Antes de Internet la piratería era un negocio complicado. Por ejemplo, no faltaba quien hacía imitaciones de relojes finos y costosos, pero estos tenían que venderse en algún puesto, ya fuese en la calle o en el tianguis más cercano. Eso pasaba entonces con otros artículos: pantalones, tenis, bolsas de mujer, entre muchos otros. Pero hoy mucho de lo que se piratea son los contenidos digitales, los que se pueden transformar en ceros y unos y finalmente, convertirlos en películas, imágenes, libros o música. Todos estos objetos digitales, por decirlo de alguna manera, gracias a Internet, ahora se pueden transmitir más allá de cualquier frontera de manera rápida y eficaz y además, prácticamente a muy bajo costo.
Y si hablo de esto es que ayer se puso a disposición de la tienda virtual Amazon un libro de ajedrez que quería leer. Sólo había versión Kindle pero aún así decidí comprarlo. Me costó 200 pesos y me llegó casi instantáneamente a mi lector electrónico de este tipo de libros. Hoy, un día después de que salió a la venat, este libro está en un sitio pirata de libros de ajedrez, de forma gratuita, en todos los formatos posibles: pdf, epub, mobi, etcétera.
Y el problema de esto es que ¿cuál será la motivación entonces para el escritor? Si de un día para otro, literalmente, su libro aparece en los sitios piratas, ¿quién puede entonces vivir del esfuerzo que significa escribir un libro? Es claro que este tipo de situaciones desalienta la producción intelectual. El libro del que hablo me costó unos 10 dólares pero si lo hubiesen puesto a 5 o 3 dólares, quizás más gente lo compraría pues, el precio sería incluso demasiado bajo y además, para piratear libros no todos los sitios piratas tienen la información tan fresca, tan del día.
Y esa es -creo- la solución a la piratería. Pensemos en los programas de ajedrez para la PC. Cuestan unos 100 dólares. ¿Por qué no ponerlos a los precios que se venden para los teléfonos móviles, que es como el 10% de ese precio? Juegan igual que bien y posiblemente por estas cantidades más personas los comprarían. De hecho, muchos programas de ajedrez requieren de software para quitar los candados, para evitar que el software se dé cuenta que no se adquirió legalmente, etcétera. Con precios bajos ya no habría que navegar por los mares de la piratería en Internet. Podríamos hacernos de un original si este se pudiese conseguir a bajo costo.
Sí, sé que es dificil rechazar la idea de hacerse de un contenido de forma gratuita. Pero tal vez el esfuerzo y tiempo que implica buscar el contenido que nos interesa puede ser mucho mayor en inversión de tiempo que el comprarlo por unos pocos dólares. Y vamos, para que vean que no estoy tan errado: en em Metro capitalino hay muchos vendedores que anuncian todos los discos de José José, Luis Miguel, las mejores obras del barroco, los conciertos de Bach, vamos, toda clase de artistas, en donde se han compilado sus trabajos musicales y caben en un DVD que se vende a 20 pesos, "garantizado" por el eventual vendedor. Incluso hay quien vendía discos con Linux por 10 pesos y si no sabías instalarlo, por 50 o 100 pesos más, te lo instalaba el mismo vendedor. Y aquí de nuevo, el punto clave es el precio. Si vendiesen -digamos los discos de Luis Miguel- a 200 pesos, probablemente pocas personas los comprarían en el Metro.
Ahí queda pues la idea...

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