México es un país profundamente desigual. Todos sabemos que, por ejemplo, la justicia no se imparte ciegamente. Quien tiene recursos puede recibir algunos beneficios de la ley mientras que otros, sin las mínimas oportunidades, la mayoría de las veces es encarcelado sin suficientes pruebas o simplemente mientras se resuelve su proceso. Y en ocasiones esto pasa en un lapso de años. Así, hay gente que puede estar encarcelada injustamente y probablemente si se resuelve el caso a su favor, tengan de la Autoridad a lo más un "usted disculpe".
Pero en esta compleja cotidianidad, tenemos fechas imborrables. Una de ellas fue el 2 de octubre de 1968, cuando la Olimpiada estaba a punto de iniciarse, en donde los estudiantes universitarios fueron reprimidos por el Ejército. El presidente de la nación, en ese entonces Díaz Ordaz, asumió toda la responsabilidad del asunto, aunque eso no sirvió para juzgarlo y/o meterlo a la cárcel, eventualmente. Vamos, el 2 de octubre se convirtió en la conmemoración del injusto y terrible crimen de Estado.
El 26 de septiembre del 2014 ocurrió otro crimen de Estado. Desaparecieron y mataron impunemente a 43 estudiantes de una escuela normal en Ayotzinapa, cerca de Iguala, Guerrero. El presidente de ese entonces, Enrique Peña Nieto, armó una fiscalía especial, comandada por Murillo Karam, quien en un momento determinado le dio carpetazo al asunto con el argumento de que su investigación lo había llevado as lo que se llamó "la verdad histórica". Hoy el gobierno de López Obrador tiene abierto el caso. Murillo Karam ha sido encarcelado y supuestamente hay un número de militares involucrados que están presos (aunque no sé ni quienes sean y de qué se les acusan si es que esto es cierto).
Ahora bien, mientras todo esto último se resuelve, cada año en este país se hacen manifestaciones y marchas por el 2 de octubre y desde el 2015, por los desaparecidos de Ayotzinapa. La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), cada año se manifiesta también de manera pública y en muchas escuelas y centros de trabajo de la propia UNAM, se producen paros. Se supone que se detienen actividades para organizar los actos de protesta que se organizarán (marchas, manifestaciones, peticiones específicas a la administración actual de este país, etcétera).
En el caso de la Facultad de Ciencias, me tocó ver que se inició un paro "activo", es decir, en donde no hay clases pero todas las demás actividades administrativas se mantienen funcionando. La única condición que se puso a los grupos de estudiantes que promovieron el alto a las actividades académicas, es que hubiese al menos 30 personas en actividades que tuviesen que ver con la razón del paro. Curiosamente, el paro se acabó cuando el sábado 1 de octubre no hubo quórum suficiente. Sin embargo, el grupo de estudiantes que organizó el paro le pidió a la dirección mantenerlo para que el día 3 de octubre (lunes), se hiciese una asamblea pues hay una serie de temas sin resolver. La dirección aceptó.
En esa asamblea, que duró no sé cuantas horas, se propuso mantener el paro activo hasta el lunes 10 de octubre. Y más allá del 2 de octubre o Ayotzinapa, el asunto es que este grupo de estudiantes quiere una enfermería, un sistema de apoyo de salud física y mental para los estudiantes de Ciencias, además, se pidió que se analizara el tipo y calidad de comida que se expende en la Facultad, entre otras peticiones. El director accedió a todo eso pero aún así, la facultad sigue sin abrir sus puertas para dar clases.
Y miren, el asunto es analizar si estos paros de actividades académicas sirven de algo. Por ejemplo, en el caso del 2 de octubre no parecen servir de mucho, pues incluso los involucrados ya murieron. Y sobre el caso Ayotzinapa pues sigue sin resolver quiénes fueron los culpables, los que ordenaron la matanza, etcétera. Y mer parece muy bien recordar estos hechos para que los gobiernos sepan que los pueblos no olvidan, pero en el caso de las actividades académicas, no colaboran estos paros para nada: detienen las actividades, no hay clases, se pierde el tiempo (el cual después hay que reponer) y el semestre siempre está con riesgo de perderse.
La Facultad de Ciencias, en los últimos tiempos, ha intentado no confrontar a estudiantes descontentos por los diferentes temas y situaciones que suelen presentarse en la escuela, por ejemplo, los sueldos a los profesores de asignatura, la falta de becas, la defensa de las mujeres, etcétera. Casi acepta todas las propuestas de los estudiantes y revisa los problemas para que las condiciones de estudio sean las adecuadas. Muy bien, pues así como hace la tarea la dirección de la escuela ¿qué tal que los estudiantes hagan su tarea, es decir, estudien?
En mi opinión, la UNAM debe dedicarse a las actividades académicas. Para dedicarse a hacer política hay otras instancias. Nuestra universidad es sin duda un baluarte en lo que se refiere a una posición crítica ante las arbitrariedades de los gobiernos, pero no perdamos el punto, la UNAM hace su tarea académica y sus egresados entonces que salgan al mundo real y enfrenten todas las atrocidades que nos toca vivir.
Cabe decir que los paros "activos" sólo tienen una víctima, los estudiantes. Yo como profesor de la Facultad de Ciencias, no recibo menos sueldo o detienen mi pago quincenal. El problema es que los días que se pierden retrasan a los estudiantes en sus trabajos del semestre, se desfasan del calendario, obliga muchas veces a usar días de vacaciones para reponer los días del paro activo, etcétera. Vamos, no se gana nada haciendo estos paros activos, más bien todos perdemos.
Dejemos de poner a la UNAM como botín político. Mientras se actúe así, no podemos progresar ni sacar mejores egresados, entre muchas otras cosas.

