El 5 de junio de hace 19 años mi papá moría, víctima de un sinfín de males que fueron progresando hasta ya no poder hacer nada por él medicamente. Hoy me acordé de él y me di cuenta que la vida sigue pero siempre mi papá está presente. Por ejemplo, Pilar toma clases de guitarra con Luis Robert en el estudio que fundó mi padre. Ahí hay fotos de él, de mi abuelo materno (también guitarrista), y por ende, cuando voy al Estudio de Arte Guitarrístico, me siento como en mi casa. Ahí está el espíritu de mi papá, de su trabajo por la guitarra, y ahí están esos viejos amigos y grandes guitarristas, como el propio Luis. De verdad me reconforta ir al Estudio y cuando por alguna razón no puedo acompañar a Pilar, lo lamento de verdad.
He tenido un par de experiencias extrañas, como la que me pasó al día siguiente de la muerte de mi papá, cuando me levantaba e iba a la cocina (en casa de mis padres), y escuché que me llamaba. Y tan fueron claras sus palabras que contesté automáticamente "mande". Y entonces me di cuenta que algo peculiar había ocurrido. Nunca más pasó algo así y la verdad no creo en lo sobrenatural. Pero ahí dejo esa experiencia que sin duda me marcó.
Hoy mis padres no están en el mundo terrenal. Mi mamá murió con 90 años y tuvo una gran vida. Los extraño y los recuerdo, y por eso mismo, siguen vivos.
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(*) En la
foto que ilustra este texto se encuentran -de izquierda a derecha- mi papá,
Mario Beltrán del Río, una persona que no reconozco, y Maricarmen Costero.
