Si uno ve el mundo del ajedrez, notará que muchos
padres de familia llevan a sus hijos a los diversos torneos que se organizan.
Muchos de esos torneos se dan en categorías sub-8, su-10, sub-12, etcétera, y
así los chicos pueden competir en condiciones más parejas de acuerdo a sus
respectivas edades. Sin embargo, la edad en realidad es un parámetro para los
niños “normales”, pero no para aquellos que son verdaderos prodigios del juego
ciencia.
Pensemos en Bobby Fischer, quien clasificó al Torneo
de Candidatos con tan sólo 14 años y que unos trece años después jugaría (y
ganaría), el Campeonato Mundial (1972) contra Boris Spassky, en el denominado “Match
del Siglo”. Claramente Bobby era un prodigio para el juego ciencia e incluso
creo recordar que Brady, el autor de “Profile of a Prodigy”, indica en su obra
que en el club de ajedrez donde jugaba Fischer (antes de llegar a ser el gran
jugador que fue), alguien sugirió que se le llevase a un psicólogo porque para
muchos de los ajedrecistas, era un tipo raro, por decir lo menos. Sin embargo,
nunca se produjo ninguna cita con ningún galeno pues alguien comentó que quizás
eso podría cambiar el rumbo de su carrera y tal vez incluso, hacerlo desistir
de seguir jugando al ajedrez. Tal vez lo mejor sería dejarlo ser y que siguiera
su camino. Ya la vida se encargaría de lo que fuese a ocurrir.
Y esto viene a cuento porque en mi plan para trabajar
este año en ajedrez, y hablando esto con el MF Silvio Pla, que es todo un
portento de estudio en diversas ramas del desarrollo neurológico, me dijo que
había que hacerse, además del trabajo ya platicado, un “mindset”, es decir, una
serie de pensamientos, de ideas y planes que formaran un marco de trabajo
idóneo para mejorar. Pondré un ejemplo: Digamos que me propongo subir mi Elo en
cada partida jugada. Eso se ve como meta en muchos jugadores ambiciosos, porque
es claro que a mayor Elo, más chances de jugar en torneos más fuertes y con una
oposición mucho más selecta. Pero en mi caso quizás sea mejor plan el intentar
que cada partida sea -hasta donde se pueda- memorable, interesante. Por
ejemplo, tal vez deba olvidarme de las propuestas de tablas y de seguir
jugando, aunque mi contrario me lleve mucho Elo de ventaja. Eso parece un
pensamiento para el “mindset” mucho más razonable para la idea del trabajo que
ya estoy haciendo este año.
Hay un libro llamado “Chess Improvement - It´s All in
the Mindset”, de Barry Hymer y Peter Wells, los cuales basan todo su trabajo
precisamente en el “mindset” adecuado que los ajedrecistas deberían tener. Y
esto parte de la idea de Carol Dweck (“Mindset, la actitud del éxito”,
editorial Sirio), la cual introdujo a la psicología hace ya años, la idea de
los “midsets”. En este libro “Chess Improvement”, el prólogo lo escribe
Henrick Carlsen, el padre del mejor
jugador del planeta, Magnus Carlsen, y dice algo que me parece fascinante: “Para
mí, personalmente, el libro (de Hymer y Wells), es un tesoro de ideas útiles y
anécdotas. Hay puntos que pueden ayudarme a mejorar como jugador de ajedrez, y
hubiera sido un vehículo muy útil de metacognición mejorada si hubiera estado
disponible durante 20 o más años, cuando mis hijos eran pequeños. Por otra
parte, no todas las ideas habrían sido una revelación para Magnus y su enfoque
intuitivo del ajedrez y aprendiendo que mi esposa y yo de alguna manera
logramos no dañar o alterar significativamente (el desarrollo de Magnus). Si
bien el marco general es muy útil para la mayoría de los entrenadores y padres,
para los valores atípicos representados por la élite mundial del ajedrez
generalmente hay cualidades individuales extremadamente fuertes que resultaron
ser decisivas, incluso si más o menos desapercibido en ese momento – y el papel
principal de los entrenadores y participantes. En mi opinión, esto es brindar
una cuidadosa facilitación y “no hacer daño”.
Aquí la idea de “no hacer daño” es más bien la de “no
interferir” significativamente en el desarrollo del ajedrecista. Pero esto es
un tema muy subjetivo. Pondré un ejemplo personal: cuando mi padre me vio
interesado en el ajedrez, fue el mejor promotor. De pronto llegaba del trabajo
con un nuevo libro, apoyaba siempre mi participación en torneos y le interesaba
ver mis partidas. Por su trabajo y porque tenía otros cinco hijos, quizás por
ello no pudo “interferir” mucho más en mi educación ajedrecística. Vamos, me
dejó ser, ir a mi paso y jamás me presionó. ¿Hizo bien? Pienso que sí.
Curiosamente tenemos otro caso, el del papá Polgar, que hizo que sus tres hijas
llegasen a ser grandes maestras del juego, probando su teoría de que la
excelencia es cuestión de preparación metódica desde muy pequeño. ¿Interfirió
en el desarrollo de sus hijas? Probablemente sí. ¿Hizo bien? En mi opinión sí,
aunque desde luego, esto está a debate.
Cabe aclarar -regresando a los mindsets- que la idea
de los mismos está lejos de ser la panacea y desde luego, es caldo de cultivo
de un sinfín de libros de autoayuda, que en donde más se ayuda es a los autores
de esos libros. Los mindsets pueden ser una interesante herramienta, pero la
misma puede darse a interpretaciones equivocadas. Regresando a Bobby Fischer:
en su mindset, Bobby soñaba con ser Campeón del Mundo. Era una de sus metas, de
sus pensamientos recurrentes y entonces, más de uno lo habría tachado de
ingenuo o loco. Y sin embargo, el tiempo le dio la razón a Fischer.
Y la clave aquí es: Construyamos un “mindset” que no
haga daño, que permita lograr las metas trazadas. ¿Podrá lograrse?
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