periódicos. Y probablemente la tomografía sea uno de esos inventos que podrían calificarse de geniales ¿o no? ¿Inventó siquiera la interfaz gráfica Jobs? No.Se la pirateó a Xerox. Quienes en esa empresa inventaron la interfaz gráfica probablemente sí eran visionarios.

A mí me parece que en los negocios Jobs hizo algunas cosas interesantes, el modelo de negocios que implantó con su tienda apps de aplicaciones para eliPhone/iPod/iPad ha sido copiada por otros, con mucho menos éxito, sin duda. Y esto habla de las capacidades del personaje en cuestión para hacer negocios.

Steve Jobs tiene sus propios méritos. Al final de su vida logró sus mejores éxitos y fue reconocido, pero él es sólo quien vendía. Habiéndose convertido en un icono, cuando salía a decir algo, se le hacia caso. Hay premios Nobel, que han dedicado sus vidas a la ciencia y no tienen ni lejos, la resonancia de un personaje mediático como lo fue Jobs. De alguna manera Jobs era como el conductor de un noticiario. Atrás de este personaje, que sale a cuadro, hay mucha gente, redactores, reporteros, camarógrafos, técnicos, etc., que hace que podamos ver en la noche la TV y escuchar las noticias. Pero todo este personal, que es anónimo finalmente, no lo vemos, aunque ahí está. Pasa lo mismo en Apple. Yo dudo que Jobs indicara a los programadores cada característica que debía tener su sistema operativo. No, Jobs daría instrucciones generales-a lo más- sobre lo que se tenía que hacer, pero ese ejército de programadores pasa anónimo. ¿Quiénes son? ¿quiénes han escrito tal o cual parte del código? Nadie sabe. Solamente vimos a Jobs anunciando las nuevas versiones de sus sistemas operativos, de sus dispositivos y entonces le achacamos la paternidad de todo a él.

Sin duda Steve Jobs representa una gran parte de la historia moderna de la tecnología en los Estados Unidos, pero lejos, muy lejos está de ser un visionario (visionario Babbage, por ejemplo, que imagino una máquina calculadora cuando no había siquiera electricidad), o un genio (Einstein, Dalí, sin duda califican como genios, por mencionar un par de ellos). Así que de verdad, pongamos a Jobs en su justa proporción y percepción.

Friday, April 29, 2011

Un Funes el memorioso de la vida real


Hace apenas un par de días, la página alemana de ajedrez, chessbase, mostró el artículo de un profesor de Ucrania que sostenía tener una memoria fenomenal. Entre sus dichos es que guarda en su memoria unos 22000 libros de texto y que recuerda hasta 30 millones de cifras del número Pi. Además, se decía en dicho artículo que el profesor en cuestión le habría ganado un match (a dos partidas) a Rybka, uno de los programas de ajedrez más fuertes del planeta.



El asunto me recuerda al cuento de Borges, el de Funes el memorioso. De acuerdo a la Wikipedia:

Funes el memorioso es un cuento del escritor argentino Jorge Luis Borges. Apareció en Ficciones, una colección de cuentos y relatos publicada en 1944.

Según Borges, se trata de «una larga metáfora del insomnio». El protagonista sufre de hipermnesia un síntoma del síndrome del sabio y, si consideramos el sueño (en su primera fase) como un depurador de recuerdos (sólo quedan en nuestra mente lo importante o lo más impresionante que nos haya sucedido), al no dormir no eliminamos recuerdos, es decir, no tenemos la capacidad de olvidar muchas cosas con las que no podríamos vivir.

Muchos críticos han visto en este relato una referencia a los postulados del filósofo inglés John Locke, y de manera menos directa, a la obra de Friedrich Nietzsche. Para otros, en esta narración hay un «velado reconocimiento y homenaje a su mentor» y amigo, el escritor mexicano Alfonso Reyes Ochoa.1

El cuento narra el encuentro de un estudiante porteño con Ireneo Funes, un joven de Fray Bentos, Uruguay, con rarezas como la de no darse con nadie y la de saber siempre la hora, como un reloj.

Luego, postrado como consecuencia de un accidente que tuvo a los 19 años, primero perdió el conocimiento y luego, al recobrarlo, puede recordar toda memoria con preciso detalle, a pesar de su antiguedad. Si antes podía saber la hora sin ver el reloj, ahora Funes había afinado sus asombrosas capacidades: lo recuerda todo, y cada percepción que tiene es, para él, una característica única e inolvidable:
No sólo le costaba comprender que el símbolo genérico 'perro' abarcara tantos individuos dispares de diversos tamaños y diversa forma; le molestaba que el perro de las tres y catorce (visto de perfil) tuviera el mismo nombre que el perro de las tres y cuarto (visto de frente).

Funes decía:
Más recuerdos tengo yo que los que habrá tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.
Mi memoria es como vaciadero de basuras.

Funes había creado un sistema complicadísimo y absurdo de numeración en el que a cada número le atribuía una cosa, pero que luego había rechazado por su característica de ser una labor interminable. El autor sostiene que, a fin de cuentas, Funes carecía de la capacidad del pensamiento:
Pensar es olvidar diferencias, es generalizar, abstraer. En el abarrotado mundo de Funes no había sino detalles, casi inmediatos.

Ireneo Funes murió en 1889, de una congestión pulmonar.


¿Será cierto que este personaje de Ucrania tiene una memoria casi como la que se describía en el cuento de Borges? Este tipo de situaciones siempre se ponen en duda pero pareciera que algo hay de real en ello, pues un charlatán en este sentido reprobaría la primera prueba que se le pusiese (con cierto grado de dificultad). El profesor ucraniano dice que tiene un método para que cualquiera pueda desarrollar la memoria de esa manera ¿será cierto? 

Según entendí, la gente de Chessbase invitó al académico a un pequeño match contra Rybka, en las oficinas de la empresa alemana, pero parece ser que el nuevo Funes rechazó la invitación. 

No sé si todo esto sea un truco. Lo que sí sé es que da qué pensar.