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Thursday, November 13, 2025

De mañaneras a mañaneras

 


Corríjanme si me equivoco, pero creo que las conferencias mañaneras no las inventó AMLO, sino Chávez, el cual las convirtió en una herramienta política de propaganda gubernamental. Chávez tenía además –me parece– un programa de radio todos los días, donde incluso cantaba y decía cuanta tontería se le ocurría. AMLO tomó el modelo de la mañanera venezolano bajo el falso argumento de ser un ejercicio de información para la ciudadanía. Pero desde esta tribuna se lanzó a dividir al país, a polarizar posiciones políticas, a decir que él había sido el presidente más atacado, que los intelectuales orgánicos (a saber lo que esto significa), los poderosos, los  neoliberales, los conservadores, en resumen, todos, estaban en su contra. Pero él tenía un as bajo la manga: el pueblo, bueno y sabio que lo protegía (eso sin contar con sus “detentes”, valiente idiotez).

Claudia Sheinbaum, por su parte, cuando ganó las elecciones, decidió que haría una mañanera como la de su antecesor. Nada más que ella no tiene ni remotamente el carisma de López Obrador. No tiene la ciega admiración ni de los políticos de su propio partido, que ignoran sus llamados a la justa medianía, a no ostentar riquezas, viajes a todo lujo, etcétera. Vamos, como líder político Claudia deja mucho que desear.

Pero seamos sinceros, quien preside al país lo debiese hacer para gobernar. No es un concurso para ser popular. La presidente tiene que tomar decisiones importantes todos los días, lo cual nos afecta muchas veces a todos los ciudadanos. El problema es que muchas decisiones o se toman tarde o bien cuando las cosas se ponen feas, por ejemplo, con el crimen del presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo.

No es gratuito todo este circo del “plan Michoacán”, el cual se tuvo que hacer más rápido que nunca porque los medios, que de alguna manera son el termómetro de la sociedad. Marcan un descontento que ya no es fácil ignorar. Y en la narrativa de este gobierno, dicen que este programa contempla recursos por 57 mil millones de pesos, con 12 ejes en donde se atacarán los problemas de delincuencia que tiene la entidad. Y pueden decir misa, porque en el papel son únicos e irrepetibles. Lo malo es que la realidad siempre les escupe en la cara en el momento menos esperado.

Y al gobierno le encanta, en su discurso, etiquetar todo: “plan Paricutín”, “banco del bienestar”, “IMSS bienestar”, etcétera, aunque esto sólo sean palabras soltadas en un contexto que cada vez menos gente les cree. Pero no me crean y vayan a su clínica del IMSS por sus medicamentos. Muchas veces simplemente no hay. Y siguen sin poder resolver esto, aunque en su narrativa “ya tienen el 96% de las medicinas”, asunto que en el mundo real resulta falso.

El gobierno mexicano tiene una obsesión por tomar el micrófono. Por ello siempre que llegan los políticos hay templetes, sonido local, paredes de poliuretano con letreros que etiquetan por qué se están reuniendo ahí. Desde luego que además, siguen con la imagen que el gobierno ha propuesto. Y entonces desfilan los políticos hablando maravillas de los otros políticos, sobre todo si son de mayor jerarquía, amén de continuar con esta idea de que este país va de maravilla. Es un espectáculo que cada vez se cree menos.

La realidad, sin embargo, sigue molestándolos y entonces, ante el aviso de una marcha de la generación Z, tiemblan como gelatina, indicando que “hay que averiguar quiénes organizan esta marcha, a qué intereses políticos obedece”, etcétera. Es que es cierto, a nadie le gusta que le contradigan o que le reclamen y menos al gobierno, que siempre quiere dar una imagen de eficiencia y perfección aunque sepamos, como mexicanos, que desde siempre todos los gobiernos que hemos tenido son todo eso menos lo que presumen ser.

Wednesday, June 29, 2022

Agraviar a todos



Después de más de tres años de gobierno, de las intragables mañaneras en donde el presidente López Obrador agravia a todos, en donde sólo él sabe cómo se deben hacer las cosas, en donde se refleja este personaje como un dictador como en los mejores tiempos del PRI, me queda claro que no hay mucho más que hacer para revertir semejante actitud. AMLO en su soberbia de poder puede usar la tribuna gubernamental y atacar a todos, a periodistas, a científicos, a los de la clase aspiracionista, a los que hacen maestrías y doctorados y más aún, a aquellos que estudian en el extranjero, porque "sólo aprenden a robar". Y así, en cada caso, a cualquier circunstancia adversa a su gobierno, el presidente dirá que son los conservadores, los neoliberales, los que están muy molestos con este gobierno porque se les acabaron sus canonjías. En fin, aquí el único que tiene todo bajo control es e´l, en un país que no existe, en donde según el presidente todo mundo es feliz y que además, no hay corrupción y que para colmo, vamos a tener un sistema de salud como el Dinamarca (aunque en el fondo, no haya medicinas desde que entró su gobierno). Y ni hablar de la inseguridad que nos es cada vez más cotidiana. 

Pero más allá de toda esta situación, ya el presidente no tiene tapujos para insultar con todas las letras. Por ejemplo, ahora le ha dicho al periodista Alazraki que es hitleriano. Válgame. Y todo porque este señor se reúne con otros anti AMLO para mostrar la cantidad de errores que se ven en su administración. Y esto ya se salió de control. López Obrador sabe que nadie le dirá nada en la mañanera, nadie le reclamará esta actitud de agravio que francamente ya cansa. Se expresa así porque se siente el más poderoso y en su loca cabecita llena de ego, no distingue ya entre lo que él imagina y la realidad, que aunque le pegue diariamente en la cara, él evade con "tengo otros datos", "ese cochinero ya estaba ahí", "es herencia de Felipe Calderón", etcétera.


Curiosamente los llamados a la prudencia, a dejar de agraviar a todo aquel que no coincide con lo que dice López Obrador, caen en saco roto. Acostumbrémonos pues a esta retahíla interminable hasta el fin del sexenio, en donde en cada mañanera seguirán existiendo estos enemigos que quieren desestabilizar al país, a su gobierno -el de la cuarta transformación- en donde al final de cuentas es una narrativa que no tiene consecuencias porque seamos francos: este país no sólo no está mejor que antes, sino que está definitivamente peor de como lo dejó Peña. Y yo que pensaba que después de Peña no podía haber nada peor pero de nuevo, me equivoqué.

Tuesday, April 20, 2021

El mesiánico tabasqueño contra la realidad




Yo no tengo ya dudas que el presidente López Obrador no gobierna. Cada mañana sale a decir un racimo de ideas inconexas, a mencionar todo a partir de generalidades como "estamos trabajando todos los días" cuando no tiene manera de dar una respuesta coherente. Cuando dice algo y el periodista que le pregunta le increpa con datos el asunto, entonces el Peje sale con "antes era como dices, pero no somos iguales, ya las cosas cambiaron". Y de nuevo, no dice nada. En resumen, sólo habla, se siente único e irrepetible y sus mañaneras son básicamente la sustitución del púlpito en misa en donde ahora el sacerdote es un tabasqueño que se siente el Mesías, que tiene las respuestas para todo y cuando no, entonces "tiene otros datos".

López Obrador es una pena como presidente. Todo lo hace por un lucimiento personal, para que la gente hable de él. Por eso viaja en aviones comerciales, porque así hace creer a la gente que es como ellos. Por eso antes de ser presidente se le veía en ocasiones en el Metro. Porque es del pueblo. Por eso no se sube al avión presidencial, porque es un insulto a la pobreza del país, aunque es igualmente un insulto tener semejante aeronave sin uso porque sólo se deprecia y se echa a perder, y para colmo, sigue costando mucho dinero mantenerla.

Pero eso a Andrés Manuel no le importa. Lo que le parece fundamental es salir cada mañana a oficiar misa gubernamental, a despotricar una y otra vez contra esos enemigos suyos: los intelectuales orgánicos (que quién sabe qué quiera decir con eso), o los de los partidos conservadores, que no quieren el cambio y al contrario, buscan perpetuar el estado de las cosas como antes de que llegara AMLO, etcétera. Para el presidente, o estás con él o estás en su contra. No hay matices y además, sabiéndose respetado políticamente y siendo el jefe del ejecutivo, decide a su antojo, sin consulta a nadie (o cuando consulta es al "pueblo bueno", otra de sus farsas). Y así elimina de tajo un proyecto de aeropuerto y manda construir con los militares el suyo. No le importa que quede más lejos al respetable, no le importa nada, sólo su opinión es la que vale.

Y es entonces un dictatorcillo de quinta, que no puede enfrentar la realidad. Y actúa como la Chimoltrufia, el personaje de Roberto Gómez Bolaños, que "tanto como dice una cosa dice otra" y entonces, un día dice que no va a vacunarse. Después dice que sí, pero indica que no se vacunará públicamente porque no quiere que se preste a circo aunque al final del día se presta al circo mediático y se vacuna frente a las cámaras. 

Y es que el puesto de presidente para el peje es el del autoelogio, en donde en su fuero interno cree que la gente lo admira, cuando lo único que logra es mostrar que es un inepto para el puesto. Lo triste es haber estado tantos años buscando la presidencia para terminar con un remedo de dictador tropical que no entiende de economía, que miente cuando no sabe, que sabe poco (y de ahí su sarta de mentiras cotidianas) y que además, cree que su criterio es el único que pinta.

Así las cosas. Yo creo que López Obrador tenía vocación de sacerdote y ante la imposibilidad de haberse convertido en eso, ha hecho de las mañaneras un ejercicio de esa naturaleza. Habla sobre para qué comprarse otro par de zapatos si ya se tiene uno. Habla de olvidarse del dinero, aunque como buen sacerdote, vive como rey en un palacio. Por ello este ejercicio de lo que iba a serr una conferencia informativa cada mañana es en realidad esta absurda necesidad de aparecer en los medios a todas horas. Mentir no importa, maquillar datos, sentirse dueño de la verdad y mostrar una ignorancia supina y cotidiana. incluso en la manera de expresarse, puede parecer sin importancia, pero ya veremos cuando nos caiga la realidad económica. Y de ahí ninguna de sus mañaneras nos va a salvar. Y ahí conoceremos la realidad.