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Wednesday, October 02, 2013

El mundo de la inmediatez


Hoy la información corre a toda velocidad, el mundo es inmediato y la información se transmite por muchos medios, prácticamente a la velocidad de la luz. Nos enteramos al instante y no podemos creer que haya lentitud en, por ejemplo, que se nos dé una información particular, considerando que ahora Internet es casi una especie de dios que está en todas partes.

Esta especie de moda, se observa ya en otras actividades. Sale el juego de video X y de pronto todos quieren tenerlo el mismo día en que se pone en el mercado. Sin embargo, mañana se nos olvida y nace una nueva situación que debe resolverse de inmediato. Si vamos al cine a ver una película que ha estado por meses anunciándose, hay que apurarse, porque quizás no dure en cartelera más de dos semanas. Y a pesar de estar en los cines por meses el trailer de la película, una vez que se proyecta en las pantallas, no dura mucho tiempo. Así parece ser la inmediatez que nos está tocando vivir.

Y en Facebook pasa otro tanto: hoy se habla del 2 de octubre, que "no se olvida", pero mañana pasaremos a otro tema. Hoy no falta quien publica fotos en las redes sociales de los asesinos del 68. Hoy se habla de nuevo del expresidente Díaz Ordaz y de su decisión de parar el movimiento estudiantil a toda costa. Murieron miles de estudiantes. Mañana, todas estas denuncias, todas estas protestas, pasarán al archivo muerto de Facebook o Twitter, porque así es la inmediatez. Hoy es importante, pero dentro de unas horas ya no lo será.

Esta instantaneidad de las cosas hace que el mundo deba ir más rápido. Ahora los tiempos de reflexión en ajedrez se han acortado a 1 hora y 30 minutos para toda la partida, con incremento de 30 segundos por jugada. Antes una partida podía durar cuatro, cinco y hasta siete horas. Hoy se acaba en general antes de las primeras cuatro horas.

Botvinnik, el patriarca del ajedrez ruso se lamentaba de las partidas blitz, a cinco minutos, en donde decía, no promovía el ajedrez serio, pensante, el gran ajedrez. Y sin embargo, la Federación Internacional ha impuesto estos tiempos de reflexión rápidos, supuestamente para que los medios se interesen más en el juego ciencia.

Pero la instantaneidad, la inmediatez de las cosas nos hace volvernos intolerantes ante la espera. Vemos los mensajes que nos han llegado al celular y queremos que estos aparezcan instantáneamente, aunque tengamos una colección inalámbrica que, por supuesto, no puede darnos una velocidad infinita. Y nos quejamos, y calificamos a nuestros teléfonos inteligentes de "porquería" porque no nos entrega resultados a velocidad de rayo.

Tal vez es el momento de hacer una pausa. ¿De verdad necesitamos que todo se nos muestre en cada vez tiempos más cortos? Habría que hacer un análisis, una instrospección. El conocimiento no se adquiere de un día a otro, por ejemplo. Aprender matemáticas, física e incluso, jugar bien al ajedrez no se puede hacer de la noche a la mañana. Vivimos y suscribimos un mundo de superficialidad, producto de esta instantaneidad que en mi opinión agobia. Vayamos con calma. Analicemos no decenas de partidas de ajedrez en un par de hora. ¿Qué tal analizar una partida o dos más profundamente? ¿Qué tal bajarle a esta absurda velocidad en la que nos han metido?

Tuesday, February 21, 2012

Nada ha cambiado...


DÉJAME DORMIR, MAMÁ

Hijo mío, por favor,
de tu blando lecho salta.
Déjame dormir, mamá,
que no hace ninguna falta.

Hijo mío, por favor,
levántate y desayuna.
Déjame dormir, mamá,
que no hace falta ninguna.

Hijo mío, por favor,
que traigo el café con leche.
Mamá, deja que en las sábanas
un rato más aproveche.

Hijo mío, por favor,
que España entera se afana.
¡Que no! ¡Que no me levanto
porque no me da la gana!

Hijo mío, por favor,
que el sol está ya en lo alto.
Déjame dormir, mamá,
no pasa nada si falto.

Hijo mío, por favor,
que es la hora del almuerzo.
Déjame, que levantarme
me supone mucho esfuerzo.

Hijo mío, por favor,
van a llamarte haragán.
Déjame, mamá, que nunca
me ha importado el qué dirán.

Hijo mío, por favor,
¿y si tu jefe se enfada?
Que no, mamá, déjame,
que no me va pasar nada.

Hijo mío, por favor,
que ya has dormido en exceso.

Déjame, mamá, que soy
diputado del Congreso
y si falto a las sesiones
ni se advierte ni se nota.

Solamente necesito
acudir cuando se vota,
que los diputados somos
ovejitas de un rebaño
para votar lo que digan
y dormir en el escaño.

En serio, mamita mía,
yo no sé por qué te inquietas
si por ser culi parlante
cobro mi sueldo y mis dietas.

Lo único que preciso,
de verdad, mamá, no insistas,
es conseguir otra vez
que me pongan en las listas.

Hacer la pelota al líder,
ser sumiso, ser amable
Y aplaudirle, por supuesto,
cuando en la tribuna hable.

Y es que ser parlamentario
fatiga mucho y amuerma.
Por eso estoy tan molido.
¡Déjame, mamá, que duerma!

Bueno, te dejo, hijo mío.
Perdóname, lo lamento.
¡Yo no sabía el estrés
que produce el Parlamento!

Fray Junípero Serra (1713 - 1784) 
Religioso franciscano español.