Friday, November 22, 2024

¿La ley se aplica a todos?


Hace unos días supimos de una supuesta psiquiatra en Puebla, la cual parece que no tenía ninguno de los títulos que decía ella, le acreditaban para ejercer la profesión médica (los psiquiatras tienen que ser antes médicos). Marilyn Cote se anunciaba con doctorados en la Universidad de Harvard y Oslo, en neurología (o temas afines). Daba consulta y recetaba medicamentos controlados. 

Pero algo pasó y se descubrió que esta señora tiene una licenciatura en derecho y una maestría en criminalística. No ha podido -hasta donde se sabe- demostrar que es médico y que ostenta esos títulos que adornaba en las recetas que surtía. El tema se volvió viral y las autoridades se pusieron a investigar soobre el particular. La supuesta doctora no pudo acreditar sus conocimientos y de pronto además, salió en algún video a decir que ella sabía de dónde venía "la pedrada" para descalificarla, pero que ya vendrían órdenes de aprehensión para esas personas (de quienes no dio nombres). Pero hubo un giro en esta arrogante farsante porque eventualmente la encontraron en otro Estado (creo Tlaxcala), y la detuvieron por usurpación de funciones de profesionales. Hoy Marilyn Cote podrá usar sus conocimientos como abogada para defenderse de las acusaciones que pesan sobre ella. Vamos a ver qué pasa entonces. 

Pero esto me hace recordar a Yazmín Esquivel, la ministra de la Suprema Corte, que plagió no sólo su tesis de licenciatura, sino también de doctorado. ¿Las autoridades la acusaron de usurpación de funciones? No. ¿La detuvieron? Tampoco. ¿Porque a esta señora no y a la supuesta doctora sí? ¿No que la justicia es para todos? Y más aún, aparte de que las autoridades se hacen de la vista gorda con el caso Esquivel, esta impresentable ministra ya se apuntó para la rebatinga de la elección de jueces, magistrados y ministros, en donde ya aclaré, no debería siquiera poder competir por su comportamiento profesional deshonesto, como ya dijo la presidente Sheinbaum. Pero ¡Viva México! En este país no pasa nada y la justicia se aplica de acuerdo a criterios específicos.

Este es nuestro México, en donde nos inventan desde el gobierno una narrativa para que pensemos que somos un país de leyes, en donde todos somos iguales, donde se acaban los beneficios y privilegios, aunque en el mundo real veamos que no es cierto. Como alguna vez le leí a un monero que hacía un boletín para el desaparecido club “Alfil Negro”, que después de una noche de elecciones de la mesa directiva, todo quedó sin ningún cambio: “que todo cambie para que todo siga igual”.


Friday, November 01, 2024

¿Quieren apostar?


El año que viene, en junio, habrá elección de ministros, magistrados y jueces, pues la reforma judicial –nos guste o no– es un hecho. Hay una enorme discusión en los medios sobre la misma y podemos empezar por tratar de entender lo que va a costar dicha elección. Sin embargo, esto no parece lo más complicado. La cuestión es cómo se van a votar tantos puestos por parte de la ciudadanía. ¡Cuántas boletas tendremos que usar por ciudadano? pues se estima que hay unos 4 mil puestos a elegir. Para colmo, aquí no es una cuestión partidista y por ende no podemos decidir por el partido que sea de nuestra preferencia. ¿Cómo vamos a saber, de leer solamente los nombres, si esos candidatos a jueces son susceptibles de serlos? Muchas preguntas pero cero respuestas.

La reforma judicial se dio en el final del sexenio pasado y por razones que no entiendo, los diputados la sacaron en "fast track" como regalo de fin de sexenio a AMLO. Yo no sé por qué lo admiran tanto, si en números y estadísticas, la mayoría de lo que hizo fue un desastre. Sólo el dato de 200 mil muertos de forma violenta habla de un gobierno fallido. En fin.

Con la nueva presidente, Claudia Sheinbaum, que ha dicho que esta reforma servirá para que haya jueces respetables, sin los vicios del pasado, honestos, de una probidad a prueba de todo, etcétera, permitirá limpiar el poder judicial. Esos son los candidatos que supuestamente buscarán acceder al poder. Curiosamente, antes de esta declaración, Yasmín Esquivel ya se pronunció por su inclusión en el juego de los candidatos para el 1 de junio del 2025. Pero que no se nos olvide que esta impresentable plagió su tesis de licenciatura y doctorado. Y gracias a las leyes, logró que se congelara su destitución y que incluso, la UNAM tomara decisiones al respecto. Ahora esta señora pirata sale en los medios encantada, porque chance y ahora se convierta en presidenta de la Suprema Corte. 

Pero uno podría pensar que la señora será eliminada de esta posibilidad por su falta de honestidad, la cual es a todas luces un hecho. Bueno, pues déjenme decirles que apuesto doble contra sencillo que la señora plagiaria logrará quedarse en la Suprema Corte, porque todo es palabrería y todo se olvida rápidamente. Y no importa que haya grabaciones, registros al respecto, porque eso no importa. Y pongo un ejemplo final, cuando López Obrador decía que él nunca había afirmado que la gasolina /si gobernara Morena/ costaría 10 pesos. Está grabado


Así pues, ya vayan viendo a la cretina de Yasmín Esquivel como presidente de la Suprema Corte. Todo lo que digan sobre la honestidad de los candidatos es otra mentira más, ya verán.

Una reflexión final: la plagiaria Esquivel tiene sin duda mucha culpa en el tema de sus tesis, pero sus sinodales –de los cuales no se habla – son copartícipes de esta trampa académica infame. 


Palabras desgastadas


Desde hace ya algunos años, los gobernantes han entendido que tienen que tener una imagen, la cual los describa y represente ante la sociedad. Desde luego, no basta con decir que son honestos, probos, maravillosos, sin mácula, etcétera. Lo que se necesita es esta mercadotecnia que los hace ver como los magníficos seres que al menos ellos sienten que son. El primer paso para ello es crear una imagen corporativa. Por ejemplo, en el gobierno de Mancera, el color de esa administración capitalina era el rosa. Y vamos, hasta obligaron a los taxistas a pintar sus coches de ese color. Más tarde llegaría Sheinbaum y en un supuesto concurso para crear una identidad gráfica de su administración, surgió este que ilustra este artículo, que francamente son las iniciales de su nombre, CS. Por su parte, López Obrador usó estas imágenes de los héroes nacionales, las cuales se presentaban en sus conferencias mañaneras. 

Sin embargo, esto no es suficiente, porque además se requiere una narrativa y por ejemplo, AMLO usaba un conjunto limitadísimo de palabras (y no me extraña, porque es un tipo verdaderamente ignorante, con unas muletillas de pena ajena), en donde destacaba "pueblo", "pueblo bueno", "bienestar", "corrupción", "conservadores" e "intelectuales orgánicos" (que a la fecha no sé qué significa eso). La nueva presidente, por ejemplo, bautizó las conferencias  como las "mañaneras del pueblo" y ahora sale la noticia de que el gobierno le hará la competencia a las tiendas de conveniencia (como el OXXO), con las "tiendas del bienestar". Y eso es parte de esta tendencia de la narrativa de la 4T, en donde cada iniciativa es "del pueblo" o "del bienestar". 

El problema es que es la narrativa, no algo que sea la realidad. Por ejemplo, los "bancos del bienestar" no son más que unas mini-sucursales financieras donde se pagan "pensiones del bienestar" a los adultos mayores o bien, "becas del bienestar" para los estudiantes. Por supuesto que en esta narrativa gubernamental, López Obrador hablaba de las universidades del pueblo "Benito Juárez", las cuales fueron un fiasco más de este gobierno pasado. Y no olvidemos la "mega-farmacia del bienestar". Vamos, que cada vez se desgastan más estos términos ante el abuso de su aplicación. Si yo fuese alguien con autoridad, ya habría quitado esas palabras del diccionario porque las han desacreditado, porque si algo hace un gobierno en nuestro país, es hacer las cosas mal. Y si no me creen, vean algunos ejemplos: el sistema de salud público, la educación pública, la seguridad pública, las empresas como Pemex y CFE, la primera en quiebra desde hace ya años.

Me gustaría menos palabrería y más acción. El problema es que los gobernantes buscan su lucimiento, hacernos creer que son seres de luz que podrán resolver las dificultades del país. Pero nada de eso pasa y cada gobierno resulta peor que el anterior. Y pongo un último ejemplo: en 28 días el gobierno de Sheinbaum lleva 1300 muertos de forma violenta. Ahí lo dejo a la reflexión.