Tuesday, July 05, 2022

La estrategia del presidente

El gobierno de la 4T,que en esencia ya no sé a qué se refiere, está encabezada por un personaje que sin duda es muy astuto políticamente, aunque sea muy limitado en prácticamente todo lo demás. López Obrador ha impuesto su propio estilo de gobernar, más cercano al viejo PRI que a un concepto moderno. Para citar a Vargas Llosa, está regresando al país a la dictadura perfecta, en donde se supone, hay libertad, un país que avanza, etcétera, pero que en el fondo no se mueve ni una hoja de un árbol si no lo dice antes el presidente.

El problema de esto es que el propio López Obrador se ha hecho la idea de un México que solamente existe en su imaginación. Miente desde hace años prometiendo un sistema de salud como Dinamarca, pero nomás el país no da para eso. Dice que la corrupción se ha eliminado cuando tiene a Gertz Manero y a Bartlett en su gabinete, que tienen cola que les pisen. Vamos, todos los días salen grabaciones de Gertz, en donde hace uso discrecional del poder judicial, por decir lo menos

Pero el problema es que el país está sumido en un peligroso cuesta abajo. No hay medicinas y su abasto ha sido un problema, asunto que incluso López Obrador ha tenido que aceptar, a pesar que cuando quiere decir que se va a resolver algo, empeña su palabra, o su nombre, e indica que "dejo de llamarme Andrés Manuel si no soluciono este problema". Y ni hablar de la inseguridad y de la delincuencia organizada. En el México de la 4T se mueren de manera violenta 100 mexicanos por día. Así de grave es la situación. Pero de nuevo, en el discurso oficial el país está en calma y la gente está feliz. Vamos, para AMLO el pueblo está contento siempre desde que él tomó el mando.

Pero no se puede tapar con un dedo el Sol y las dificultades de este país se observan cada día de forma más evidente. Y como a nadie le gusta que la realidad le pegue en el rostro, a cualquier pregunta de los periodistas que aparecen en la mañanera, el presidente siempre da una marometa y se sale de la pregunta cuando ésta la incomoda. Y aquí López Obrador tiene dos opciones: 1. acusar a quien le incomoda y decirle hitleriano, fifí, conservador, neoliberal, adversario, corrupto, amante del dinero, etcétera y 2. meter temas que no vienen al caso, como el asunto de Julian Asange (el creador de Wikileaks), que al final de cuentas no incide en la problemática del país, pero en el discurso del mesías tropical, si los Estados Unidos condenan al periodista, entonces -dijo- habría que desmontar la Estatua de la Libertad, pues ya no simbolizaría lo que debería ser cuando los franceses se la regalaron a los Estados Unidos.

Y si alguien tiene dudas, pues ahora López Obrador quiere quitar el horario de verano. La realidad es que es un asunto menor hoy en día pero el presidente ha mandado una iniciativa y ha hecho toda la alharaca del mundo porque de nuevo, es parte de su estrategia de distracción, que es el único truco que conoce para no enfrentar la realidad del país.

Y esta desviación de la problemática real es la que dicta la agenda oficial y del día. Y entonces todos -me incluyo- hablamos de este dislate pero no importa, porque ya López Obrador se salió con la suya y así nadie toca los puntos francamente sensibles de este México que de verdad, se está cayendo a pedazos.

Pero todos estos distractores no duran para siempre y entonces, casi como el drogadicto que necesita una nueva dosis para mantener su adicción, el presidente encuentra una nueva idea distractora y de nuevo, caerá en estos dos ámbitos que ya puntualizamos: o es un insulto personal a un "adversario" o bien, ignora la cuestión y mete el distractor como una cuña y sostiene entonces su narrativa lamentable.

López Obrador entró con el voto de 30 millones de mexicanos, pero ahora parece que apenas la mitad de los que le apoyaron están dispuestos a hacerlo. La razón es que este gobierno no tiene rumbo, no tiene plan. Pone a una cantidad de ineptos en puestos como la Secretaría de Educación Pública, por ejemplo, en donde la señora secretaria no ladra porque no se sabe la tonada pero eso sí, es incondicional al presidente y eso vale oro en este sexenio.

Y ya no sigo, porque es llover sobre mojado. Este es el país que tenemos y no vamos para mejor, sino para peor. Y no lo digo yo, lo dice la problemática no resuelta, así como las mentiras de sus obras faraónicas que no llevan a más que a gastar miles de millones de pesos y que son disfuncionales, por decir lo menos.

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