El cómputo moderno ha sido una verdadera revolución en todo el planeta. El hecho de que la computadora se haya convertido en algo casi omnipresente en muchísimos ambientes laborales y cotidianos, nos habla de la importancia que este invento ha tenido en el desarrollo de la humanidad. Vamos, hoy es inconcebible pensar que los bancos se puedan manejar sin computadoras, por ejemplo, o bien, que los aviones vuelen sin poderosos y sofisticados sistemas electrónicos que muchas veces funcionan vía programas que llevan el control de todo lo que ocurre en un viaje aéreo.
Si a esto le agregamos la incorporación de la red de redes, Internet, tenemos la combinación de inventos más importante de todos los tiempos. Gracias a Internet y al cómputo, que ya es casi tan casero como el tener teléfono, podemos comunicarnos a todas partes del mundo de manera instantánea y más aún, sin las altas cuotas de conexión del pasado. Hoy se puede uno conectar con cualquier otro ser humano si dispone de computadora e Internet prácticamente sin ningún costo (además del que se paga por el acceso a la red y el costo de la computadora misma).
Pero con esta posibilidad surgieron los primeros piratas informáticos. Así, lo primero que se pirateó, es decir, que se empezó a compartir fue el software, es decir, los programas que usamos para comunicarnos con las computadoras y que nos permiten escribir textos, hacer hojas de cálculo, presentaciones luminosas, entre muchas otras cosas. Y la industria del cómputo decidió tomar acciones y entonces los programas venían protegidos contra copias ilegales pero... otros programadores escribieron programas copiadores que se brincaban los esquemas de protección. Y este ciclo de proteger y desproteger sistemas cada vez de forma más compleja llegó a un límite. Claramente los programas debían seguir otro modelo de mercado. Hoy, por ejemplo, los programas comerciales se conectan a bases de datos remotas en donde se valida si el usuario es legal o no. Si no se tiene la clave correspondiente, el sistema no funciona. Y sí, habrá quien pueda aún burlar este esquema, pero cada vez es más difícil.
Con la llegada del formato mp3 para la música, se inició la piratería de los contenidos musicales. Y entonces muchos discos compactos de música (CDs), se pasaron a archivos digitales que podían transmitirse a través de la red. La industria disquera montó en cólera y buscó atacar a los piratas con demandas, pero el daño ya estaba hecho. De nuevo, la única manera de evitar la inevitable piratería sería cambiar el modelo de negocios, cosa que desde luego, se han negado sistemáticamente a hacer, porque el modelo tradicional les dejaba mucho dinero. Sin embargo, los tiempos exigen un cambio y este empezó vendiendo no un CD con 10 o 12 canciones de un artista, en donde probablemente al comprador sólo le interesen un par de “rolas”. Por ello, Apple decidió empezar a vender las piezas musicales sueltas, a dólar cada una. ¿Funcionó? Ustedes dirán: el primer día vendieron un millón de canciones.
Obviamente las películas en DVD se han pirateado hasta el hartazgo y ante la imposibilidad de frenar este mercado, lo que se empieza a hacer desde hace tiempo es vender estos contenidos a las cadenas de video por demanda (como Netflix), y así, cobrar a quienes renten esos contenidos. Eso es fácil de contabilizar y además, hace innecesaria la piratería pues quita todo el trabajo que hay que hacer para copiar un DVD. Y si el costo que hay que pagar por ver una película es razonable, mucha gente comprará estos contenidos.
Pero probablemente el último reducto de los contenidos aún no pirateados eran los libros. Sin embargo, con la llegada de formatos como PDF, ePub, MOBI, así como los lectores de libros electrónicos, los contenidos electrónicos de libros empezaron a popularizarse y con ello también los contenidos piratas. Amazon, por ejemplo, ha puesto su lector Kindle con una serie de candados que hacen complicado para que los usuarios puedan compartir esos libros electrónicos, pero no falta quien ha hallado cómo quitar esos candados.
Y el tema va más allá de libros. Por ejemplo, el sitio Sci-Hub (que originalmente fue creado por una investigadora rusa, que se veía atada de pies y manos en sus investigaciones por falta de acceso a los artículos científicos), los cuales se publican en costosas revistas científicas, tiene ahora unos 70 millones de artículos de cuanto tema académico hay en su sitio, de forma desde luego ilegal. Editoriales como Elsevier y Springer han demandado a la rusa por su iniciativa y ya una Corte en EEUU la ha sentenciado a pagar una multa millonaria, pero la rusa simplemente dice: “vengan a cobrarme”. Y es que no hay una ley internacional genérica y por ende, el sitio totalmente pirata sigue activo.
McGraw Hill acaba de mandar una carta abierta a toda la comunidad universitaria de la UNAM, pidiendo que no pirateen sus libros. Y yo puedo entender la preocupación de la editorial: si no logran vender lo que supuestamente piensan vender, tendrán que despedir gente, hacerse más pequeños y eventualmente podrían desaparecer. Y es que la editorial vive de los que escriben, de las investigaciones y de las publicaciones, las cuales mantienen el control de los contenidos y los cobran al precio que quieren. No es ningún secreto que por ejemplo, la UNAM paga mucho dinero para que la comunidad académica pueda tener acceso a los contenidos de varias editoriales científicas. Y de nuevo, esto tiene que cambiar.
Y de hecho está cambiando. Ya hay revistas científicas que ponen sus contenidos de forma libre y le cobran al investigador una cuota por publicar sus artículos. Esto, sin embargo, ha llevado a críticas sobre la calidad de los contenidos porque, en un afán por tener dinero, baja la exigencia en las investigaciones o se publican cosas que de otra manera quizás no pasarían los comités editoriales.
Para quien escribe este artículo, es claro que todas las industrias afectadas por la piratería requieren cambiar su modelo de negocios. Por ejemplo, en Amazon se pueden conseguir libros a –digamos– 30 dólares, pero la versión electrónica de estos libros –muchas veces– cuesta unos 5 dólares menos. Y el costo de producir libros electrónicos es sin duda muchísimo menor como para que la rebaja entre el libro físico y el de formato electrónico sea tan poca. Por ello, se requiere cambiar de modelo. Mientras no lo entiendan las diferentes industrias, seguirá la problemática y el inevitable pirateo de contenidos.
Y ojo, quizás lo primero que debe hacerse es dejar de considerar que los lectores que comparten libros electrónicos son más malos que la carne de puerco. Mientras los precios sigan altos, la gente seguirá copiando y compartiendo información. Y eso no tiene que ver con la maldad de alguien para acabar con la industria editorial. Debemos pues dejar de ser víctimas o victimarios.
Así las cosas.

4 comments:
Totalmente de acuerdo. La industria de cine y música solita se puso la soga al cuello cuando buscó por múltiples formas evitar la piratería de aquello que no sólo engrosaba la billetera del artista sino de todos los intermediarios, algunos de ellos verdaderos parásitos. Como indica la entrada en el blog, la industria del streaming ha aprovechado un espacio y el aprendizaje del asunto.
La industria editorial parece estar cometiendo los mismos errores, y pese al amor que muchos profesamos por los libros, hay un aspecto muy práctico de las publicaciones digitales. Si las editoriales no cuidan lo que hacen correrán la misma suerte que la industria del entretenimiento.
PARTE I
Me da mucha pena, pero las editoriales no han entendido el problema que tienen en las manos, como bien dices Morsa, el modelo de negocio debe reinventarse a la brevedad y sin resistencia, (la época en la que las ganancias eran millonarias ya termino así como en el caso de la música donde ahora los discos son mas bien artículos promocionales), sinceramente me da gusto que "sientan" el fuego en el aparejo, pues en realidad nunca tomaron en serio las señales del mercado, solo fueron experimentos vacíos sin ninguna intención solida, fue mas bien un paliativo o placebo..... Les cuento brevemente mi historia, hace como 4 años estaba buscando un libro técnico muy especializado, lo busque impreso y nunca lo encontré, llegue a dar a la imprenta de la editorial con la esperanza de encontrar al menos un ejemplar en mal estado (me parece que era Alfa Omega o Trillas), hable con el impresor y sencillamente me dijo que no había ya mas impresiones, pero que si me interesaba, podían imprimirme bajo pedido el libro, solo que la condición era pedir no recuerdo si 30 o 50 impresiones, yo para que quiero tantos libros?, pregunte al impresor, me respondo algo como "pues véndelos o regalarlos", ¿¡!?, iluso le avise a mis conocidos del ramo tratando de reunir la cantidad de compradores necesaria, solo reuní 5.... buscando a un mas a fondo, me encontré con que la editorial, tenia una especie de librería virtual, una app para comprar libros.... la instale y entre, para mi sorpresa ahí estaba el tan buscado libro, de manera arrebatada lo compre, primer gran error, el libro era caro, casi como el costo de un libro físico, pero ya estaba muy urgido, la app era una monserga, revuelta, lenta, se congelaba, y el libro estaba mutilado, de 200 paginas que decía la ficha técnica del libro tenia algo así como el 70% de paginas, me queje a la editorial y elegantemente me dijeron que no sabían con quien ver eso porque ellos se dedicaban a los libros impresos, los libros digitales los llevaba otra empresa, me dieron un correo electrónico y al día de hoy sigo esperando respuesta. Después necesite otro libro, y misma situación, nunca lo encontré y por la desesperación lo compre en la app, nuevamente necesite otro libro, y por flojo, lo compre en la app, para mi sexto libro por flojo y comodino los compre en la app, cabe mencionar que la app seguía siendo una basura, pero ya estaba acostumbrado. Cabe mencionar que la app solo dejaba ver los libros en un dispositivo a la vez. Llegué a tener cerca de 10 libros técnicos en la app, si bien no era de mi agrado, pues ya me estaba acostumbrando....
Parte II
Todo se fue al diablo cuando una vez me robaron mi teléfono en el metro, había dejado la sesión abierta en el teléfono y en consecuencia no había modo de ver mis libros en otro dispositivo, nuevamente llame a la editorial y obtuve la misma respuesta que la vez anterior..... a fuerza de tanto joder me comunicaron con un sujeto "encargado de los servicios digitales", mas bien parecía un fanático del tema que un técnico especializado, en resumen me dijo que vería que podía hacer..... para no aburrirlos, casi 3 meses después recibí un correo que decía algo así como "solo por esta ocasion, y al revisar que nadie a accedido a tu cuenta en _____ meses, hemos habilitado tu acceso en otro dispositivo o algo así", el mail terminaba con una serie de consejos y avisos que tenían la intención de tratarme como tarado y avisarme que me estaría vigilando para asegurarse que no fuera un pirata informático o una especie de delincuente similar.... Fue tanto mi coraje que decidí no volver a usar la app.... paso el tiempo se me bajo el coraje y nuevamente necesitaba mis libros, dije bueno, ya pasaron varios meses, tiempo suficiente para que hayan corregido en algo la app, voy a usarla, cual es mi sorpresa?, que al entrar, no tenia ningún libro en la app, monte en cólera, esta vez le escribí al tipo que me había "ayudado" y le explique, sencillamente me respondió que los libros en la app tenían vigencia de un año calendario (wtf?, nunca nadie en ningún lado me dijo nada, aunque el juraba que por todos lados decía eso), pero que no me preocupara, para tener todos mis libros de vuelta, solo debía pagar "una fracción" de lo que ya había pagado y en máximo 10 días tendría de vuelta todos mis libros.... No respondí, solo colgué... acto seguido me puse a buscar como loco en foros, fb, twr, en la deep web, por todos lados mis libros en formato pdf, me tarde y me costo trabajo, si, pero encontré todos en pdf, algunos eran versiones escaneadas, otros ediciones puramente digitales, desinstale la app y de ahí en adelante no he vuelto a comprar nunca ningún libro digital en ninguna tienda........... Apostilla: Nunca he estado de acuerdo con el modelo de negocio del ecosistema de "APPLE", (aunque hay que reconocer que siempre cuidan la imagen/apariencia de todo) siempre lo considere un secuestro, y no me equivoque, mi esposa tenia muchos libros en su ipad de la tienda de apple, en el año 2017 si mal no recuerdo, se elimino la tienda de libros y la sincronizacion con itunes, si bien apple jura al día de hoy que no perderías tus compras, la verdad es que es parte de su ya muy conocido juego, te la hacen muy muy muy complicada para recuperarlos, que solo te dejan tres opciones, 1) Pagar mas dinero, 2) Mudarte completamente al ecosistema apple (ipod+iphone+ipad+mac) 3)Darlos por perdidos.... Desde entonces solo compramos libros impresos, cuesten lo que cuesten, vengan de donde vengan, y si solo hay en digital, pues a buscar el pdf.... Por todo lo anterior, ni modo, es como cuando un árbol crece desordenadamente y se vuelve un peligro para las personas y para si mismo, hay que podarlo...
De acuerdo contigo en el cambio que debe haber en el modelo de negocios. Creo que Amazon lo está intentando con su membresía a KindleUnlimited. Sin embargo, he encontrado que no tienen la misma calidad (son muy cortos, los escriben en forma de blog, meten anuncios, errores de redacción). Y es que ahora cualquiera puede escribir cualquier cosa y autopublicarse por ese medio. Y en parte está bien porque se alcanza a un público mucho mayor.
La piratería también se da por lo extremadamente fácil que es reproducir un contenido digital. Es como si el autor tuviera en su poder una cajita mágica que duplica contenido (copy & paste). Se pueden replicar infinitos e-books, infinitos mp3, DVDs, y software teniendo previamente una copia fiel.
La misma analogía en elementos tangibles sería un bug en la matrix. Una persona que tiene una cajita mágica capaz de duplicar cualquier cosa que pongas en ella. Si pones manzanas te da manzanas, si pones oro te da oro. Y si existe un recurso muy abundante el precio del mismo debe reducirse, como dicta la ley de la oferta y la demanda. Y supongo que se ha venido reduciendo el precio de los libros en general (más los digitales). Pero aun así el problema existe y se puede tratar de pelear contra él, o aceptarlo y tomarlo en cuenta para un nuevo modelo.
Mientras siga habiendo un lugar en esta tierra donde no apliquen las mismas leyes sobre copyright, la piratería seguirá existiendo, porque no habrá quien te diga si está bien o mal. Sería parte de la cultura, implícito en la moral de tal sociedad.
Cuando estudié en mi preparatoria, y por encargo de los profesores, fotocopiábamos incluso la página que advertía "Prohibido copiar este libro..." de los libros que necesitábamos para casi todas las materias. Algunas veces nos ahorraban tener que formarnos y los propios trabajadores de la papelería vendían listas las copias de los libros ya engargoladas. Para mí la piratería en libros era normal durante mis estudios (escuelas públicas desde kinder hasta universidad). Hasta mucho después me dí cuenta de que algo no andaba bien, tanta advertencia debía ser por algo.
No pagar nada por algo que te aporta valor no se siente correcto. Pero tampoco voy a pagar por un best seller para hacer más rico al autor cuyo esfuerzo por vender un libro más es prácticamente nulo a estas alturas, y porque, de hecho, si buscas cualquier best seller lo encuentras en la internet con mucha facilidad. Dependerá del precio y de qué tanto valor me aportará. Entonces hace falta encontrar un punto de balance, el equilibro entre estas dos fuerzas.
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