Hace años conocí a una joven mujer que parecía tener muy claros sus principios. En alguna ocasión me dijo que le gustaría adoptar a una niña palestina. Yo no dije nada, porque estoy bien educado. Pero para mis adentros pensé que habiendo tantos niños mexicanos en orfanatos, ¿Qué necesidad habría de que la niña adoptada fuese de Palestina? ¿Acaso eso hacía a mi amiga mejor persona? Siendo francos, no entendí ese afán de hacer una buena obra pero condicionando a este tipo de situaciones, como que la pequeña tuviese que ser extranjera.
Y digo esto porque vi un cartel que muestra una convocatoria para ir a romper el cerco de los israelíes en Gaza y llevar por mar ayuda humanitaria. Y no faltará quien se sienta casi Juan Escutia envuelto en el lábaro patrio, para ir hasta ese lejano lugar y así poder ayudar humanitariamente a los que padecen ese conflicto.
En septiembre/octubre del 2025, esta convocatoria de ayda humanitaria a Gaza llevó a seis mexicanos a esa aventura, pues un conjunto de barcos, llamados Global Sumud Flotilla, con 44 embarcaciones. Pero fueron detenidos por las fuerzas armadas israelíes. los tripulantes de la misión fueron transferidos al centro de detención de Ketziot, ubicado cerca de la frontera con Egipto. Había seis mexicanos a bordo: Carlos Pérez, Ernesto Ledesma, Sol González, Arlín Gabriela Medrano, Laura Alejandra Veléz Ruiz y Diego Vázquez. La UNAM (porque había miembros de la comunidad universitaria en el barco detenido), exigía la liberación de los encarcelados. La Presidente Sheinbaum también opinaba contra la intercepción de estas embarcaciones.
Los activistas mexicanos se estaban jugando la vida. Si los israelíes los hubiesen matado, habría sido un escándalo internacional que probablemente habría durado un par de semanas y entonces, nos habríamos olvidado del caso. Pero por suerte, no los mataron y regresaron a tierras aztecas. Arlín Gabriela Medrano fue entonces noticia por sus declaraciones al llegar a México y por mostrarse como una activista aguerrida. Una especie de Greta Thunberg "región 4".
A pesar de sentirse héroes, que es como algunos medios quisieron poner a estos aguerridos mexicanos que fueron a romper el cerco israelí y lograr llevar ayuda humanitaria, hubo otra opiniones en donde se hablaba de lo ridículo de ir hasta Gaza para ayudar cuando en México hay comunidades que requieren ayuda tan urgente como en esa zona de conflicto. Pero claro, esto no vende, esto no hace a nadie un héroe.
Hoy hay otra convocatoria para ir en una embarcación y romper el cerco israelí. No faltará quien vaya a rifarse el físico quizás para mostrarse su valentía ante incluso, loa posibilidad de perder la vida. Muy romántico, muy idealista quizás, pero una mala idea porque los conflictos internacionales de esta magnitud no se resuelven con flotillas marítimas viajando a Gaza. Solamente los líderes internacionales son los que pueden cambiar el rumbo de estas naciones y terminar con los conflictos.
Recuerdo al gran maestro de ajedrez Siegbert Tarrasch, un judío alemán profundamente asimilado a la cultura alemana de su tiempo. Como muchos intelectuales y profesionales alemanes en 1914, recibió el inicio de la Primera Guerra Mundial con un sentimiento de deber patriótico hacia el Imperio alemán. Tarrasch creía en el deber cívico y en ese contexto cultural, era común que los padres consideraran el servicio militar de sus hijos como una obligación honorable.
Curiosamente, aunque no hay evidencia sólida de que expresara orgullo por la muerte de sus hijos en combate. Las fuentes biográficas indican que quedó profundamente afectado y entristecido por la pérdida de Hans (1915) y Friedrich (1916). Como muchos padres de la época, probablemente coexistían dos sentimientos: Sentido del deber y honor nacional y dolor personal devastador. De hecho, no hay testimonios que lo presenten celebrando o glorificando la muerte de sus hijos. Más bien, los biógrafos coinciden en que fue un golpe emocional serio.
Y ese es el punto a tocar: la vida es muy valiosa y sí, es muy idealista el dar la existencia por una causa, por principios fundamentales, pero seamos francos, no tenemos más de una vida. Quizás sería mejor ver cómo ayudar en nuestro propio entorno antes de andarnos proclamando el activista del año, buscando el Nobel de las Paz o denunciando las barbaridades de Gaza. Simplemente en México tenemos situaciones críticas, terribles, en muchas poblaciones que mueren de hambre, que no tienen nada.




