Dicen que "el poder corrompe" y después se añade: "el poder absoluto corrompe absolutamente". Y no sólo hablamos de corrupción en términos de dinero, bienes inmuebles o cualquier otro oscuro objeto del deseo, como coches de gama alta (como los de Alito, el del PRI). No, la corrupción llega a las entrañas de quien la padece porque nota este personaje que se hace lo que se dice, que nadie siquiera le reta ninguna decisión y entonces esta persona se siente única e irrepetible. Por eso el poder corrompe, porque dsvirtua la realidad de los seres humanos, de sus errores y pifias, de las cuales nadie está exento. Y en mi opinión, cuando el acceso al poder toca la vanidad de la persona, entonces tenemos la fórmula perfecta para los desvaríos de quien ha sido atrapado en las redes de sentirse poderoso y casi insustituible.
Y esto le pasa a la Dra. Sheinbaum, la cual dio su cuarto informe de gobierno como si se tratara de la presidente de la República. Para ello rentó el Auditorio y reunió a sus colaboradores. Llenó el recinto de alguna manera -cuestión no muy complicada en este país en donde el acarreo está más que estudiado e implementado- y después de dar a conocer un sinfín de logros, fue aplaudida a rabiar por colaboradores y por un público que ya conoce cómo debe actuar. Las imágenes de la gobernadora de la Ciudad de México en el Auditorio seguramente le hicieron soñar con la posibilidad de ser la próxima presidente de este país. Y la vanidad es tan grande en estos políticos que el numerito del cuarto informe sólo habla del tamaño del ego y la vanidad de la Sra. Sheinbaum.
Y de nuevo, como ya he dicho antes, de nada le sirvió estudiar en una Facultad como la de Ciencias, la cual es muy crítica, en donde ninguna verdad se acepta a priori. Es una escuela incómoda porque la gente piensa y en donde todo está en tela de juicio. Pero para colmo, Claudia Sheinbaum hizo un doctorado y estoy seguro que aprendió cómo se hace investigación y del cómo es difícil hacer las cosas bien. Los revisores de artículos en revistas internacionales no se "apantallan" por nada. Leen lo reportado, hacen observaciones y si procede, publican los hallazgos. Esto no es susceptible (o no debería serlo), de presiones políticas, de quedar bien con quien escribe el artículo, etcétera.
La Sheinbaum ya ha pasado por todo eso y claramente se ha olvidado de su entrenamiento académico. Ahora se toma fotos supuestamente trabajando (como si ella no se diera cuenta de que la están fotografiando), o hace un show mediático como su cuarto informe, queriendo ganarle terreno a Ebrard, quizás el candidato opositor que podría regresarla a la realidad. Y aunque lo quiera negar, es claro que todo este espectáculo en el Auditorio es un acto de precampaña, amén de simular lo que se sentiría dar un informe como presidente de México.
Pero pobre Sra. Sheinbaum. No se da cuenta de nada. Le ganó la vanidad. Sueña con sentarse en la silla presidencial. Sus ansias de poder le cierran la razón. Pobre.

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