Saturday, March 05, 2022

¿Quién quiere ganarse la rifa del tigre?


Querer ser presidente de México es algo que le quita el sueño a más de un político en nuestro país. Es sin duda el escalón mayor al que se puede llegar y claramente hay muchos con aspiraciones presidenciales. Por ejemplo, Andrés Manuel López Obrador estuvo más de tres veces buscando la presidencia. Le ganó Fox, Calderón y Peña. Finalmente logró la silla presidencial y se hubiese esperado que en tantos años de lucha, López Obrador hubiese reconocido lo que habría que hacerse para hacer de México un país víable.

Pero no pasó. López Obrador ha eliminado un sinfín de programas sociales. Ha repartido dinero en programas clientelares, ha iniciado obras faraónicas como el Nuevo Aeropuerto Felipe Angeles, desechando el de Texcoco y por ende, el costo de esta obra cancelada asciende, según el propio gobierno, a unos 450 mil millones de pesos (se calculaba que el NAIM en Texcoco costaría 300 mil millones). 

Pero no voy a seguir hablando de los dislates de nuestro presidente, que francamente demuestran que le quedó grande la silla. Se ha perdido el propio López Obrador la posibilidad de cambiar realmente a México. Aquí lo que quiero hacer es concentrarme en los que le siguen, los supuestos candidatos a la presidencia en el 2024. Están Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Ricardo Monreal. Otros candidatos (seguramente Ricardo Anaya), aparecerá formalmente en su momento. Y todo esto sin contar otros políticos que les encantaría llegar a la presidencia.

¿Pero dónde está el atractivo de ser presidente? La idea generalizada y que se comunica a los ciudadanos es que cada candidato ama este país y quiere lo mejor y más aún, sabe cómo hacerlo. Y entonces la gente vota por aquel que aparentemente tiene las mejores intenciones, aquel que no roba, que no miente, que no traiciona, porque cree en la bondad de su propuesta. Lo lamentable es que al final del día todo esto es un cuento. Los políticos que quieren ser presidentes buscan el poder político y el dinero. Porque miren, tener acceso a las cuentas públicas y gastar en los proyectos que considere aquel que gane la presidencia, es siempre atractivo ¿o no?

No encuentro otra explicación. México se ha convertido en un país invíable. Entre la corrupción gubernamental, entre la casa gris del hijo de AMLO, o el dinero que recibieron sus hermanos en época electoral, por decir apenas unos cuantos eventos, es claro que AMLO ha mentido una y otra vez sobre la supuesta desaparición de la corrupción en nustro México. Pero hay más, la delincuencia organizada ya controla de facto muchos territorios del país y en un imperio de terror imponen su ley. Y entonces salen fusilamientos de 17 personas, matanzas aquí y allá, las cuales prácticamente ya ni se investigan porque los culpables jamás serán detenidos y porque precisamente, el narco domina gran parte del país.

Y entonces, teniendo un país cuya viabilidad es cada vez menor, ¿quién se quiere lanzar de presidente? ¿para qué? ¿qué podrá arreglar en seis años o al menos no lo dejará en peor estado? Tal vez lo que anima a todos estos políticos es la vanidad, la de sentirse poderoso por seis años, por no ser contradecido jamás en ninguno de sus juicios si se es el presidente, aunque haga puras tonterías. Sino es así, no entiendo qué puede mover a una persona a querer un puesto político de esta magnitud.

Y debo reconocer que -evidentemente- a mí la política me parece asquerosa en muchos sentidos, pero quizás esto no es el sentimiento de las mayorías. Cuando en México se hacen una serie de elecciones, salen un montón de candidatos que, o han visto un buen negocio entrarle a ser alcalde de una delegación, o de un municipio, o de un Estado, etcétera, o bien, sueñan con la absurda idea de que ellos sí saben cómo sacar a México de su marasmo. A la hora de la hora lo que terminamos teniendo es una serie de badulaques que se sienten importantes y que no trabajan por México, aunque se llenen la boca de palabras a favor de nuestro país.

Ganarse la rifa del tigre es exactamente lo que significa convertirse en presidente. Y pueden los ganadores entrar con muchas ganas y deseos de cambiar al país, pero a la larga o a la corta, se enfrentan a un país de corrupción imposible de erradicar, de un narco cada vez más fuerte y poderoso y una serie de intereses creados que no se pueden deshacer.

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