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Monday, June 06, 2022

De la maldad humana


Si usted lector, lectora, entra a YouTube a buscar videos de la Segunda Guerra Mundial, tarde o temprano podrá ver algunos en donde se habla del cómo fueron castigados los criminales de guerra nazis, juzgados en diferentes ciudades europeas. Muchos de los acusados fueron sentenciados a morir en la horca.

Los videos narran la maldad con la que actuaron los nazis en los campos de concentración, las barbaridades que cometieron y las inauditas matanzas a los judíos en los campos de exterminio. Es de terror. Curioso es saber, sin embargo, que los alemanes no-judíos, la mayoría de ellos, no veía nada de malo a la persecución de los judíos. Probablemente la población civil no estaba enterada de los abusos en estos campos de concentración y tal vez los que sí estaban enterados, no lo veían del todo mal. La propaganda nazi era espectacular y habrían logrado cambiar el criterio de las poblaciones de alemanes. Vamos, los propios nazis se acostumbraron a este exterminio infame y ni siquiera les quitaba el sueño. Digamos que lograron hacer cotidiano el asesinato de miles de seres humanos inocentes. Y lo sabemos todos, hay una serie de valores que se nos inculcan desde niños, sobre lo que está bien o no, lo bueno o lo malo. Y entonces -en general- aprendemos a comportarnos de alguna manera que va a tono con un sistema de valores éticos, los cuales se aprenden desde niños.

Hoy, por ejemplo, gracias a Internet tenemos acceso a mucha información y tal vez mucha de ella de forma ilegal. Los sitios en donde se pueden descargar software, libros, música, películas, DVDs, etcétera, es ya parte de la cotidianidad. Hay portales en Internet donde se publican las claves de los productos de software más  usados. Hay quienes suben a la red la Suite de Office (de Microsoft) o los programas de Adobe (Photoshop, InDesign, etcétera), y es probable que aunque la mayoría sepa que es ilegal hacerse de este software así, lo instale porque no tiene dinero o no quiere pagar los cientos de dólares que se piden por estos programas. De nuevo, la ilegalidad se vuelve cotidiana al punto que no es un acto poco común mandarle el enlace de un programa comercial a alguien para que lo use sin pagar. Y sí, hay que reconocer que el acto de compartir es muy humano y las empresas de software no quieren precisamente esto. Y entonces los usuarios estamos ante una fea disyuntiva:  si alguien nos pide un programa que tenemos, ¿por qué no copiárselo? Es como parte de la amistad, ¿verdad? Pues sí, pero eso no hace el acto de copiado menos ilegal.

Y si hablo de todo esto es por el fenómenos de los mensajes de correo, que recibo casi a diario, y que son de remitentes desconocidos. En muchos de ellos viene como título: "envío de la factura solicitada" (o textos parecidos), o bien  "Catálogo de la empresa para su revisión". También hay algunos que urgen que abramos el mensaje porque tiene información urgente e importante.

Todos esos mensajes contienen archivos con virus. Las supuestas facturas en XML y PDF se sustituyen por archivos .msi de Windows, que son extensiones para identificar programas para instalar (asumo que .msi significa Microsoft Software Installer). Así que todos son programas malvados cuya función puede ser, dañar mi información o bien, crear un software que encripte mis datos para después pedirme rescate en bitcoin o simplemente, mostrar la habilidad del programador para atacar a los usuarios conecctados a Internet.

Yo me pregunto la razón por la cual mandan estos programas malignos. ¿Es que hay tanta gente que no tiene ni oficio ni beneficio? Vamos, incluso la mayoría de las veces, si alguien abre un archivo infectado, hasta el Windows Defender muestra que algo anda mal y urge a no abrir el archivo malicioso. Entonces 'para qué tanto circo? ¿Para qué intentar dañar los datos de un desconocido?

También existen esos mensajes de tres páginas que nos dicen que un hacker se ha metido en nuestros sistemas y que ha grabado a cada uno de nosotros cuando vemos pornografía, e indican, nos han registrado en video masturbándonos en sitios de sexo extremo o bizarro. Y en esos correos  nos indican que son tan hábiles que tienen control sobre nuestras actividades. Pero son ladrones de buena fe. Si les mandamos unos mil dólares en bitcoin (porque no se pueden rastrear), el que escribe borrará todo y nunca más nos molestará. Por supuesto que todo esto es mentira pero el efecto de asustar al que no conoce cómo funcionan las cosas le podría hacer pensar que lo han cachado "con las manos en la masa", y habrá tal vez considerado pagar el rescate para que su honor quede sin mácula. Desde luego que cuando ven las cantidades que piden entonces lo más probable es que apechugen y esperen que el maloso hacker no mande esos comprometedores videos a nuestros amigos y familiares. Desde luego toda esa historia del hackeo es ridícula y busca engañar a los más impresionables.

Pero más allá de todo esto, lo que parece importante es como se instala en la cotidianidad la maldad. Ya lo vemos como normal. Yo ya veo estos correos y de inmediato los borro e ignoro porque sé que buscan dañarme de alguna manera apelando a la sorpresa, a mi ignorancia y chance a mi vergüenza. Y lo que me parece más grave es que la maldad, el ver cómo un grupo de seres humanos busca usar los recursos que tiene a la mano para sacarle ventaja a otros de forma ilegal y ya no se hace nada. Y entiendo que la tecnología de los bitcoin ayuda a que las transacciones no tengan nombre ni dirección, pero entonces no faltará quien quiera sacar ventaja a esto, aunque se lleve e alguien más "entre las patas". Para decirlo pronto: parece que tenemos que convivir con la maldad.


Saturday, May 08, 2021

Una forma de evitar la piratería


Antes de Internet la piratería era un negocio complicado. Por ejemplo, no faltaba quien hacía imitaciones de relojes finos y costosos, pero estos tenían que venderse en algún puesto, ya fuese en la calle o en el tianguis más cercano. Eso pasaba entonces con otros artículos: pantalones, tenis, bolsas de mujer, entre muchos otros. Pero hoy mucho de lo que se piratea son los contenidos digitales, los que se pueden transformar en ceros y unos y finalmente, convertirlos en películas, imágenes, libros o música. Todos estos objetos digitales, por decirlo de alguna manera, gracias a Internet, ahora se pueden transmitir más allá de cualquier frontera de manera rápida y eficaz y además, prácticamente a muy bajo costo.

Y si hablo de esto es que ayer se puso a disposición de la tienda virtual Amazon un libro de ajedrez que quería leer. Sólo había versión Kindle pero aún así decidí comprarlo. Me costó 200 pesos y me llegó casi instantáneamente a mi lector electrónico de este tipo de libros. Hoy, un día después de que salió a la venat, este libro está en un sitio pirata de libros de ajedrez, de forma gratuita, en todos los formatos posibles: pdf, epub, mobi, etcétera.

Y el problema de esto es que ¿cuál será la motivación entonces para el escritor? Si de un día para otro, literalmente, su libro aparece en los sitios piratas, ¿quién puede entonces vivir del esfuerzo que significa escribir un libro? Es claro que este tipo de situaciones desalienta la producción intelectual. El libro del que hablo me costó unos 10 dólares pero si lo hubiesen puesto a 5 o 3 dólares, quizás más gente lo compraría pues, el precio sería incluso demasiado bajo y además, para piratear libros no todos los sitios piratas tienen la información tan fresca, tan del día. 

Y esa es -creo- la solución a la piratería. Pensemos en los programas de ajedrez para la PC. Cuestan unos 100 dólares. ¿Por qué no ponerlos a los precios que se venden para los teléfonos móviles, que es como el 10% de ese precio? Juegan igual que bien y posiblemente por estas cantidades más personas los comprarían. De hecho, muchos programas de ajedrez requieren de software para quitar los candados, para evitar que el software se dé cuenta que no se adquirió legalmente, etcétera. Con precios bajos ya no habría que navegar por los mares de la piratería en Internet. Podríamos hacernos de un original si este se pudiese conseguir a bajo costo.

Sí, sé que es dificil rechazar la idea de hacerse de un contenido de forma gratuita. Pero tal vez el esfuerzo y tiempo que implica buscar el contenido que nos interesa puede ser mucho mayor en inversión de tiempo que el comprarlo por unos pocos dólares. Y vamos, para que vean que no estoy tan errado: en em Metro capitalino hay muchos vendedores que anuncian todos los discos de José José, Luis Miguel, las mejores obras del barroco, los conciertos de Bach, vamos, toda clase de artistas, en donde se han compilado sus trabajos musicales y caben en un DVD que se vende a 20 pesos, "garantizado" por el eventual vendedor. Incluso hay quien vendía discos con Linux por 10 pesos y si no sabías instalarlo, por 50 o 100 pesos más, te lo instalaba el mismo vendedor. Y aquí de nuevo, el punto clave es el precio. Si vendiesen -digamos los discos de Luis Miguel- a 200 pesos, probablemente pocas personas los comprarían en el Metro.

Ahí queda pues la idea...

Sunday, December 13, 2020

Contenidos digitales e Internet


Hoy la red de redes, Internet, es cotidiana. Cada año las empresas que dan este servicio suelen subir la velocidad de acceso y ya podemos ver, por ejemplo, películas que nos mandan en "streaming" sin padecer cortes o lentitud en la transmisión. Esto hace unos pocos años no era posible pero hoy podemos enviar megas de información en relativamente poco tiempo.

Con la velocidad de transmisión/recepción de bytes a través de Internet, que aumenta sistemáticamente cada año, nos encontramos que los contenidos se están volviendo digitales y que no son otra cosa que ceros y unos, los cuales, al convertirse en archivos en la computadora, nos permite ver fotografías, películas, escuchar música, ver videos o bien leer libros completos. Y la realidad es que la mayoría de la información que los seres humanos consumimos se puede convertir en un formato digital, que puede ser reconocido y leído por nuestra computadoras caseras.

Aparte de ello, el acceso a la www, la web, nos da la oportunidad de descargar de esos portales toda clase de contenidos digitales. Y si alguien cree que solamente hay archivos legales pues se equivoca. Hoy la red está inundada de contenidos que violan los derechos de los autores en todo el mundo. Obviamente, debido a la facilidad de transmisión y recepción, incluyendo las altas velocidades en la red, prácticamente no hay contenido que no se haya digitalizado y puesto en algún portal dentro de la red, la mayoría de las veces de forma ilegal.

Pensemos en la música: originalmente la gente compra discos compactos, pero con la llegada de mp3 y los programas de "rippeo", muchos de ellos gratuitos, que transformaban las notas musicales en archivos mp3, el compartir música les pegó directamente en el bolsillo de las disqueras, que a pesar de sus esfuerzos anti-piratería, tienen la batalla perdida.

El software sufrió el mismo problema y las empresas que hacían programas pensaron en esquemas de anti-copiado, que funcionaron a medias. Hoy el software se maneja a través de licencias, que se validan en servidores y si el usuario no logra validar sus productos, cae en la piratería que en ocasiones puede detenerse. El uso de contraseñas para poder usar los productos no funciona en general y probablemente la solución sea el esquema actual, de renta de software en donde los usuarios que pagan reciben versiones que corren en sus computadorasa mientras paguen, como hace por ejemplo Adobe, en donde tiene un esquema de renta mensual por el uso de sus sólidos programas. Una solución alternativa es bajar radicalmente los costos del software. En las apps de los teléfonos inteligentes se ve claramente que este modelo funciona.

Las películas, los DVDs con los filmes más actuales, se han puesto de forma ilegal en muchos sitios en la red y si uno tiene la paciencia de buscar con cuidado, puede ver cualquier contenido, por más protegido o cuidado que esté de los amantes de lo ajeno. Incluso hay lugares donde se tienen las pistas de audio en diferentes idiomas, para poder ver los contenidos en el idioma que nos plazca. Y no vayamos demasiado lejos: podemos encontrar en tianguis e incluso en el piso de algunas calles, personas que venden a 20 pesos (1 dólar o menos), la última película de moda. Y desde luego, hay mercado para ello y hay negocio ¿o no?.

Y llegamos a los libros, que hoy en día manejan varios formatos, epub, djvu, pdf, mobi, etcétera. Amazon desde hace tiempo sacó su lector de librois electrónicos, Kindle, el cual incluso tiene un dispositivo físico sólo para leer libros, el cual usa tecnología de tinta electrónica y por ende, parece que estamos leyendo en hojas de papel blanco con letras negras. Aquí Amazon, entre otros, han hecho lo indecible por proteger los libros en formato digital. Su esquema de protección parte de dos ideas: la primera es que el libro esté asociado a una cuenta y la segunda, que la copia de estos archivos sea difícil o imposible para la gran  mayoría de lectores. Y aclaremos una cosa: no es que las personas quieran compartir sus libros digitales porque quieren destruir el capitalismo desbordado de Amazon. No. Lo que pasa es que el compartir está en la naturaleza humana y el comercio lo que siempre ha hecho es inhibir este comportamiento.

Como sea, hoy prácticamente la mayoría de los libros ya tienen una versión digital y además, si de nuevo, buscamos con cuidado, hallaremos copias digitales gratuitas. En un caso interesante estánb los libros de ajedrez, tema que tiene un nicho de mercado pequeño y muy focalizado. Los ajedrecistas compraban antes libros de ajedrez. Hoy consiguen bases de partidas, que suman millones, monografías electrónicas de aperturas y toda clase de libros de ajedrez en PDF, desde los clásicos como Mi Sistema, de Aaron Nimzowitsch, hasta los más modernos, escritos por Nunn, Ward, Gallagher, entre otros muchos autores.

Y es que hay portales dedicados a la piratería de libros, bases de partidas y software de ajedrez. Abiertamente se ponen los enlaces a los contenidos digitales sin pensar si los autores de los mismos dejan de percibir regalías o bien, si las casas editoriales logran  siquiera recuperar el dinero de una edición. A nadie le importa de lo que vivan los ajedrecistas/escritores e incluso en Facebook hay usuarios que comparten los contenidos digitales abiertamente y otros que piden dichos contenidos con el mayor de los desparpajos. Como la ley no va a perseguir a cada uno que baje un contenido digital aunque sea ilegalmente conseguido, el "crimen" se acepta y nadie hace un escándalo por ello. 

Y hablamos de libros de ajedrez porque es el tema que nos ocupa pero hoy día todos los contenidos digitales tienen autores y compañías que invierten y que no reciben nada a cambio del pirateo de estos contenidos. ¿Y qué hacer entonces? ¿Es acaso un problema insoluble? La realidad es que el anterior esquema de comercialización ya no funciona en el mundo de Internet. La única oportunidad que tienen los creadores de contenidos es bajar sus precios y tratar de llegar a audiencias más grandes. Nótese, por ejemplo, que Amazon vende libros en papel y electrónico, pero la versión de ceros y unos no es mucho más barata que la versión en papel. Si un libro cuesta 500 pesos en papel, la versión electrónica puede costar unos 450 pesos. La diferencia de precios no es significativa para que la gente compre la versión electrónica. Pero si el libro electrónico costara el 15% del libro en papel, es probable que mucha gente pensaría en adquirirlo y además, si el costo es bajo, tal vez ni siquiera lo pensaría en compartir. Pero esta solución tiene un problema: le estamos quitando las potenciales ganancias enormes a estas empresas de libros y pues no van a dar su brazo a torcer fácilmente.

Quien crea, al llegar a este momento de la lectura, que el autor de este artículo lo está viendo todo desde una tribuna, pues se equivoca. Soy víctima de la piratería de mis libritos de ajedrez. Uno de ellos tiene más de 1000 descargas. Y yo no soy un gran maestro con un fantástico curriculum ajedrecístico. Autores de mucho más prestigio padecen de esta problemática probablemente multiplicada. La solución es cambiar el modelo de negocios. El anterior está agotado. Ahí está la solución. Nada más hay que olvidarse de las ganancias del pasado. Ahora sólo queda llegar a más personas y vender más barato.


Thursday, September 17, 2020

Sobre la piratería de libros


 El cómputo moderno ha sido una verdadera revolución en todo el planeta. El hecho de que la computadora se haya convertido en algo casi omnipresente en muchísimos ambientes laborales y cotidianos, nos habla de la importancia que este invento ha tenido en el desarrollo de la humanidad. Vamos, hoy es inconcebible pensar que los bancos se puedan manejar sin computadoras, por ejemplo, o bien, que los aviones vuelen sin poderosos y sofisticados sistemas electrónicos que muchas veces funcionan vía programas que llevan el control de todo lo que ocurre en un viaje aéreo.

Si a esto le agregamos la incorporación de la red de redes, Internet, tenemos la combinación de inventos más importante de todos los tiempos. Gracias a Internet y al cómputo, que ya es casi tan casero como el tener teléfono, podemos comunicarnos a todas partes del mundo de manera instantánea y más aún, sin las altas cuotas de conexión del pasado. Hoy se puede uno conectar con cualquier otro ser humano si dispone de computadora e Internet prácticamente sin ningún costo (además del que se paga por el acceso a la red y el costo de la computadora misma).

Pero con esta posibilidad surgieron los primeros piratas informáticos. Así, lo primero que se pirateó, es decir, que se empezó a compartir fue el software, es decir, los programas que usamos para comunicarnos con las computadoras y que nos permiten escribir textos, hacer hojas de cálculo, presentaciones luminosas, entre muchas otras cosas. Y la industria del cómputo decidió tomar acciones y entonces los programas venían protegidos contra copias ilegales pero... otros programadores escribieron programas copiadores que se brincaban los esquemas de protección. Y este ciclo de proteger y desproteger sistemas cada vez de forma más compleja llegó a un límite. Claramente los programas debían seguir otro modelo de mercado. Hoy, por ejemplo, los programas comerciales se conectan a bases de datos remotas en donde se valida si el usuario es legal o no. Si no se tiene la clave correspondiente, el sistema no funciona. Y sí, habrá quien pueda aún burlar este esquema, pero cada vez es más difícil.

Con la llegada del formato mp3 para la música, se inició la piratería de los contenidos musicales. Y entonces muchos discos compactos de música (CDs), se pasaron a archivos digitales que podían transmitirse a través de la red. La industria disquera montó en cólera y buscó atacar a los piratas con demandas, pero el daño ya estaba hecho. De nuevo, la única manera de evitar la inevitable piratería sería cambiar el modelo de negocios, cosa que desde luego, se han negado sistemáticamente a hacer, porque el modelo tradicional les dejaba mucho dinero. Sin embargo, los tiempos exigen un cambio y este empezó vendiendo no un CD con 10 o 12 canciones de un artista, en donde probablemente al comprador sólo le interesen un par de “rolas”. Por ello, Apple decidió empezar a vender las piezas musicales sueltas, a dólar cada una. ¿Funcionó? Ustedes dirán: el primer día vendieron un millón de canciones.

Obviamente las películas en DVD se han pirateado hasta el hartazgo y ante la imposibilidad de frenar este mercado, lo que se empieza a hacer desde hace tiempo es vender estos contenidos a las cadenas de video por demanda (como Netflix), y así, cobrar a quienes renten esos contenidos. Eso es fácil de contabilizar y además, hace innecesaria la piratería pues quita todo el trabajo que hay que hacer para copiar un DVD. Y si el costo que hay que pagar por ver una película es razonable, mucha gente comprará estos contenidos.

Pero probablemente el último reducto de los contenidos aún no pirateados eran los libros. Sin embargo, con la llegada de formatos como PDF, ePub, MOBI, así como los lectores de libros electrónicos, los contenidos electrónicos de libros empezaron a popularizarse y con ello también los contenidos piratas. Amazon, por ejemplo, ha puesto su lector Kindle con una serie de candados que hacen complicado para que los usuarios puedan compartir esos libros electrónicos, pero no falta quien ha hallado cómo quitar esos candados.

Y el tema va más allá de libros. Por ejemplo, el sitio Sci-Hub (que originalmente fue creado por una investigadora rusa, que se veía atada de pies y manos en sus investigaciones por falta de acceso a los artículos científicos), los cuales se publican en costosas revistas científicas, tiene ahora unos 70 millones de artículos de cuanto tema académico hay en su sitio, de forma desde luego ilegal. Editoriales como Elsevier y Springer han demandado a la rusa por su iniciativa y ya una Corte en EEUU la ha sentenciado a pagar una multa millonaria, pero la rusa simplemente dice: “vengan a cobrarme”. Y es que no hay una ley internacional genérica y por ende, el sitio totalmente pirata sigue activo.

McGraw Hill acaba de mandar una carta abierta a toda la comunidad universitaria de la UNAM, pidiendo que no pirateen sus libros. Y yo puedo entender la preocupación de la editorial: si no logran vender lo que supuestamente piensan vender, tendrán que despedir gente, hacerse más pequeños y eventualmente podrían desaparecer. Y es que la editorial vive de los que escriben, de las investigaciones y de las publicaciones, las cuales mantienen el control de los contenidos y los cobran al precio que quieren. No es ningún secreto que por ejemplo, la UNAM paga mucho dinero para que la comunidad académica pueda tener acceso a los contenidos de varias editoriales científicas. Y de nuevo, esto tiene que cambiar.

Y de hecho está cambiando. Ya hay revistas científicas que ponen sus contenidos de forma libre y le cobran al investigador una cuota por publicar sus artículos. Esto, sin embargo, ha llevado a críticas sobre la calidad de los contenidos porque, en un afán por tener dinero, baja la exigencia en las investigaciones o se publican cosas que de otra manera quizás no pasarían los comités editoriales.

Para quien escribe este artículo, es claro que todas las industrias afectadas por la piratería requieren cambiar su modelo de negocios. Por ejemplo, en Amazon se pueden conseguir libros a –digamos– 30 dólares, pero la versión electrónica de estos libros –muchas veces– cuesta unos 5 dólares menos. Y el costo de producir libros electrónicos es sin duda muchísimo menor como para que la rebaja entre el libro físico y el de formato electrónico sea tan poca. Por ello, se requiere cambiar de modelo. Mientras no lo entiendan las diferentes industrias, seguirá la problemática y el inevitable pirateo de contenidos. 

Y ojo, quizás lo primero que debe hacerse es dejar de considerar que los lectores que comparten libros electrónicos son más malos que la carne de puerco. Mientras los precios sigan altos, la gente seguirá copiando y compartiendo información. Y eso no tiene que ver con la maldad de alguien para acabar con la industria editorial. Debemos pues dejar de ser víctimas o victimarios.

Así las cosas. 

Sunday, September 25, 2016

¿Cómo eliminar la piratería?


Hoy en día todos los contenidos digitales son susceptibles de ser pirateados. Basta con entrar a Internet y buscar cualquier libro. Si uno tiene el suficiente tiempo es probable que encuentre una versión digital -de forma gratuita- del libro que está buscando y por el cual uno no quiere (por la razón que sea), pagar por el mismo.

La música es un buen ejemplo de contenidos digitales que se han pirateado hasta el hartzago. La culpa es del formato mp3 y de la velocidad de Internet, que permite hoy en día el intercambio de música de manera muy fácil. Claramente los esquemas, como DRM, para proteger estos contenidos de copias ilegales, no son funcionales porque casi de inmediato no falta quien descifra cómo hacer para quitar la protección y listo, se tiene el contenido digital accesible a todo aquel que lo quiera.

El problema no es de hoy, sino de siempre. Por ejemplo, los esquemas de protección para programas de computadora, en los años 80s, llegó a su clímax con la Apple II. Siendo una computadora muy popular, en donde mucha gente le hacía programas, empezó la copia ilegal indiscriminada. Entonces los autores de software se aplicaron a crear esquemas de protección. Los discos originales fueron entonces incopiables... por un tiempo. Salieron entonces programas para copiar cualquier cosa aunque estuviese protegida. Y ante el argumento de que todos los poseedores de software tienen derecho a sacar copias de protección, este software copiador no violentaba ninguna ley. Y entonces los autores de software hicieron esquemas más sofisticados... Pero los autores de programas para copiar software hicieron aún cosas más sofisticadas. Vamos, hasta había un programa llamado Locksmith (cerrajero en inglés), que tenía un lenguaje de programación para leer tracks y sectores, con rutinas para copiar lo que parecía incopiable.

Hoy en día las cosas han cambiado. Gracias de nuevo a Internet, los programas no vienen ya en medios físicos. Ahora ya se reparten vía la red, vía una página web, que le da permiso a quien compra el programa a descargarlo y ejecutarlo. Adobe, por ejemplo, ha implementado una idea que podría estarles funcionando: en lugar de vender por 400 o 500 dólares un programa, lo que hacen es vender la suscripción mensual de su software por unos 30 dólares al mes. Así, el software sólo se paga cuando se necesita usarlo y además, la empresa garantiza que los usuarios siempre estarán usando la última versión del mismo. No sé si les funcione pero claramente, la idea es un cambio de paradigma en lo que se refiere a vender software.

¿Pero por qué la piratería no puede ser controlada? La respuesta es sencilla: la mayoría de los contenidos ya están en formato electrónico, en ceros y unos, y estos pueden copiarse con un número enorme de herramientas que hacen esa tarea de forma automática y con una fidelidad del 100%. Considerando esto, es mentira que la copia de un DVD con la película de moda vaya a arruinar tu lector de DVD como han dicho siempre los afectados por ello. La realidad es que la copia es literalmente idéntica al original y estos argumentos, que rayan en la ingenuidad (en el supuesto que alguien los va a creer), chocan con la realidad de que la piratería no baja.

La solución entonces es cambiar el modelo de negocios actual, que ya dio de sí. Esto es lo que la industria del disco no ha querido entender. Quiere seguir ganando las millonadas que ganaban pero ya no se puede. El modelo es simple: en lugar de vender un producto de a mil pesos, vendamos mil unidades de a peso. ¿Qué será más fácil? Seguramente lo segundo. Apple, por ejemplo, en su modelo de la tienda app, hizo que el software bajara radicalmente de precio. Sí, es software para el teléfono pero eso no significa que sea más fácil de programar. Al contrario, ahora hay que tomar una nueva cantidad de situaciones y limitaciones, por ejemplo, el tamaño de la pantalla para empezar. Aún así, se pueden conseguir piezas de software estupendas (pienso en Waze), que son gratuitas y que viven de anuncios. Y los programas que uno paga suelen costar 1/5 de lo que costaban para la PC. Por ejemplo, un fortísimo programa de ajedrez, Hiarcs, cuesta unos 10 dólares para Android o iOS, mientras que para PC cuesta unos 50 dólares y juegan ambos al mismo nivel. Apple con este esquema eliminó la piratería de tajo. No conozco a nadie que me diga: "tengo este programa en mi tléfono, déjame ver cómo te lo paso para que tú lo uses en el tuyo". No, lo que decimos es "tengo este programa en mi teléfono. Puedes comprarlo y bajarlo atu teléfono. Cuesta como 40 pesos".


Para eliminar la piratería no se necesita pues crear esquemas digitales de protección de contenidos. Lo que se necesita es cambiar el modelo de ventas en lugar de querer perpetuar unas ganancias que ya simplemente no son posibles en la actualidad. Por ejemplo, en Amazon se venden libros electrónicos a más o menos la mitad de lo que cuesta el libro físico (al cual hay que añadirle el costo del envío). ¿Por qué? ¿Cuáles son los costos asociados a los libros digitales? Prácticamente cero. ¿Por qué no ponerles un precio del 10% del costo del libro en papel? Esto podría hacer que las venta subiesen. Es claro que la gente está dispuesta a pagar si encuentra un contenido digital a un precio justo (y bajo). El problema es que en la realidad esto no se quiere hacer.

Y regreso a la película en DVD. Puedo adquirir el original, en su bonita caja, por unos 200 pesos quizás. Con el pirata de la esquina me cuesta 10 pesos la misma película. Sí, no viene en su caja bonita, no tiene la portadilla original, pero lo que interesa es el contenido. ¿Por qué se le compra al pirata? ¿Porque se le quiere hacer la mala obra a la tienda que vende el original? No creo. Es una cuestión de economía: si puedo pagar por un contenido una fracción del costo del original, ¿por qué no hacerlo?

Thursday, April 14, 2016

Un ejemplo más por el cual este país no sirve



Guil Russek una vez me dijo que este país no servía. Y me ponía ejemplos de todas las cosas que en este país se hacen mal en el mejor de los casos. Para muestra un botón: en Pericentro, que está pegado a lo que fue el Toreo 4 Caminos y que ahora es una megaplaza comercial, hay una serie de puestos callejeros en donde se venden todo tipo de alimentos. Todos estos puestos se encuentran en las banquetas laterales del periférico (dirección norte o sur). Y entre esos puestos están los que venden películas en DVD. Están a la vista de todos, incluso de la propia Autoridad (sí, con mayúsculas), la cual ve con indolencia el paso de los transeúntes. Así el comercio ilegal y pirata es tan legal en nuestro país que ya nadie ni siquiera lo pone en tela de juicio.

Otro ejemplo: cuando una patrulla o motocicleta de la policía nos detiene por alguna supuesta infracción. La Autoridad (de nuevo con mayúscula), muchas veces argumenta cualquier cosa para ver si puede sacarle a la gente dinero. Que la placa está mal puesta, que le falta la luz derecha trasera, etcétera. Vamos, que todo es un "motivo" para "morder" al respetable. Si uno pide que le digan qué artículo del reglamento está violando, ya la Autoridad se pone a la defensiva y como es quien tiene el poder (e incluso un arma de fuego en el cinturón), pues quiere imponerse porque es la AUTORIDAD. Ahora sí, todo con mayúsculas. Y muchas veces pasa que quien nos detiene ni siquiera es policía de tránsito y no puede detenernos pero como no conocemos nuestros derechos, porque tampoco nos los dicen nunca, pues estamos a merced de la corrupción. Y sí, también los ciudadanos hacen su papel. Muchas veces resulta más fácil "darles para sus refrescos" que perder toda la mañana en el Ministerio Público por la causa que sea.

Pero los absurdos se multiplican. Recibo un correo de uno de los peores bancos de este país, Santander, en donde me avisan de no sé cuantos cambios en los recibos de mi estado de cuenta. Muy bien, al final viene el aviso de privacidad, el cual dice a la letra:

"******************PRIVACIDAD DE ESTE MENSAJE********************** Este mensaje esta dirigido exclusivamente a las personas que tienen las direcciones de correo electronico (sic) especificadas en los destinatarios dentro de su encabezado. Si por error usted ha recibido este mensaje, por ningun (sic) motivo debe revelar su contenido, copiarlo, distribuirlo o utilizarlo. Le solicitamos por favor comunique del error a la direccion (sic) de correo electronico (sic) remitente y elimine dicho mensaje junto con cualquier documento adjunto que pudiera contener. Los derechos de privacidad y confidencialidad de la informacion (sic) en este mensaje no deben perderse por el hecho de haberse trasmitido erroneamente (sic) o por causas de interferencias en el funcionamiento de los sistemas de correo y canales de comunicacion (sic). Toda opinion (sic) que se expresa en este mensaje pertenece a la persona remitente por lo que no debe entenderse necesariamente como una opinion (sic) del Grupo Financiero Santander y/o de las entidades que lo integran, a menos que el remitente este autorizado para hacerlo o expresamente lo diga en el mismo mensaje. En consideracion (sic) a que los mensajes enviados de manera electronica (sic) pueden ser interceptados y manipulados, el Grupo Financiero Santander y las entidades que lo integran no se hacen responsables si los mensajes llegan con demora, incompletos, eliminados o con algun (sic) programa malicioso denominado como virus informatico (sic). Este mensaje no debe interpretarse, por ningun (sic) motivo como una oferta de venta o de compra de valores ni de instrumentos financieros relacionados. Los acentos en la leyenda de confidencialidad se han suprimido para una mejor lectura".

Y remarco la parte final: "Los acentos en la leyenda de confidencialidad se han suprimido para una mejor lectura". De computadoras personales ya tenemos más de 30 años por decir lo menos, en donde el problema de los acentos está resuelto. Yo coincido con Sandro Cohen, que una vez me dijo: me duelen los ojos cuando veo faltas de ortografía. ¿A quién se le ocurrió la idea de que quitando los acentos se lee mejor, se tiene una mejor lectura? ¿Qué clase de simio escribió semejante leyenda (con respeto para los simios)? Podría entender que en 1985 quizás, hubiese problema para desplegar acentos en los correos o que fuese incluso difícil escribirlos, pero ¿hoy? ¿en el 2016? Pues bien, un triste ejemplo de que la ortografía elemental, el escribir con propiedad, no le importa siquiera al banco Santander.

Por eso, lectores de este blog, este país no funciona. Y que conste, es sólo un ejemplo más que ilustra este lamentable fenómeno.

Friday, August 08, 2014

Del pirateo de libros


Hace unos días vi en una página de ajedrez que iba a salir un libro sobre Nimzowitsch, llamado "Nimzowitsch, Move by Move", del MF Steve Giddins. Considerando que tengo un trabajo a medio terminar sobre el gran ajedrecista danés, nacido en Riga, pensé que éste sería un libro por adquirir. Entré entonces a Amazon y hallé que el libro se venderá en esta tienda virtual en un par de meses. En el Reino Unido saldría a principios de agosto. Así que lo puse en mi lista de deseos de Amazon y pensaba hacerme de él.

Pero resulta que en un sitio web al que entro, hallé que la versión electrónica (no PDF ni ePub, sino en formato Chessbase, que parece ser armada por la editorial que edita el libro), para ser descargada gratuitamente. Esto obviamente no es lo más legal del mundo y quiero suponer que alguien que compró la versión electrónica decidió hacerla pública y disponible para todos, pasándose por "el arco del triunfo" los derechos de autor de Everyman Chess y de Giddins.

El libro se ve interesante y cuando salga la versión en papel, la compraré, pero lo que me interesa es ver cómo las editoriales están ya, o empezarán pronto a estarlo, en desventaja ante la facilidad para publicar cualquier contenido en la red. No es el primer libro que se puede conseguir gratuitamente, ni será el último, pero esto habla claramente de que la situación de vender libros ha cambiado radicalmente con la llegada de Internet. De hecho es probablemente la industria editorial la última que ha tenido que empezar a lidiar con el problema de la piratería. Porque ahora no solamente hay quien en un ataque de tiempo libre inesperado, decide escanear un libro, página por página, y subirlo a la red, sino que no falta quien se hace de un libro electrónico, con DRM (derechos digitales de autor), el cual se pueden quitar si se sabe cómo, y entonces el libro queda a disposición de quien quiera descargarlo. Si además, como en el caso que menciono, el libro viene en formato para Chessbase (un manejador de base de datos de partidas), entonces el asunto no tiene vuelta de hoja: libro pirateado, lo que implica menos ganancias a la editorial y al autor.

Yo quisiera pensar que de todas maneras esto podría paliarse buscando de alguna manera un modelo de negocios que pueda satisfacer a todos, tanto editorial (y autor), como consumidores. Hay quienes a pesar de que sus libros están en PDF hacen dinero pues la gente compra sus libros. Un ejemplo es Adrián Paenza y su serie de libros de divulgación: "Matemática... ¿Estás ahí?". Se venden bien y probablemente se descarguen más aún. Es decir, el mecanismo quizás haga que el autor sea más popular y su libro o libros reciban más publicidad y por otra parte, la gente, al ver que el autor pone sus libros legalmente, decida comprárselos.


¿Qué hacer con este problema? No lo sé. Pareciera que muchos autores no tienen grandes preocupaciones al respecto. Sin embargo, es interesante hacer notar que por ejemplo, mi libro de Editorial Selector "Perfeccione su Ajedrez", se había descargado de uno de estos depósito de archivos públicos, unas 1000 veces. Es decir, son regalías que no recibiré y es dinero que la editorial tampoco recibirá.

Opino pues que se necesita un nuevo modelo de negocios. Sin duda Internet ha logrado cambiar el paradigma de cómo hacíamos antes muchas cosas y que hoy simplemente eso ya no funciona.

Saturday, September 29, 2012

La otra cara de la piratería


Ya he hablado acerca de la piratería. Es claro que a los creadores de contenidos esto es un problema real el cual, en mi opinión, no tiene solución a corto plazo. Se han inventado toda clase de macanismos para evitar que terceros pirateen contenidos con la subsecuente mengua de ingresos por parte de los que originalmente los crearon. Sin embargo, la realidad es que cada vez hay más contenidos en la red, que quienes los descargan no pagan derechos de autor.

Por ello, en principio, se han intentado estas iniciativas como SOPA, PIPA y ACTA, entre otras. El problema de todas estas ideas es que buscan controlar no solamente el asunto del pirateo de los contenidos, sino que buscan controlar directamente a todos los usuarios de la red. Convertirse finalmente en un "gran hermano", que todo lo ve, que todo lo escucha, que todo lo revisa, al mejor estilo orwelliano.

De los esquemas más interesantes para evitar la copia ilegal está el modelo de negocios que implantó el iPad/iPhone, en donde el poseedor de un teléfono o dispositivo de esa marca, entra a la tienda virtual y descarga el programa que le interesa, pagándolo con su tarjeta de crédito. El programa se descarga al teléfono o tablet de inmediato. Se usa y listo. No hay manera, al menos de forma simple, de que el usuario decida copiar ese programa a otro dispositivo, pues no hay comandos ni forma sencilla de realizar esto, si es que se puede. ¿Qué pasa si el teléfono/tablet pierde toda la información que el usuario ha comprado y descargado de la tienda en línea? No hay problema: puede redescargarlo sin costo. El sistema de alguna manera reconoce que ese dispositivo ya pagó por esas apps y se las deja descargar de nuevo sin costo alguno.

Amazon, con su Kindle, ha intentado esto, pero quiero creer que la cuestión parece más difícil de controlar. Una cosa es una app diseñada para el dispositivo móvil y otra un libro, el cual más de uno querría leer. Entonces surge la pregunta: ¿si compré el libro para mi dispositivo, por qué no puedo leerlo en mi computadora o en todo caso, si se me antoja, imprimirlo en mi casa? Finalmente no es como el software que se licencia en muchos casos. En lo que se refiere a libros, estamos hablando que cuando compro un libro físicamente ya es mío. Lo puedo subrayar, prestar, leer a otros en voz alta, etcétera. ¿Por qué un libro electrónico, porque está en ese formato, no puede ser susceptible de ser usado como un libro tradicional?

Pero más allá de esta cuestión, ahora quien escribe esto enfrenta la piratería. Un libro mío de ajedrez, de Editorial Selector, ha sido escaneado y puesto públicamente en algunos blogs que tratan sobre el juego ciencia, en donde en muchos casos los artículos son simples enlaces a depósitos de archivos públicos (mediafire, depositfile, entre muchos otros). Cualquiera puede descargar mi libro sin que tenga que pagar por él. Los dueños de los blogs indican -quizás como medida precautoria y curándose en salud- que es responsabilidad de quien descarga los contenidos. De hecho incluso indican que si al que descarga un libro en pdf le gusta, pues que le compre.

Yo -confieso- muchas veces he descargado libros en pdf y no he pagado por ello. En ocasiones ha sido mera curiosidad para poder ver qué temas contiene el libro. En otros casos, porque "me duele el codo" pagar por el mismo. Si el libro me convence, muchas veces lo he comprado. En otros casos quizás siga en mi computadora, durmiendo el sueño de los justos.

Por esto último, no he reclamado al sitio web donde vi mi libro muy bien escaneado. Además, conozco las consecuencias de querer detener que se distribuya en estos sitios de forma gratuita. Sé que pedir (o exigir) que el libro se quite de esos sitios implica que aparecerá en otros tantos blogs. El asunto es incontrolable y no tiene una solución satisfactoria.

Sin embargo, el ver mi libro escaneado y puesto a disposición pública me hizo sentir curiosidad: ¿cuánta gente lo habrá descargado ya? Al momento de escribir esto hay un total de 1150 descargas. Esto significa que más de 1000 ajedrecistas se interesaron por el libro que -tal vez- no pueden adquirirlo en donde viven, o bien, simplemente no quieren comprarlo. En este sentido, podría verse como una especie de promoción desinteresada de mi obra. Finalmente uno escribe un libro porque tiene algo que decir, que no se ha dicho o bien, que enriquece lo que ya se ha dicho sobre un tema.

Y esto es precisamente la otra cara de la piratería. Gracias a quienes escanean y ponen públicamente información de otros, se pueden promover estos autores, además de que en muchos casos, habrá quien pueda sacar provecho de los contenidos, sin tener que estar limitado por las cuestiones comerciales. No todo es terrible en la piratería.

Wednesday, May 23, 2012

El acceso a la información hoy


Para nadie es un secreto que desde hace muchos años juego y estudio al ajedrez. Es como una segunda carrera a la cual le invertido probablemente más años que a la física y/o la computación. La realidad es que el juego ciencia tiende a convertirse en obsesivo para aquellos que lo practican oficialmente, es decir, van a torneos y siguen las competencias internacionales vía Internet, además de jugar, desde luego, a través de algún portal específico para los amantes del juego ciencia.

Libros de ajedrez, discos compactos con monografías de apertura, ejercicios de táctica, videos con las explicaciones de connotados maestros sobre las partidas más fantásticas de todos los tiempos, son ya parte de las biblioteca (y discoteca) de todo aficionado al ajedrez. La información se multiplica y no es casualidad que los ajedrecistas de hoy día juegan mucho mejor que los de hace 50 años. Hay muchas más posibilidades, más recursos, más información. Y si a esto añadimos las bases de partidas, que ya cuentan con unos 5 millones de las mismas, registrando todo el ajedrez en el mundo, además de los motores de ajedrez (los "engines"), que juegan mejor que el 99.99% de los seres humanos en el planeta, pues tenemos un panorama nunca antes conocido. Por ello, ver a grandes maestros de 12, 13 o 14 años parece que ya no asombra a nadie. Muchos jugadores jóvenes, que están llegando al pináculo del ajedrez mundial seguramente se formaron con toda esta información que antes, simplemente, no era accesible. Baste un dato: el Excampeón del Mundo, Anatoly Karpov, me dijo en la entrevista que tuve la suerte de hacerle, que cuando jugó contra Korchnoi en Baguio, Filipinas, por el Campeonato Mundial, el equipo de karpov llevó unos 400 kilos en libros. Hoy todos esos libros cabrían, por ejemplo, en un Kindle.

Más de uno podrá decirme que sí, efectivamente hay mucha más información para el ajedrecista, y que además, se genera día a día más y más, pero que el problema es acceder a toda esta cantidad de información. Los libros de ajedrez se multiplican y es probable que haya más libros sobre el juego ciencia que sobre cualquier otro juego de mesa. No sé cuántos libros saldrán por año que versen sobre algún tema de ajedrez en el mundo por año, pero es evidente que son muchos, demasiados para que se puedan tener todos.

Pero el costo parece ya no ser un problema. Mi percepción es que gracias a la red Internet el acceso a toda esta información ya no es problema. Ahora tenemos algunos factores que han cambiado las cosas. Por ejemplo, hay más acceso a la llamada banda ancha (al rato será fibra óptica, que promete aún más velocidad), con lo cual, se pueden descargar libros completos en poco tiempo (un par de minutos). Por otra parte, hay escáner para "fotocopiar" en formato electrónico -página a página- cualquier título de ajedrez. Hay además programas que permiten tomar todas estas imágenes digitalizadas y armarlas en forma de libro en formato PDF. Así, de pronto, más de un aficionado al ajedrez, con cierto tiempo libre, puede escanear su libro favorito y después subirlo a algún depósito de archivos como MediaFire o DepositFiles, en donde cualquier puede descargarlos sin ningún costo.

Hoy en día los libros están empezando a correr con la suerte de la música en mp3. Ahora libros en formato DjVu y PDF son fácilmente accesibles y sin costo, aunque es claro que todo esto tiene las mismas connotaciones de ilegalidad que cuando se discutía (y se sigue discutiendo, lo sé), el problema de la piratería en la música. Sin embargo, debo decir que a pesar de los sitios que amables aficionados han puesto a disposición del ajedrez y de la información sobre el tema, a mí muchas veces me gusta tener el libro en papel. Eso de leer en la pantalla en muchas ocasiones no me parece cómodo, amén de que tengo que confiar la información a un dispositivo móvil electrónico, que si nos falla en el momento crítico, nos deja sin los libros digitalizados. A un libro en papel le puede caer agua, ensuciarse, doblársele las páginas y aún así, poder ser leído. Por ello, si de verdad me interesa un libro pues lo compro.

Quizás la ventaja está en que muchos libros de ajedrez ahora puedo descargarlos a ver si me late tenerlos o no. Es como una extensión de lo que hace por ejemplo Amazon, que permite "hojear" los libros que vende, aunque en algunas páginas (índice, un par de capítulos iniciales y ya). Aquí podemos "hojear" todo el libro. Obviamente muchas veces también es importante la calidad del escaneo del libro. En ocasiones ésta es muy deficiente y la verdad es que en ese caso, prefiero el libro en papel.

Ahora bien, hay quienes por simple amor al arte ponen en formato PDF, escaneados, libros que incluso ya no se consiguen en ninguna parte (por ejemplo el de Botvinnik, Computers, Chess and long range planning, que en pasta dura cuesta unos 72 dólares en Amazon (yo lo compré en Hastings, Inglaterra, por unos 3 libras, en pasta dura, aunque algo maltratado). Para esos casos es mejor eso a no poder hacerse de la información.


Pero aún así, habría que poner en tela de juicio si de verdad la piratería de libros terminará siendo como la piratería de la música. Por ejemplo, Adrian Paenza, autor de una serie de libros como "Matemáticas, ¿estás ahí?", en las entrevistas que dio la semana pasada en México (pues vino a promover su última obra de su colección de divulgación), dijo que todos sus libros están en la red y se pueden leer directamente sin pagar por ellos (por ejemplo, http://www.librosmaravillosos.com/matestahi01/index.html). Curiosamente, Paenza ha vendido -libros en papel- ya un millón de ejemplares. El propio autor se pregunta si no habría que reconsiderar toda la industria editorial al respecto y los problemas que dicen tener, con la piratería.

Lo que sí me queda claro es que el mundo ha cambiado. La información ha cobrado una importancia extrema y gracias a las nuevas tecnologías, se tiene más acceso a todo.

Friday, March 30, 2012

¿Correrán la misma suerte los e-books que los archivos de música mp3?


Ya he hablado aquí de lo que pienso sobre el problema de la piratería en la música, pero con la llegada de los libros electrónicos o e-books, hemos visto que podrían terminar igual que sucede con la piratería musical. Y la razón parece ser la misma: son fáciles de copiar, se pueden transmitir por la red y ya existe una serie de formatos por demás estándar, que hacen la vida más fácil a todos.

Amazon, por ejemplo, ha dicho que vende más libros electrónicos que en papel, y puede ser, gracias a la tecnología de las tabletas Kindle, originalmente hechas para leer documentos electrónicos y ahora para jugar, ver videos o llevar las calorías consumidas.

Para obtener un libro electrónico, el proceso es tan fácil como entrar al gran catálogo que tiene Amazon o Barnes & Noble, entre otras tiendas de libros gigantescas. Acceder al volumen que queremos, pagarlo con la tarjeta de crédito y, literalmente, tenerlo en nuestro dispositivo en un par de minutos.

Además de estas tablets para lectura, Amazon permite leer vía una aplicación para la PC. Con ello se incrementa el mercado potencial de lectores, aunque plantea una serie de problemas a los que distribuyen los contenidos, porque es claro que nadie quiere que les roben sus derechos legítimos de autores.

Si usted usa un Kindle u otra tableta dedicada a la lectura de libros electrónicos, probablemente no pueda copiar esos archivos para pasarlos a otras computadoras, propias o de terceros. Amazon, por ejemplo, ha tomado sus precauciones para que un libro electrónico no pase de mano en mano digitalmente, es decir para evitar la reproducción del archivo.

Sin embargo, no parece importar si hay libros protegidos contra copias,o si se hace difícil desbloquearlos para compartirlos con todos. Y no importa por qué hay en el mundo personas dispuestas a escanear si es necesario todo tipo de libros y subirlos a servidores de archivos como 4shared o depositfiles, por ejemplo.

Desde luego que hay muchos libros escaseados deficientemente, pero hay otros que no, que hasta parecen originales sacados de la edición electrónica. Para muchos basta con tener la información, aunque se encuentre en escaneos manchados o con páginas que aparecen torcidas, otros buscarán una edición mejor escaneada y. aunque tengan el libro en formato PDF, querrán comprarlo en papel. Tal vez esto es el recurso de algunos personajes que en la mejor tradición librera saben que no hay como un libro original, hojearlo, revisarlo e incluso olerlo, saborearlo con la vista, sentirlo físicamente.

Este problema de los libros electrónicos tiende a ser cada vez más común. Ya hay una buena cantidad de libros digitalizados en los más diversos temas, desde autoayuda hasta física cuántica, pasando por zootecnia. Con estos formatos electrónicos, compartir información es cada vez más fácil y hay cada vez más herramientas para un escaneo más limpio, como la que se muestra aquí  o esta otra. Me queda claro que la piratería de obras digitales como los e-books se convertirá en un tópico a discutir.

Friday, February 03, 2012

¿Quién tiene la culpa de la piratería?



La piratería parece un mal provocado por los consumidores de contenidos. Hay piratería en las calles, en muchas esquinas de la ciudad de México, por ejemplo, en donde se venden todas las películas que existen, desde las que están en cartelera hasta las de culto, las clásicas. Si uno se sube al Metro verá un ejército de vendedores ambulantes que vagón por vagón ofrecen las mejores obras musicales del "príncipe de la canción", el último CD de Luis Miguel, o los conciertos para violín más bellos de todos los tiempos, entre otros, todo a precios imposibles de hallar en las tiendas: 20 pesitos.

La industria de contenidos (llámese películas, videos, música y/o libros), siempre le echan la culpa a los consumidores, los cuales no parecen comprender que no pueden andar compartiendo sus archivos mp3 o sus libros en formato ePub o PDF. Pero de verdad, ¿es el consumidor final el culpable del problema de la piratería? No necesariamente en mi opinnión. He aquí algunas razones:

Los proveedores de internet se anuncian en los medios hablando sobre lo que puedes hacer en la red de redes: descarga música, comparte videos, usa las redes sociales, etc. Y ya uno se pregunta: si descargar música está litealmente prohibido (a menos que el cantante decida compartir su material), entonces la propaganda es engañosa porque como se están poniendo las cosas, bajar música casi lo convierte a cualquiera en un delincuente. Si bajo un video de youtube o una película de un sitio peer to peer entonces puedo ser catalogado como un criminal en potencia y si acaso, debo verlo solamente yo, aunque la esencia de la vida tenga mucho que ver con el compartir información con otros.

La creación del formato mp3, que tantos megas y megas de almacenamiento nos ha evitado usar, llegó para quedarse pero gracias al mismo las canciones se pueden escuchar sin pérdida de fidelidad (al menos no lo nota quien escucha) y ocupar poco espacio de memoria. Antes una rola en el formato de los CDs de música ocuparía unos 20 a 40 megas. Ahora si acaso 4 megas. Gracias al mp3 se nos ha hecho más simple, rápido y eficiente mandar por medios electrónicos, correo, ftp, por ejemplo, la música que nos gusta a nuestros amigos.

Los fabricantes de hardware también han colaborado haciendo unidades grabadoras de CDs y DVDs. Antes de esto quien quisiera grabar un disco de música lo podía reproducir en un cassette de audio, pero si éste se copiaba a su vez, poco a poco se iba perdiendo calidad. Gracias a los fabricantes de reproductores de CDs y DVDs las copias salen idénticas al original (así que no es cierto que una copia pirata puede dañar tu reproductor de DVDs como ciertos creadores de contenidos nos han querido hacer creer).

Apple, con su tienda iTunes ha hecho su parte. Antes, quien quisiese hacerse de una canción en particular tenía que pagar por un CD que contenía de 10 a 12 canciones, aunque sólo le interesase una sola canción. Gracias a iTunes la industria disquera vende las canciones unitariamente, con la subsecuente pérdida económica porque no hay que gastar una decena de dólares más por tener la canción que nos gusta o la que está de moda. Este cambio de modelo de negocios en el cual Apple lleva la batuta, sin duda colaboró a que las disqueras tuviesen menos ingresos.

Los fabricantes de software también han puesto su granito de arena. Escriben programas para usar las unidades grabadores de CDs y DVDs de maneras por demás eficientes. Estos programas pueden hacer imágenes bit a bit de esos discos para después transmitirlas por la red. Igualmente han creado rippers, programas que permiten leer los discos de música y convertir sus  canciones en el formato mp3. No se necesita ninguna capacidad técnica para esto y cualquiera que sepa usar una computadora de la manera más elemental lo puede hacer.


Y ustedes dirán: bueno, pero los grabadores de DVDs no se hicieron para copiar discos con derechos de autor, así como el software para controlar estos dispositivos. Y tampoco quienes inventaron el formato mp3 habrán pensado que esto provocaría este oleaje de la piratería. Supongamos por un momento que es así pero si nos han dado todos los recursos, de hardware y software para duplicar todo género de información. La mesa está puesta y siendo así, ¿quién no se sienta a comer?

La mejor analogía que encuentro es que nos inviten a un banquete a comer y cuando llegamos no podemos siquiera probar los alimentos. Todo está listo, vasos de vino, botellas descorchadas, suculentos manjares pero no, tenemos prohibido acercarnos a la mesa y si probamos el alimento es nuestra culpa. Ajá.

Yo no dudo que el consumidor final de contenidos también colabore en el problema de la piratería, pero seamos honestos: no son los únicos culpables. Habría que repartir las culpas a todos los actores involucrados en esta obra. Que no nos quieran engañar.  

Monday, August 01, 2011

¿Correrán la misma suerte los libros que la música?


De un par de años a la fecha, el incremento de libros que pueden hallarse en formatos como PDF o DejaVú parece estar incrementándose cada vez a ritmos más acelerados. Sin duda tiene muchas ventajas tener libros en formato electrónico. Por una parte, ocupan cero espacio físicamente, se pueden ver con ilustraciones en color -pues las editoriales no tienen que imprimir en muchas tintas como en el caso del libro en papel- y además, cuestan menos ya que no hay costos de impresión.

Sin embargo, la industria editorial pensó -aparentemente- muy bien cómo iniciaría esta aventura de pasar a formatos electrónicos sus libros y no tener que lidiar con la piratería que se ve por ejemplo, en la música. No importa qué hayan hecho los de la industria musical en estos años para contener el fenómeno de copiado de música. Simplemente no lo han podido contener. Quizás la mayor dificultad resida, precisamente, en que la industria disquera no se quiere acoplar a los tiempos modernos y quiere seguir ganando los dinerales que ganaba antes de que llegaran los iPods, los reproductores de música electrónica y desde luego, el formato mp3, que comprime los archivos musicales casi sin perder calidad o mejor dicho, sin que los que escuchan la música noten esa pérdida en la fidelidad.

Pero regresando al tema que nos ocupa, la industria del libro electrónico empezó realmente cuando las grandes tiendas por Internet decidieron sacar un lector de libros en ese formato. Fue Amazon que con su Kindle, empezó esta revolución editorial. Cabe decir que los lectores de libros electrónicos ya existían desde hace años, pero por alguna razón no habían tenido éxito. Cuando salió el Kindle, tal vez la diferencia es que Amazon ya tenía cientos de miles de títulos en formato electrónico para venderlos. Ya había pues una tienda con muchísimos contenidos. Eso es, en mi opinión, lo que dio el gran brinco para que la gente empezara a adquirir el Kindle y a comprar libros en formato electrónico.

Amazon pensó, evidentemente, en todas las posibilidades. Uno puede hacerse de un libro electrónico para el Kindle teniendo este dispositivo y una tarjeta de crédito. La conectividad 3G del lector de Amazon permite descargar en un par de minutos cualquier libro que uno compre en su tienda virtual. Sin embargo, ese libro no puede ser copiado a otro Kindle. El fabricante ha tomado medidas para asegurarse que solamente el dispositivo que uno compró pueda leer los libros que se compraron para éste. De esa manera, la tecnología evitaba el pirateo de los libros. De hecho, estos pueden respaldarse en otros medios y aún así, no se pueden copiar a otro dispositivo que no sea el que fue dispuesto originalmente para estos libros. ¿Cómo hace Amazon cuando uno quiere cambiar de dispositivo, digamos por una nueva versión del lector electrónico, para permitir que mis libros comprados puedan ser leídos en el nuevo juguete? No lo sé, pero de seguro esto también está contemplado.

Es importante señalar que Amazon permite, además, la lectura de libros en formatos populares como PDF y DejaVú, que pueden ser cargados al lector sin ningún problema. Pero estos libros en estos formatos probablemente vienen de otras fuentes y no de Amazon, que tiene su propio formato para libros electrónicos.

No obstante todas estas medidas de seguridad, el ingenio de la gente sobrepasa todas las protecciones habidas y por haber. Por ejemplo, se está notando una tendencia a escanear los libros físicos y vía algún programa especializado, "pegar" las páginas escaneadas para así formar el libro completo. Hay también dispositivos físicos que permiten el escaneo rápido de los libros (lo cual es en esencia tomarle foto a cada página y después pegar todo en un archivo), página por página en el orden correcto. Como un ejemplo de esto, entren a 4shared.com y en la caja de búsqueda escriban la palabra "PDF". Observarán decenas de miles de libros que ya están a disposición de cualquiera, en forma gratuita. Es interesante hacer notar que esta labor de escaneo de libros, por parte de individuos que simplemente quieren poner a disposición un libro de forma gratuita (ignorando, desde luego, los derechos de autor, entre otras cosas), requiere de tiempo y esfuerzo. Hay libros muy mal escaneados que francamente no valen la pena, pero poco a poco empieza a notarse que los libros electrónicos que pueden hallarse en la red, son cada vez mejor escaneados e incluso, algunos parecen que salieron directamente del "output" que se entrega para la impresión a las editoriales.

Además, están saliendo una serie de dispositivos para escanear libros que en mi opinión, sería importante tener en las bibliotecas públicas, por ejemplo. (La foto que ilustra este artículo muestra el Book Saver Book Scanner, de la empresa Ion se ve fantástico).

Amazon vende ahora más libros electrónicos que en papel. Sin embargo, aunque esta tendencia siga, hay mucha gente que le gustan los libros tradicionales, aunque ocupen más espacio. Las ventajas del libro en papel son muchas, pero la principal es que se puede usar sin necesidad de tener ningún otro dispositivo más que la mente y los ojos. No importa si no hay luz. No hay que temer demasiado a que se moje (como podría ser el caso del Kindle), y además, si no lo usamos, lo podemos guardar por el tiempo que sea, que cuando lo abramos, estará dispuesto a ser leído de nuevo (con el libro electrónico habrá que buscarlo en los respaldos, ver si el medio en el que respaldamos sirve y sino, ir a Amazon o la editorial que lo haya vendido y decirle la dificultad, etc.).

Yo pienso que los libros electrónicos sufrirán la misma suerte que la música mp3. A la larga no habrá manera de contener el intercambio y la subsecuente piratería. Me es curioso ver que en cada industria se toman pasos para proteger la propiedad intelectual y siempre termina sucumbiendo a la piratería, la cual viola todos los candados y elimina todas las protecciones.

Monday, April 04, 2011

la piratería ¿un error del mercado?


Los dueños de marcas y derechos de autor normalmente caracterizan a la piratería como una falla legal. Nunca parece haber suficientes esfuerzos de las leyes para que se detenga la actividad que infringe los derechos autorales. Sin embargo, un nuevo estudio global acerca de la piratería, respaldado por el Centro Internacional de Investigación y Desarrollo de Canadá, llegó a una conclusión diferente. Siguiendo por años de investigación independiente a seis economías emergentes, el reporte concluye que la piratería es principalmente un error del mercado y no un asunto de leyes.

El Consejo de Investigaciones Sociales y Científicas lanzó el estudio en el 2006, identificando a instituciones colegas en Sudáfrica, Rusia, Brasil, México, Bolivia e India, para entender mejor el mercado para la piratería de productos como música, películas y software. El resultado es el análisis más completo a la fecha acerca de la piratería.

En un reporte de 440 páginas, se reta a las repetidas argumentaciones sobre la piratería y del cómo enfocarse en el problema. Por ejemplo, se encuentra que contrario a lo que dicen acerca del crimen organizado y la piratería, no existe tal liga. en lugar de eso, los autores del reporte concluyen que "décadas de viejas historias son recicladas como una prueba de las conexiones terroristas y se apela a anécdotas como evidencia de ligas sistemáticas con la delincuencia. Lo que se halla es que la incidencia del crimen organizado y la piratería, cuando lo hay, es muy bajo".

Similarmente, no hay evidencia de que los programas "anti-piratería", algunos de los cuales ya fueron lanzados en Canadá, tengan un impacto en el comportamiento de los consumidores. Por ejemplo, en el 2009, los investigadores identificaron más de 300 programas anti-piratería y en ninguno de ellos pudieron encontrar pruebas o intentos de determinar si funcionaban.

El reporte también rechaza el deseo sistemático de pedir penas y condenas más duras para quienes consumen o distribuyen piratería. Cabe hacer notar, sin embargo, que frecuentemente los jueces tienen una sobrecarga en casos de crímenes violentos tales como asesinatos y asaltos. Mientras tanto, aunque se pida más años de cárcel por vender DVDs piratas, muchos jueces locales se enfrentan a dilemas judiciales, donde los temas en donde se daña los derechos de autor son menos importantes que aquellas actividades criminales que ponen en riesgo la salud y la seguridad.

Y aunque poner en orden los mitos que sobre la piratería existen es importante, la contribución más importante viene de comprender cómo la piratería es una función primaria de un error en el mercado. En muchos países en desarrollo, hay pocos canales de distribución legales para los productos más pirateados (música, películas, software). El reporte hace notar que "el mercado de la piratería no puede decirse, compite con las ventas legales o que genera pérdidas a la industria. En la parte más baja de la escalera socioeconómica, en donde los agujeros en la distribución son comunes, la piratería es simplemente el mercado".

Incluso en aquellas jurisdicciones en donde hay canales de distribución legales, los precios de muchos productos son simplemente inaccesibles para la vasta mayoría de la población. Los poseedores de los derechos de autor están siempre más preocupados por preservar los precios altos en los países en desarrollo, que en tratar activamente de involucrarse con la población local con precios razonables y accesibles. Estas estrategias pueden tender a maximizar las ganancias globalmente, pero también sirven para facilitar el mercado de la piratería en muchos países en desarrollo.

A mí me parece muy interesante todo esto. Yo estoy cansado de escuchar, leer o ver en los medios que la piratería es X, Y o Z asunto, en donde -desde luego- se pinta a todos los piratas como criminales. Y no se trata de defender esta actividad, pero es evidente que esto surgirá inequívocamente cuando los productos son inaccesibles para las mayorías. De hecho, no es una cuestión gratuita ver en el Metro a un ejército de vendedores de CDs, los cuales tienen recopilaciones de cualquier artista o cantante que se deseé. De hecho, todos estos artistas "pirateados", en lugar de quejarse por esta actividad que los dañas supuestamente, deberían agradecer siquiera el esfuerzo de promoción gratuito que ninguna disquera, por ejemplo, puede darles. Y si alguien cree que estoy defiendo a los piratas, los remito al párrafo que puse en cursivas más arriba y que aquí copio de nuevo: "el mercado de la piratería no puede decirse, compite con las ventas legales o que genera pérdidas a la industria. En la parte más baja de la escalera socioeconómica, en donde los agujeros en la distribución son comunes, la piratería es simplemente el mercado."