Se jugó la final de futbol, de la Copa Mundial de la FIFA, y ganó España. Argentina, el campeón defensor, no tuvo un juego siquiera reconocible. No hubo prácticamente no más de dos tiros a gol por parte de la albiceleste, contra decenas de tiros de los españoles. A España le anularon dos goles que son para la polémica, pero metieron uno con el que fue suficiente para ganar el juego. Parece ser pues, un resultado justo.
Y como todo partido de futbol, como toda gesta deportiva, el encuentro debió haber terminado de otra manera a la que se espera de un encuentro deportivo. Los perdedores y vencedores se dan la mano y listo. Hoy un equipo fue mejor que el otro. No hay mucho que discutir. Pero no fue así: los perdedores mostraron su peor cara. Insultaron cuanto pudieron a los jugadores rivales. Hubo connatos de violencia y golpes. Un espectáculo que deja un mal sabor de boca.
Y hoy con las redes sociales, todas estas actitudes se expanden a los ciudadanos argentinos Los insultos a todos aquellos que no le iban a Argentina se mostraron en videos, tuits y posts de Facebook. Pero nada de esto es gratuito ni coincidencia. Todo empieza mal cuando en un partido de futbol alguien mete un gol y se detiene frente las gradas a festejar, con actitudes arrogantes (véase la primera foto que ilustra este artículo), de burla a sus rivales, mostrando pues que ni siquiera entienden estos millonarios en calzoncillos, que degradan el futbol, deporte al que han dado su vida.
Hay que reconocer que la FIFA logró lo de siempre, que los equipos mundialistas estuviesen casi embebidos en un aura patriótica. Ganar o perder no era ya una cuestión de dos equipos, sino un asunto de países. Y eso también está mal y es ridículo peo se tolera. ¿No vimos una pancarta que apareció en el partido Inglaterra contra Argentina, que decía que "Las Malvinas son argentinas"? Y ojo, el conflicto entre el Reino Unido fue en 1982.
Pero nadie es inmune a ello y eso lo saben incluso los gobiernos. Y sirve para que se nos olviden las cosas importantes. Vamos, en un mes no se habló más que de futbol, del mundial, y eso estaba en todos los medios, impresos y electrónicos. Y los profesionales de la noticia entonces inventaron las narrativas bonitas, la del portero Vozhina, de Cabo Verde, que meses atrás no era nadie, o bien, del joven mexicano Mora (Morita), que con 17 años mostraba un talento descomunal en la cancha, etcétera. Pero todo esto al final de cuentas saca de proporción las cosas. Y entonces creemos que un país es mejor porque pasa al quinto partido, o porque gana un mundial. Y no. Por ahí no son las cosas.
Soy de la opinión de que hay que poner orden en la FIFA y sus torneos. Si no pueden evitar el grito homofóbico de los mexicanos en los partidos, lo que sí puede hacer es evitar las actitudes arrogantes, antideportivas, de muchos jugadores que, antes de iniciar el encuentro, saludan a sus oponentes, pero ya en el fragor del partido, se insultan de todas las formas posibles o peor aún, se pegan arteramente incluso con intención de lastimarlos realmente.
Y reconozco: ya la FIFA castiga al jugador que se tapa la boca cuando va a proferir algún insulto. Vamos, eso se sanciona con una tarjeta roja.
Lo mismo debería hacer con el festejo de los goles. Se ha perdido -y la final de la Copa del Mundo así lo mostró- el valor del deporte, el saber ganar y más aún, el saber perder. Eso desapareció en este mundial. Argentina es un ejemplo, Ecuador es otro ejemplo lamentable y si no me creen, revisen el partido contra México. Si no se ponen las cortapisas reglamentarias, seguiremos viendo estas escenas violentas, de insultos y golpes, tanto en la cancha como entre seguidores de uno y otro equipo. Vamos, hasta localmente habría que tomar acciones. ¿No salen a cada rato los del América, cuando ganan un partido, con aquella frase de “ódiame más”?… Ahí se los dejo a la reflexión.


