Este México ha sido secuestrado por la
política. Esta es una actividad sin duda muy lucrativa, pues cada vez más gente
quiere ser candidata a un puesto público. Ahora que lleguen las elecciones
veremos tapizado el país, bardas, autobuses, anuncios espectaculares, etcétera,
con las propuestas de estos nuevos candidatos (y algunos de mucha experiencia),
que dicen saber cómo hacerlo, cómo sacar al buey de la barranca y por ende
mejorar a este país que se cae a pedazos. Y es que los gobernantes, locales o
de plano a nivel federal, saben que no importa qué hagan, siempre habrá quien
se oponga y que apunte que lo que hacen es malo, chafa, nefasto para el
país, etcétera.
Pondré un ejemplo: López Obrador ha
decidido hacer en este sexenio tres grandes obras: un aeropuerto (el AIFA), que
está lejísimos y que no se paran ni las moscas. Pero más allá de esto, la
necesidad de un aeropuerto moderno, que quitara la saturación del Aeropuerto
Benito Juárez, simplemente no se cumplió. Este gobierno hizo un aeropuerto
chico, con el 10% de la capacidad de lo que se planeó con el NAIM, el cual
López Obrador terminó por cerrar cuando llevaba un 30% de avance. Pero si esto
fuera poco, mandó hacer una refinería que sigue sin producir gasolina pro peor
aún, está muy mal planeada incluso a nivel distribución. Y si esto no es suficiente, se acaba de inaugurar el Tren Maya, que en su viaje
inaugural tuvo problemas técnicos amén de un servicio de restaurante caro y
malo. Para colmo, falló el aire acondicionado del transporte. Y esto es apenas
la 3a parte de lo que se supone se va a hacer con el Tren Maya. De acuerdo a
Ursua, esta obra tiene problemas
enormes y desde luego, ya no le alcanza el sexenio para terminarla.
Y sin embargo, no importan las críticas.
Aquí se hace lo que dice el Presidente, sin importar si tiene sentido o no. Por
eso ser político es redituable: Basta tener la piel dura para que las críticas
no las sienta ni le importen.
Pues bien, hace unas semanas Samuel García,
el gobernador de Nuevo León, se andaba lanzando como candidato a la presidencia
por Movimiento Ciudadano. Parece ser que a López Obrador le encantó la idea
pues finalmente esto podría quitarle votos a Xóchitl Gálvez. Pero hubo
reacomodos en la política de nuestro bananero país y de pronto Samuelito
renunció a sus aspiraciones y regresó a gobernar el estado. Y se habrán
generado dimes y diretes sobre las razones de este abrupto regreso a ser
gobernador aunque en el fondo, parece que los políticos se la pasan
repartiéndose el país.
Lo simpático y patético al mismo tiempo es
que Mariana Rodríguez Cantú, esposa del gobernador de Nuevo León, Samuel
García, ahora es la Precandidata alcaldesa de Monterrey. Seguramente "de
lo que se come se cría" y que la joven mujer decidiera entrarle a la
política habla de que el poder lo permea todo (o mejor dicho, la posibilidad de
tener el poder). En su descargo habría que decir que, de acuerdo a la Wikipedia, Mariana es
descendiente de Viviano L. Villareal, gobernador del estado de Nuevo León en
1879; de Evaristo Madero Elizondo, gobernador de Coahuila de Zaragoza en 1880
y, de acuerdo con Samuel García, de Gustavo A. Madero. Y entonces, quizás con
estas fabulosas credenciales familiares, la esposa del gobernador se lanza en
campaña y desde luego la misma hace agua casi inmediatamente con declaraciones
como esta: "La única experiencia [para gobernar] que necesito es la del
corazón".
Dicho de otra manera, la nueva precandidata es víctima de su propia vanidad. Como está en el ojo público cree que es admirada por todos y por ello la idea de un puesto público le agrada y ademásw, seguramente ella cree que incluso, lo merece. Pero la realidade es que estamos ante la
imagen de una improvisada para gobernar, para –efectivamente– hacer de México
una mejor nación.
Así las cosas. Este es
el país bananero y lamentable en el que nos tocó vivir.
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