Si algo es
sorprendente es como el presidente López Obrador ha mantenido el interés sobre
su persona en los últimos meses de su mandato. Normalmente, después de las
elecciones presidenciales, el mandatario saliente empezaba a ser ignorado por
los medios. Lo que dijera empezaba a ser irrelevante y la razón era simple:
había llegado el reemplazo y como habría dicho López Portillo en su momento,
con “la renovada esperanza” (de que ahora sí éste sí sabría cómo hacerlo, cómo
sacar al país adelante.
López Obrador tiene una adicción –como todos los presidentes mexicanos– al poder. Recuerdo que Calderón declaró en alguna entrevista que si fuera por él, no le molestaría seguir siendo presidente. Sin embargo, el actual mandatario tiene adicción a ser el centro de atención.
La razón de
esto es que si se va López Obrador y de verdad se jubila, MoReNa palidecerá y
el partido político al cual todos quieren ir, empezará a ser menos atractivo
porque hay que decirlo, un líder como AMLO no existe y tan astuto es, que ha
logrado tener un sinfín de lamebotas como Layda Sansoores, que no le da pena
mostrar su servilismo frente a su “dios”, incluso en la mañanera. Y desde
luego, López Obrador no la detiene en su perodata alabando a su persona, porque
le encanta que hablen de él.
Así pues, si el líder se va y sin sustituto que pueda llegarle al nivel del populismo que manejó López Obrador, el partido se quedará acéfalo y poco a poco empezarán a surgir tribus que buscarán deslindarse del partido en el poder. Esa es mi predicción. No será de la noche a la mañana pero estoy convencido que eso ocurrirá.
Pero lo más
triste vendrá para Andrés Manuel López Obrador, que una vez sin la investidura
presidencial, se convertirá en un ciudadano más, con el agravante de que ahora
nadie le aplaudirá nada, no le hará caso ni el perro de su casa. Más aún, ni su
mujer estará ahí para escucharlo, pues ya lo dijo el propio presidente, su
mujer vivirá en la CDMX y él en su rancho en Palenque. Y eso puede deprimir al
más duro de los seres humanos. Ya no importará lo que piense, lo que diga o
deje de decir. Y eso será su triste final.
No obstante
esto, vamos a ver si de verdad se retira y se deja hablar de él. Ya López
Obrador ha soltado un par de perlas indicando que si su presidenta se lo pide,
él estaría dispuesto a apoyar con lo que se requiriera. Así que aún no es caso juzgado.
Conociendo el tipo de mentiroso que es, cualquier cosa puede ocurrir.

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