Antiguamente los carteles en las calles con rostros de delincuentes manifiestos ofrecían recompensas; hoy en día piden votos. La cita la hallé en Twitter. Me parece que esta cita pinta de cuerpo entero la política mexicana. Vamos, quien crea que cualquier candidato en realidad quiere mejorar al país, que tiene un plan para que México ingrese al primer mundo, que sabe cómo acabar con el narcotráfico, etcétera, pues sólo califica como ingenuo, por decir lo menos.
La realidad es simple: la política es un gran negocio. No se necesita preparación alguna. Tal vez lo único que importe es ser arrogante, cierto don de habla y tener las agallas de pelearse al más bajo nivel en la Cámara de Diputados. Porque al final del día todos queremos ganar unos buenos pesos para vivir mejor, y la política de este país da esa oportunidad. Pero no me crean, esperen a que llegue ya la etapa electoral y veremos cuanto personaje que ni en sus casas los conocen, mostrando felices rostros en anuncios espectaculares y en la lámina de los camiones así como pendones en los postes de electricidad. Y todos estos candidatos -heroes desconocidos- sí saben qué hay que hacer en este país. La realidad es otra y todos lo sabemos.
Los políticos se reparten el país en cada elección. Hay dinero y por ello siempre habrá quien quiera hacerse de esos billetes. ¿Y el país? ¿Qué país? Eso sin duda no importa y hoy por hoy, en México, menos.

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