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Tuesday, June 11, 2013

Visitante nocturno


Mi hermano Juan colocó hace un tiempo una cámara de seguridad IP en la casa. Transmite la información a una página web y se echa a andar cuando observa movimiento. Entiendo que toma fotos cada cierta cantidad de segundos (cuando hay movimiento) y la información puede guardarse en un USB.

Pues bien, desde que se puso la cámara, hemos visto pasar a algunas ardillas, que se descuelgan de un árbol y caminan felices por encima del portón de la entrada de la casa Cabe señalar que las ardillas son roedores y por ende, pueden transmitir incluso la rabia, pero como Disney se encargó de pintarlas muy bonitas, pareciesen inofnsivas. En mi opinión, hay que tenerles cuidado, porque además, se convierten en plaga (nomás vayan a los viveros de Coyoacán).

Pues bien, el 8 de Junio de 2013 a las 22:30 un visitante nocturno pasa frente a la cámara de vigilancia de la casa, como la cámara toma fotos cada que hay movimiento en frente de esta, son imágenes unidas para mostrar la secuencia continua.

El video puede verse aquí.


Se trata de una zarigüeya, también conocido como tlacuache. Curiosamente, he encontrado que el tlacuache (nombre mexicano que proviene del náhuatl), es conocido también como zarigüeya u Opossum. Pertenece a la subclase de los marsupiales, a la que pertenecen koalas y canguros, cuyos antecesores aparecieron antes que los continentes se separaran. Lo que les diferencia del resto de los mamíferos es que no tienen placenta, por lo que "incuban" a sus crías (que nacen con apenas 2 cm y pesan 20 gramos) en una bolsa especial llamada "marsupio", donde terminan su desarrollo embrionario. El marsupio esconde en su interior los pezones de la madre, donde las crías recién nacidas estarán firmemente adheridas durante 2 meses, para posteriormente "asomarse" y poco a poco independizarse.

Contrario a lo que mucha gente piensa, debido a que parecen "enormes ratas", los tlacuaches no están emparentados con ellas y lo único que tienen en común es su hocico alargado y su cola desnuda. Esto los ha hecho objeto de repulsión generalizada, lo que, aunado a que la gente los mata para utilizarlos en remedios tradicionales, los ha convertido en una especie que es cada día más difícil de observar.