Saturday, September 30, 2017

De sismos y ciudadanía



Dentro de un par de días habrán pasado dos semanas desde el espantoso sismo del 19 de septiembre del 2017. Como pasó en 1985, la ciudadanía se volcó para ayudar a mucha gente que quedó atrapada en edificios y construcciones colapsadas. Como hace 32 años, el gobierno resultó casi de adorno y hoy, gracias a las redes sociales, hubo una comunicación que no se pudo tener en el 85.

Ahora los ciudadanos tienen voz y opinan -muchas veces sin bases- de cuanto tema se les ocurre. Las redes sociales guardan todos esos bytes de las infinitas discusiones e intercambios de opiniones y esto enriquece nuestro entorno muchas veces.

Sin embargo, cuando ocurren los sismos y pasa gradualmente la emergencia, entonces no faltan los personajes que en el sitio de videos más famoso del mundo, YouTube, expresan sus opiniones sobre lo que se debe seguir haciendo o bien, sobre lo vivido y lo que se espera que ocurra con la ciudadanía.

Y así tenemos a varios actores y actrices, como Eugenio Derbez, que siempre tiene que promoverse en cuanto lugar puede, a decir que él no esperaba ver que la ciudadanía hubiese actuado como actuó después de la sacudida que nos dio el sismo. Y supone que ya México cambió y que ganamos un nuevo México en donde la corrupción y el egoísmo se quedan atrás. Pero la realidad es que todo su discurso son palabras huecas porque hay algo que rebasa todas las buenas intenciones, el sobrevivir día a día.

Y sí, quisiéramos pensar que México cambió, pero no lo veo realmente. Por ejemplo, ¿se va a reconstruir la ciudad? Suponemos que sí por lo que sí por lo que dijo Peña Nieto. ¿Y los fondos apá? ¿Y la transparencia? Bien gracias. ¿Por qué nadie levanta la voz para que se dé una relación de donativos y del cómo se usará, del cómo acceder a ellos? De eso nada.

Lo grave es que todo eso los políticos lo saben y no dirán nada porque entienden perfectamente que con el correr del tiempo regresaremos a lo que es México, este país desorganizado, mal hecho, que no sirve (dixit Russek), en donde el que no tranza no avanza y en el que eventualmente los del poder decidirán sobre el futuro de todos nosotros pero siempre a favor de ellos.

Nada va a cambiar porque simplemente no hay líder moral en este sentido. Ya más de uno dirá que está López Obrador, y aunque no tiene cola que le pisen, es claro que con este país de tramposos y en donde jamás se respeta la decisión en las urnas, que llegue a la presidencia será imposible y por ende, terminará el Peje mandando al diablo a las instituciones y vivirá hasta su último respiro gracias a su partido, Morena.

Y lo peor es que si este escenario se cumple no pasará nada. Todo seguirá igual. El sismo cimbró 50 segundos a esta ciudad y quizás a este país por entero, pero será como esas catástrofes que habremos de apechugar porque la vida sigue. Yo dudo que algo cambie sin un líder verdadero, uno que ponga a temblar de verdad a la farsa institucional, uno que de verdad termine ganando las elecciones y juzgando a todos estos ladrones de cuello blanco que cada seis años llevan a este país a la quiebra. Mientras no exista algo así, todo habrá de pasar como si nada.

Y si alguien cree que las redes sociales, sus críticas, sus memes, sus videos, todo lo que se ve en ellas, incide para que las cosas cambien, pues les tengo noticias. No es así. Los políticos lo saben, los del gobierno lo saben. Son válvulas de escape de la ciudadanía en donde podemos mentar madres y decirle al presidente que chingue su madre, pero eso no cambia un ápice a este país, aunque quizás le da más calma a quien insulta al mandatario, el cual -cabe decir- ni nos ve y ni nos escucha.

Así pues, todo quedará en esas buenas intenciones, aunque de buenas intenciones esté empedrado el infierno.

Sunday, September 24, 2017

32 años después y seguimos sin aprender nada



México es un país en donde la simulación es cotidiana. Nos hablan de que hay leyes para todo, pero en el fondo todo termina en la corrupción en todos los órdenes de la vida. Y así como hay corruptelas para otorgar proyectos millonarios, también las vivimos cuando el policía nos detiene por una falta de tránsito, sea real o ficticia, que se arregla normalmente con una mordida. A eso mi hermano le dice "simplificación administrativa", en una de sus ironía.

Pero con el sismo del pasado 19 de septiembre regresamos a lo que ocurrió hace 32 años. Hubo un simulacro de sismo a las 11 am en todo el país, pero eso y nada es lo mismo, porque no hay compromiso, porque nadie se lo toma en serio, porque en dicho simulacro no se da nada parecido a lo que pasa en un sismo. Me explico: yo estaba en la sala de cómputo de la biblioteca de la Facultad de Ciencias, y me informaron que diez minutos antes de las 11 cerrarían la misma "para que todos fuesen al simulacro y nadie se quedara trabajando". Entonces, 10 minutos antes salimos todos de la sala de cómputo, con nuestras pertenencias.

Pero dos horas y 15 minutos después ocurrió el movimiento telúrico y ahí vi salir a gente corriendo, cosa que en principio debería de evitarse. Ahora el laboratorio donde daba clases se quedó vació en menos de un par de minutos y muchos alumnos no sacaron sus pertenencias. Simplemente dejaron todo en el salón (y así hice yo).

Y entonces comenzó una errática organización al respecto. Los ingenieros, coordinadores, y demás personajes académicos de la Facultad de Ingeniería, comenzaron a organizarse y lograron en menos de una hora tomar decisiones importantes. Cerraron la Facultad y hallé que toda Ciudad Universitaria sería desalojada.

Como no había transporte público, caminé desde la Universidad a casa de mi madre y no parecía haber daños en los edificios por el trayecto en el que estaba. Ya comenté que llegué a casa de mi madre y no había luz, la cual llegó a las  5 de la tarde y entonces enfrentamos las mismas escenas que se vivieron hace 32 años, y el mismo caos, y los mismos voluntarios espontáneos y la supuesta coordinación del gobierno en el desastre.

Con el paso de las horas y los días, ahora con Internet y las redes sociales, hemos leído sinfín de peticiones de ayuda, de material, de comida, de materiales como picos y palas. Y entonces se apela a la sociedad civil a que lleve generadores de electricidad, materiales como los mencionados, comida, agua, etcétera. Y no es que eso por definición esté mal, pero yo me pregunto: ¿Y el fondo para los desastres nacionales que tiene unos 9 mil millones de pesos, dónde está? No he visto que se haya comprado una sola pala, un solo pico, con dicho fondo. Y además de eso, tenemos empresas como Google y Facebook, en donde cada una ha donado un millón de dólares para ayudar en la tragedia. Salma Hayek donó 300 mil dólares y el Vaticano sólo 150 mil dólares, que me parece casi una grosería siendo el propio Vaticano, pero en fin. El asunto es que ¿a qué cuenta depositaron? ¿Cómo se puede acceder a ese dinero? ¿Por qué en este sentido nada se transparenta? ¿Cómo podemos saber los mexicanos que ese dinero se ha usado para lo que fue donado y no para embolsárselo?

La realidad es que de nuevo, estamos actuando como hace 32 años, pero con el agravante de que no aprendimos nada. Nuestra cultura de la prevención es otro mito del gobierno y además, a la hora de apoyar, el gobierno se hace "pato", como se dice coloquialmente, es decir, no se ve que realmente el gobierno federal haga su tarea. De nuevo, en su mayoría las cosas se están haciendo gracias al esfuerzo ciudadano.

Y me pregunto ¿por qué no hemos hecho nada en serio en estos 32 años? Tenemos a las fuerzas armadas que no entran ninguna guerra des de hace muchos más años y que cuesta al Estado mucho dinero. ¿Por qué no se organiza de verdad algo entre los militares y la ciudadanía para que en el momento de que ocurra el sismo estemos ya con un plan de trabajo? Sí, no podemos saber qué edificio se caerá y dónde habrá que acudir, pero si de verdad hubiese organización, bien podríamos tener de inmediato los fondos listos para ser usados en el desastre. Y si he pensado en las fuerzas armadas es porque ahí están, porque supuestamente tienen ya disciplina castrense y bien que mal, podrían organizar efectivamente las operaciones de rescate con un liderazgo claro, como por ejemplo, en lo que se refiere a suministros de agua, comida, materiales, motosierras, elementos de higiene, vendas, medicinas, etcétera.  Quizás, para evitar que con el tiempo esta organización se maleara o se corrompiera, debería haber un contrapeso ciudadano. Y tener un seguimiento constante porque creo que tampoco hemos aprendido que vivimos en una zona sísmica.

Yo no quiero pensar que de pronto un país nos invadiera porque si así fuera, no habría la mínima organización para repeler cualquier amenaza a la nación. En la Segunda Guerra Mundial, los Aliados trabajaron con disciplina y todo el desarrollo fue para apoyar el esfuerzo de la guerra. Hoy, que no estamos en guerra con nadie, no podemos lidiar con estas catástrofes naturales porque nunca nos hemos organizado de verdad, porque nos han vendido la mentira de la protección civil y de la cultura de la prevención. Nada de eso sirve.

Vamos, que lo más lamentable es que no veo ninguna iniciativa al respecto y con el tiempo olvidaremos todo esto que está pasando y nos acordaremos de nuevo cuando nos llegue el siguiente sismo. Parece que al mexicano le gusta improvisar y nunca se piensa preparar de verdad. Triste realidad que vivimos.

Tuesday, September 19, 2017

Se repite la historia 32 años después



Hoy hubo un simulacro de sismo en todo el país. Yo estaba en la Facultad de Ciencias y me dijeron que cerrarían laboratorios de cómputo para que nadie se quedara en ellos y participara en el simulacro. A las 11 sonó la alarma y la gente se arremolinó en los lugares destinados para un evento de estos. Pasaron quizás 10 minutos y todo terminó.

Regresamos todos a nuestras actividades. A la 1 pm fui a Ingeniería a dar mi clase y cuando explicaba las bondades de Linux de pronto vi que todos los alumnos se paraban... Y entonces noté que estaba temblando. Salimos todos con prisa y en la salida del edificio vimos cómo parecían romperse algunos cristales. Es una situación pavorosa. Yo ni siquiera me fijé en mis cosas, simplemente salí al sitio oficial de reunión para estos desastres naturales. Un par de segundos dentro de las instalaciones podrían ser claves para salvarse.

Cuando salimos todavía vi un poste de luz que se mecía. Pienso que fue un sismo muy corto, no lo sé, pero tengo la impresión que si acaso duró 40 segundos, los cuales finalmente son suficientes para hacer mucho daño. Estuvimos en el punto de reunión una hora más, hasta que se nos permitió entrar a los laboratorios. Mis alumnos pasaron ordenadamente, recogieron sus cosas. Yo hice lo propio y salí. Desde luego la UNAM cerraría para ver los posibles daños.

Como todos salimos prácticamente a la misma hora, los PUMAbuses no eran suficientes. Me fui caminando a la estación Ciudad Universitaria del MetroBús. Vi enormes filas que se arremolinaban y además, no pasaban los autobuses. Decidí entonces regresar a pie.

Habré caminado 20 o 25 minutos y llegué a Periférico con la esperanza de tomar algún transporte. El tránsito desquiciado. Decidí irme caminando a casa de mi madre. Había mucha gente caminando como yo. No vi ningún edificio colapsado y pensé que nada más había sido el susto. No había acceso a Internet en el teléfono y no podía saber el estado de las cosas.

Llegué a casa de mi madre, que estaba bien, aunque también se había asustado y comimos. No había luz, la cual llegó a eso de las 5 pm. Y entonces las escenas del sismo del 85 regresaron. Gente apoyando en los edificios colapsados, peticiones de ayuda, peticiones para hallar personas desaparecidas. Los primeros reportes de personas fallecidas. El caos en pleno y los medios tratando de hacer su tarea, a excepción de López-Dóriga, que se tenía que colar en la transmisión de Televisa porque su vanidad lo puede todo. Y decía frases que me hacían hasta doler del coraje, como la de que era un "nuevo alumbramiento", cuando se veía en las escenas que sacaban a una persona de los escombros. vaya pseudo-periodista que quiere hacer una gran crónica en estos momentos donde no se tiene más que informar y ayudar. Pero así es este México. Siempre habrá cretinos.

Curiosamente hoy fue el simulacro y un par de horas después el sismo. Esto pasó hace 32 años, también un 19 de septiembre y lo que se vivió en ese momento no puede olvidarse, como tampoco puede olvidarse lo que ahora vivimos. Quizás en términos estadísticos este sismo fue menos, mucho menos grave que el de 1985, pero es claro que la ciudad y el país mismo está convulsionado y tratando de rehacerse en esta situación tan fuerte.

Hoy, como hace 32 años, viví como muchos otros mexicanos, una espantosa tragedia provocada por causas naturales. No se puede hacer nada ante la fuerza de un sismo (que en algún otro mensaje de este blog buscaré calcular). Sólo resta tomar las precauciones del caso y esperar que la suerte esté de nuestro lado.

Sólo queda, por hoy, reinventarse.

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Foto que ilustra el artículo, cortesía de Fernando Romo.

Wednesday, September 13, 2017

Reto lúdico: Números palindrómicos, el problema del número 196


Un nuevo reto de la programación lúdica: Sabemos que el número 196 no se ha podido demostrar que es palindrómico. Hállese la mayor cantidad de iteraciones y el mayor número al que se pueda llegar sin que el programa falle. Ése es el reto.

Aún en esta era de la computación masiva, no se ha hallado que la conjetura sobre los números capicúas, que fue el reto de programación lúdica pasado, funcione para el número 196, la cual sigue siendo un problema matemático sin resolver. Se sabe que los números, entre el 100 a 999, 13 no llevan a ningún palíndromo. Estos son: 196, 295, 394, 493, 592, 689, 691, 788, 790, 879, 887, 978, 986. El 196 es el primero de ellos y evidentemente su retrógrado el 691 tampoco llega a ser capicúa.

Podemos entonces considerar dos grupos, el primero, conteniendo 196, 295, 394, 493, 592, 689, 691, 788, 790, 887 y el 986, y un segundo grupo compuesto por el 879 y el 978. A los números 196 y 879 se les llama “números generadores” o “semillas”. La razón de esto es que el 691 es el retrógrado del 196 por lo que son parte del mismo grupo: 196 + 691 = 691 + 196 = 887. El número 295 y el 592 llevan al mismo número, 887, después de una primera iteración, por lo que se consideran parte del mismo grupo.

En abril de 1984 apareció en la columna de Scientific American “Computer Recreations”, un artículo sobre estos patrones matemáticos   y los esfuerzos para probar la conjetura han sido extraordinarios. Por ejemplo, John Walker indica que el 12 de agosto de 1987 puso su estación de trabajo Sun 3/260 para tratar de resolver si el 196 era un número palindrómico. El programa tenía algunos controles, que se guardaban en un archivo cada dos horas y en caso necesario el sistema reiniciaba la tarea desde los últimos datos hallados en dicho archivo. Así, si algo fallaba (por ejemplo, se cortaba la energía eléctrica), podía reanudarse el proceso sin problemas. Entonces el programa corría día y noche sin intervención humana.

Dice Walker que finalmente, casi cuando se cumplían tres años de ejecución ininterrumpida del software, cinco minutos antes de la media noche, el programa mandó el siguiente mensaje:

Stop point reached on pass 2415836.
Number contains 1000000 digits.

(El número contiene 1000000 de dígitos)
(Punto de detención en la iteración 2415836)

Así entonces, el número 196 había crecido hasta un millón de cifras sin que fuese palindrómico.

Esto podría quizás considerarse el final de la historia, pero sorpresivamente en 1995, Tim Irvin retomó el trabajo de Walker usando una supercomputadora, empezando en el número de un millón de cifras y cuando el sistema llegó a un número con dos millones de cifras, encontró también que no había sido localizado ningún número palindrómico.

Irvin inició su búsqueda el 5 de julio de 1995 y después de una semana de pruebas y corrección de errores, el programa trabajó casi ininterrumpidamente, a excepción de las horas de respaldo diario del sistema. En la mañana del 22 de agosto de ese mismo año, el programa se detuvo en los dos millones de cifras, de nuevo, sin encontrar el ansiado número capicúa.

Irvin terminó su búsqueda y aunque ha jugado con la idea de seguirla, considerando que el sistema de súper cómputo se ha renovado, parece decidido a no continuar por diversas razones. Por una parte, el tiempo de súper cómputo no es barato y por otra parte, hay muchos problemas más importantes que atacar que el resolver la conjetura. No obstante esto, Irvin pone a la disposición el programa y los controles para que el sistema se detenga cuando se llegue a 3 millones de cifras.

Pero Jason Doucette, en 1999 decidió retomar el trabajo de Irvin y usando una computadora casera, entró a esta gran búsqueda. En este caso, el programador desarrolló software en ensamblador (buscando optimizar los recursos), y en 1999, el 9 de agosto, se inicio la ejecución del software, en una máquina Pentium II, a 266 Mhz. El sistema alcanzó la marca de un millón de cifras en 1 día y 18 horas, lo cual es notable si consideramos que Walker tardó 3 años casi en llegar a esa cantidad de cifras.  5 días y 10 horas después, Doucette llegó a la marca de los 2 millones de cifras. Se compararon los resultados y no se hallaron divergencias, por lo que se asume que el software no tiene errores.

La marca de los tres millones de cifras se alcanzó 8 días y 7 horas después. Desde luego, mientras mayor es el número más sumas tendrá que hacer. 13 días y 8 horas después se alcanzó la cifra de 5 millones de dígitos. Al llegar a este resultado, Doucette cambio de hardware y el programa reinició su búsqueda en una máquina Celeron, con un procesador de 400 Mhz (lejos, muy lejos, del estándar actual).

Eventualmente Doucette llegó a más de 13 millones de cifras y ahí decidió detenerse aparentemente  . Sin embargo, Ian Peter logró la cifra de 10 millones de dígitos en poco más de cinco horas. Esto lo hizo en una máquina de 500 Mhz Athlon.

El trabajo de Ian Peter es además interesante porque encontró algunos números palindrómicos que tardan más que las 24 iteraciones que la mayoría de los números necesita. En la siguiente tabla se observan estos números palindrómicos, con sus respectivas iteraciones y el palíndroma generado:

Finalmente Wade van Landingham entró a la búsqueda y a partir de casi 14 millones de cifras de Doucette, llegó a un número de 300 millones de dígitos, lo cual son casi 725 millones de iteraciones y de nuevo, parece no encontrarse el capicúa que se inicia con 196. Sin embargo, hay que hacer énfasis en que hasta el momento lo único que podemos concluir es que no se sabe si el 196 es número palindrómico. Esto sigue siendo indecidible  .
El hecho de que no todos los números sean capicúas podría hacernos pensar que existe una asimetría en la conjetura, aunque en términos reales, no es el único número que no cumple con ello. Los matemáticos se preguntan, sin embargo, ¿Qué tiene de especial el número 196?

Todo lo anterior es simplemente el preludio del nuevo reto de programación lúdica. Se trata de procesar el número 196 para ver si es palindrómico (lo cual no sabemos a pesar de que se han hecho millones de iteraciones) y entregar el número más grande al que el programa del concursante pueda llegar. Por ejemplo, si pusiésemos a trabajar el 89 y llegásemos a la iteración 24 que da 8813200023188, éste sería el valor más grande que podríamos encontrar del número con el que partimos. Pero en el caso del 196 no parece haber un límite de iteraciones y de lo que se trata es que el concursante entregue el mayor número con la mayor cantidad de iteraciones.

Cabe señalar que si hay más de un programa que llega al máximo valor, ganará quien lo haya enviado primero. El resultado es inapelable.


Al ganador (si es de la Ciudad de México), le daré una taza con el logotipo de la Morsa. Si es de otro país o de provincia, le mandaré un USB de al menos 8 GB. La razón de esto es que mandar una taza por mensajería es estúpidamente caro.

Las soluciones me las pueden mandar a morsa@la-morsa.com.

Cabe señalar que este concurso busca simplemente alentar el trabajo de la programación y mostrar que puede ser lúdica. Es un concurso de buena fe. Si hay, por ejemplo, dos o más respuestas que den el mismo tiempo al procesar la lista de 10 mil números, ganará quien la haya mandado primero. El ganador cede su código fuente a la comunidad. Es decir, se promueve el código abierto.

En este caso no hay restricción en qué lenguaje usar. El concursante tiene que mandar su código fuente, el ejecutable (si aplica) y los resultados obtenidos. El concurso tendrá una vigencia de unas tres semanas, aproximadamente. Así que manos a la obra, digo, dedos al teclado…

Ps. El concurso anterior (sobre la conjetura palindrómica) se ha cerrado y en unos días pondré quién fue el ganador. Estén atentos.

Sunday, September 03, 2017

Cómo usar las nuevas tecnologías para mejorar en ajedrez



En el 2013 estuve trabajando con Carlitos Sandoval en su ajedrez. Carlos es un joven talentoso y muy estudioso. En el tiempo que compartimos analizamos el Gambito de Rey y el Gambito Benko, aperturas que son muy dinámicas y que en algunos casos generan posiciones muy agudas. Estudiamos la teoría y llegamos a definir las posiciones claves desde donde entonces, empezábamos a jugar.

Pero esto fue sólo una parte del trabajo. Una segunda idea fue usar algún programa de computadora para jugar estas posiciones en contra del mismo y ver qué jugadas hallaba. Un problema con este enfoque es que los módulos de ajedrez hoy en día, en cualquier computadora casera, resultan demasiado fuertes para la gran mayoría de los jugadores y tan es así, que simplemente los encuentros hombres-máquina se han dejado de hacer desde hace muchos años.

Sin embargo, hay una solución, usar -como hicimos con Carlitos- una vieja Palm Tungsten, la cual tiene menos memoria, un procesador más limitado en velocidad y en pocas palabras, "recursos limitados", comparados con los que ofrece cualquier computadora de escritorio. En este sentido, hay más chances de competir contra estos ingenios y hacerles una partida decorosa al menos.

Con Carlos probamos esta idea un par de veces, una de ellas puede verse aquí. En esta particular partida del Benko, Carlitos jugó bastante bien y poco a poco llegó a una posición ganadora. La experiencia de jugar contra la Palm sin duda mereció ser repetido.

Pero hay quien me ha dicho que ya las Palm son obsoletas. Es cierto, aunque aún pueden encontrarse algunas usadas a relativamente bajos precios en Mercado Libre, por ejemplo. Pero desde luego, tenemos hoy en día programas que pueden jugar en los teléfonos inteligentes, los cuales pueden dar mucha batalla a los ajedrecistas.

Cabe decir que el programa de ajedrez en el teléfono es hoy casi un gran maestro de bolsillo, listo para jugar a la hora que sea, desde la posición que se defina y con los tiempos de reflexión que uno quiera. Por ello, es la herramienta más formidable la cual -tengo la impresión- no se ha valorado en su justa proporción.

Hay en las plataformas iOS y Android muchos programas de ajedrez, aunque claramente hay los grandes nombres como Hiarcs, StockFish, Komodo, etcétera. No obstante esto, hay mucho software gratuito que puede hacer la vida difícil a los mejores jugadores y entonces, el plan es sacar ventaja de esto para mejorar en ajedrez.

La idea es pues trabajar en una apertura, en un sistema. Ver las partidas más significativas. Decidir cuáles son las posiciones más emblemáticas, es decir, aquellas que más veces se producen y empezar a jugar a partir de ellas. Esto normalmente ocurre como en la jugada 10 o 12, aproximadamente (a veces antes, a veces después). Una vez que se tiene la posición de interés, hay que colocarla en un tablero de ajedrez y simular las condiciones de torneo. Apuntar las jugadas en la papeleta, seguir las reglas de torneo, es decir, "pieza tocada, pieza jugada", por ejemplo. Vale la pena ponerse el ritmo de juego más común, por ejemplo, 1:30 hrs con 30 segundos de incremento por movimiento (desde la 1a jugada).

Una vez estas condiciones, se pone la posición en el módulo y se juega contra éste. Déle menos tiempo, quizás 1 hora para la máquina y un poco más de tiempo para usted.Cabe señalar que si usted comete un error y queda perdido no debe regresar la jugada y hacer otra. Eso no lo puede hacer en un torneo y aquí tampoco se vale. Si usted hace una mala jugada, apechugue y si pierde, pues tómelo en cuenta para que no le vuelva a ocurrir. Es importante decirle que nadie más tiene que saber de estas partidas. Digamos que son de entrenamiento "secreto" y la máquina no irá a decirle a nadie que usted perdió una o dos, o varias partidas por errores que la máquina no esperaba que hiciese. Vamos, repito, hablamos de entrenamiento y en éste uno puede equivocarse las veces que sea necesario y más.

Una sugerencia es ver los diferentes programas y jugar con ellos informalmente para ver qué tal juegan. Si usted encuentra algún software que parece jugar con cuidado y sin descuidos, quizás sea una buena idea para tomarlo de "sparring". Juegue una o dos partidas con este método con dicho programa y vea si le funciona o no. Si resulta lo suficientemente fuerte, pues tendrá a la mano un buen sparring. Si le gana con frecuencia es momento de cambiar a un programa más fuerte.

Por otra parte, hay que decir que muchos de los programas que se consiguen en las tiendas de apps tienen la posibilidad de graduar la fuerza y en ocasiones uno puede definir el nivel del rival. Pruebe con un nivel parecido al suyo y vea cómo le va en las partidas contra el módulo. De ahí podrá sacar las conclusiones correspondientes.

Por ejemplo, yo me compré un iPod Touch hace unos años y de nuevo, lo hice porque estos dispositivos tienen memoria y velocidad limitada, aunque eso no signifique que no haya programas que jueguen muy, pero muy bien. Por ejemplo, descargué ChessGenius, Hiarcs y Chess Tiger, siendo el segundo de estos el más fuerte. Digamos que estos programas juegan 2200, 2500 y 2100, respectivamente. En cualquiera de los casos se tiene un rival con un buen nivel como para entrenarse.

Por otra parte, es importante que este trabajo se haga con constancia y debe ser independientemente si uno gana o no partidas al módulo de ajedrez. Lo que importa es el entrenamiento, la experiencia de jugar contra un rival que en general juega con un nivel constante y que no se deja. Así, planeé de ser posible, un par de partidas por semana, lo que implica un par de horas al menos para que el ejercicio tenga sentido.

En resumen: hoy tenemos acceso a un gran maestro y éste se encuentra guardado en nuestro teléfono. ¡Qué habrían dado algunos ajedrecistas del pasado si hubiesen tenido los recursos con los que contamos ahora!