Claudia Sheinbaum vive tiempos complicados como presidente de México. Ayer sábado se realizó la marcha de la generación Z, la cual estuvo apoyada por personas de todas las edades. Llenaron el Zócalo capitalino (mientras la presidente estaba convenientemente en Tabasco inaugurando alguna Obra). Hubo muchas agresiones, granaderos golpeando a muchas personas y hay un sinfín de videos y fotografías que muestran que la marcha no fue un día de campo.
Cabe
señalar que Sheinbaum estuvo, la semana anterior a la marcha, mostrando en la
pantalla de video de la mañanera, los perfiles de muchos jóvenes que invitaban
a la marcha. Cabe también decir que el propio gobierno dijo que se gastaban
millones y que había no sé cuantos miles de “BOTS” para apoyar la marcha del
sábado pasado. Yo no sé de dónde sacan
as cifras (hablan de 90 millones de pesos para promover la marcha), y tampoco
sé quién es capaz de dar este dinero y a quienes. La cuestión es que estas
cifras se lanzan al aire con la intención que la gente las crea sin preguntarse
su validez. El gobierno sabe que los ciudadanos tienen cosas más importantes
que andar revisando cifras y por ello, todo lo que se diga es indemostrable al
final de cuentas.
Lo que me
parece sumamente interesante es que en la política de nuestros países, y más
que ahora hay tantos medios de comunicación alternativos a los canales
oficiales, los gobiernos no pueden estar tranquilos. Parece ser la mejor
estrategia de quienes nos gobiernan, sin embargo, tratar de hacer como que aquí
no pasa nada. ¿Pero es así?
Tenemos
muchas pruebas de la represión que hubo en la marcha, los granaderos golpeando
gente, etcétera. Por otra parte, tenemos que el asesinato de Carlos Manzo
obligó a la presidente a inventarse un plan de rescate a Michoacán ¿Hasta
ahora? Tuvo que ser hasta que mataron al alcalde de Uruapan, porque un par de semanas
antes habían matado a un líder limonero, que el gobierno tuvo que moverse. Y
ahora están intentando con esta narrativa de los números: 10600 policías de la
Guardia Nacional, más escuelas, más becas, más todo, 57 mil millones de pesos
para apoyar a un estado que han dejado a su suerte por años.
Pero no sólo
es Michoacán el estado problemático. Sinaloa sufre de algo peor: un gobernador que
está coludido con el narco que además, fue puesto por AMLO, como el propio
gobernador apuntó. Y mandaron a Harfuch al norte a lidiar con la criminalidad
desatada. Y hasta donde entiendo, aún no logra pacificar la zona. Y es que
seamos francos, el país está gobernado por el narco en muchas partes de la República.
El país se
le puede salir de las manos. El discurso gubernamental de que la presidente
tiene un 80% de aceptación ciudadana no la cree ni el propio gobierno. La
realidad es que el poder tiene una línea difusa entre tener el control o tener
que vivir con un posible Estado fallido. Y esto último podría llevar a algo peor,
que es el eventual derrumbe de un sistema que ya sin el líder intocable, podría
caerse a pedazos.
Quizás estoy
exagerando sobre lo que podría pasar en los próximos meses, pero es claro que
el gobierno actual tiene que empezar a crear la imagen de que de verdad está trabajando.
Mientras siga como el tío lolo, me parece que pierde credibilidad y que cosas
peores podrían pasar.
