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Thursday, September 23, 2021

Todos somos corruptos y criminales


Ya hace un par de días se supo de una posible orden de aprehensión, por parte de la Fiscalía General de la República, para 31 científicos que en el pasado fueron parte de un Consejo Consultivo de Conacyt, que es finalmente el organismo estatal que quiere regular la ciencia en México. Ya dos veces jueces a los que se les ha pedido "obsequien" esas órdenes de aprehensión, las han invalidado indicando que el consejo consultivo lo había creado el propio Conacyt. Hoy la Fiscalía busca, por tercera vez, estas órdenes de aprehensión las cuales se basan en acusaciones como "asociación delictuosa", "peculado" y "lavado de dinero", entre otros.

Hay que decir que en este consejo consultivo hay académicos de las UNAM de alto nivel. Julia Tagüeña y Pepe Franco, entre otros. Hay una página, en donde puede verse quienes han dirigido este consejo consultivo. Vamos, hasta el Dr. Soberón ha estado en ese puesto. Y déjenme decirles algo: he estado toda la vida en la academia y he visto que quienes nos hemos dedicado a la ciencia no somos ni millonarios, ni manejamos enormes cantidades de dinero, ni tenemos coches de lujo, ni viajamos a lugares excéntricos, ni nada por el estilo. Pretendemos ser quizás parte de la clase media mexicana (que un amigo dice que somos clase pobre alta), y hacer una vida decorosa. La ciencia y su quehacer está lejos de este afán de ambición que parece que el gobierno de la 4T ha hecho permear a todos los ciudadanos de este país. Para este gobierno todos somos corruptos y tramposos, y por ende, hay que actuar contra ellos.

Quizás queriendo sacar raja política, salió un senador de Morena, Armando Guadiana, quien en una conferencia de prensa ya decidió veladamente el acusar a todos los científicos por sus viajes, por usar los recursos de la UNAM y otras universidades autónomas, y porque para este señor, que le llaman el zar del carbón, todos estos académicos son corruptos. Vamos, el senador pide auditorías a la UNAM y otras universidades, cuando ya estas auditorías anuales existen. De todas maneras, habría que indicarle a este señor, que ha impulsado la compra masiva de carbón a la CFE, que la Universidad Nacional Autónoma de México, como muchas otras universidades mexicanas AUTÓNOMAS, lo son para decidir cómo usan el presupuesto que se les otorga y que, aún así, son auditadas por la Federación. Pero eso no importa: la 4T no hace distingos. Los académicos, investigadores, científicos, son igualmente perversos que si ven la posibilidad de robar al pueblo, lo harán. El león cree que todos son de su condición


Ya el rector de la UNAM, Enrique Graue, ha indicado que esa acusación es un despropósito. Pero eso tampoco importa. El asunto es -por una parte- distraer la atención a los verdaderos problemas nacionales, cosa que López Obrador sabe hacer a la perfección, pero por otra parte, crear este clima en donde el Estado decide cuando acusa y a quién, y los pone de inmediato en la picota periodística para mostrar quien manda. Y como estamos llegando a dejar de ser críticos porque AMLO es el único que tiene la verdad y además, se le inclinan todos a lamerle los zapatos, pues estamos viendo chispazos de un Estado totalitario, en donde todo aquel que se oponga es susceptible de ser encarcelado o puesto en la mira del gobierno para acallarlo o simplemente deshacerse de semejante personaje que -desde luego-. va en contra de la transformación del país.


López Obrador, al preguntársele al respecto, ha dicho que "el que nada debe nada teme", como si hubiese tener que deber algo para que el Estado que está armando el presidente manipulara lo que necesitase para perseguir a alguien ¡Cuánta ingenuidad! Loret de Mola y Brozo, así como otros periodistas, son perseguidos por la 4T y además, lo hacen con todo desparpajo. Vamos, el mismo presidente ataca a todos aquellos que lo cuestionan en sus acciones. El Universal, el Reforma, así como muchos sitios de noticias de Internet, son denostados una y otra vez por el presidente en sus shows mañaneros.

El asunto es preocupante. En los Estados totalitarios la gente no puede disentir. Ejemplos increíbles de esto pueden verse por ejemplo con el dictador norcoreano Kim Jong-un, que cuando sale a algún evento público, grabado por los medios, se observa como todos los que están a su alrededor aplauden a rabiar cuando se presenta. Todas esas personas saben que el disentir es casi condenarse a muerte. Y ojo, no estoy diciendo que López Obrador sea como este infame de Corea del Norte. Lo que digo es que cada vez veo más seguido hechos y datos sobre como AMLO quiere convertirse en la verdad de este país, como cualquier otro dictador. 

Por ello hoy todos en México somos susceptibles de ser acusados por la autoridad. De permitirse que se otorguen esas órdenes de aprehensión contra los científicos mexicanos es un síntoma de lo que puede pasar en nuestro país.


Sunday, March 24, 2019

De la crítica a la lapidación



Vivimos tiempos interesantes. Hoy todos nos sentimos con derecho a criticar todo lo que hace el gobierno de López Obrador. Gracias a las redes sociales, Facebook, Twitter, parece que todos podemos expresar nuestras opiniones sobre cualquier tema aunque lo desconozcamos en total. Pero pensemos lo que pasó en el sexenio pasado, no muy lejos de éste que lleva poco más de 100 días de gobierno.  Con toda franqueza (y sin buscar en Google, por favor), ¿quién me dice el nombre del titular de Conacyt del sexenio de Peña? ¿Quién me muestra los errores cometidos por el Conacyt en el otorgamiento de apoyos, becas, estímulos, etcétera? Posiblemente nadie, porque se fijaban ciertas reglas de operación y Conacyt tenía un director que mientras medio cumpliera con lo que se esperaba de él, no pasaba nada. No hacía mucho ruido y seguía la máxima de que "calladito se veía más bonito".

López obrador nombró a la Dra. Elena Alvarez Buylla para que fuese la siguiente directora del Conacyt en esta "flamante" cuarta transformación (sea lo que sea lo que significa esto). Y la nueva directora ha tenido que lidiar con problemas que en el pasado simplemente hubiesen sido inexistentes. Por ejemplo, el subdirector de comunicación resultó ser un personaje con carrera trunca pero cursando el tercer semestre de una segunda carrera. Y las críticas no se hicieron esperar logrando que el susodicho renunciara a su puesto.

Pero este no ha sido el único caso. Otra funcionaria del Conacyt tenía una licenciatura en moda (?) y desde luego, fue puesta en la picota de las redes sociales. Hasta donde entiendo, fue removida de su cargo. Hoy aparece el caso de la directora de Comunicación Estratégica del Conacyt, Cristina Pouliot Madero, que fue señalada en redes sociales luego de que se descubriera un blog en el que se dice creyente de la “astrología, revoluciones solares y los tránsitos”.


Cristina Pouliot Madero

Pero analicemos el caso: Cristina Pouliot Madero es doctora en biblioteconomía. Vamos, tiene un doctorado y por ende, se asume, que tiene un rigor de acuerdo a su nivel académico. Es decir, la doctora no tomará (o no debería) tomar decisiones sin meditarlas. Finalmente está en comunicación estratégica de Conacyt y al final del día en su chamba tiene que informar de las estrategias que tomará la institución, es decir, ella no está más que para comunicar dichas estrategias.

Pero además, de esto, si la doctora Pouliot cree en la astrología, está en su derecho. Si tiene una página web, si ha dicho que cree en la astrología académica (sea lo que sea lo que esto significa, muy su problema. Si sus creencias no interfieren con su puesto, ¿por qué criticarla? Y entiendo, se supone que el Conacyt está la gente de ciencia que no cree en esas patrañas como la astrología, sí, pero pensemos un poco. ¿Habrá gente en Conacyt que crea en Dios? ¿Por qué no criticamos con la misma vehemencia a esos funcionarios que trabajando en Conacyt, creen en Dios, que finalmente tampoco se considera en los afanes de la ciencia? ¿Por qué creer en la astrología es reprobable pero en Dios no? ¿Quién decide qué creencia es la válida?

No faltará quien me diga que la astrología está demostrada como una teoría falsa, llena de patrañas y mentiras, y en el caso de Dios, pues simplemente no sabemos. Y yo les diría que si es así, si no tenemos la mínima idea de qué es Dios, ¿nada más por eso entonces vale esa creencia? En mi opinión, cada quien puede creer en lo que mejor le plazca y mientras no interfiera con su trabajo, pues no hay que criticar. Las creencias finalmente, están en un plano privado y no público, aunque haya gente que diga a los cuatro vientos que cree en la astrología, en Dios o en Messi.

Pero entonces observo el siguiente fenómeno: quienes critican la designación de la Sra. Pouliot buscan a toda costa lapidarla. No basta la crítica sino, como dice un amigo: "hay que chingársela". Es decir, critiquemos abiertamente la designación en cuanto medio podamos. Hagamos que la doctora en cuestión se sienta avergonzada y entonces renuncie, y busquemos a alguien a modo para que estemos más contentos todos. Porque en serio, la idea es destrozar a la mujer porque sus creencias son descalificables, aunque las creencias sobre Dios sean indemostrables. Así, erijámonos de jueces supremos y digamos a la gente qué debe creer y qué no. Y definamos creencias que son válidas mientras que descalificamos las que se nos antojen.


Paola Villareal

Y ahí les va un dato para aquellos que quieren seguir criticando al nuevo Conacyt, en lugar de ver la oportunidad de que la institución mejore: la nueva directora de ciencia de datos es Paola Villareal (@Paw en Twitter), que además, conozco en persona. Ella es una programadora sin educación académica formal. Para más de uno esta es una mala elección considerando que habrá más de un doctor que es capaz de lidiar con estos temas. Pero les diré algo más: Paola es una estupenda programadora y además, ha ganado una distinción (y una beca), del MIT. Así que no, no tiene ni la licenciatura pero hasta el MIT ha aplaudido su trabajo y la ha hecho acreedora a un premio. ¿Entonces? Después de saber esto, ¿hay que quitarla de ese puesto? ¿o no?

Ahí se los dejo a la reflexión.

Wednesday, May 28, 2014

En la presentación del libro "El cuarto paradigma"


Hoy se realizó la presentación del libro "El cuarto paradigma", Descubrimiento científico intensivo en datos, editado por Tony Hey, Stewart Tansley y Kristin Tolle, en el Centro de Difusión Cultural Casa Rafael Galván (Zacatecas 94, Col. Roma Sur). Estuvieron invitados a esta preentación: El Dr. Walter Beller T., Coordinador General de Difusión. Con palabras de Carlos Allende, Director del Sector Público, Microsoft México, Jaime Puente, Director de Microsoft Research para América Latina y el Caribe. También estuvieron Harold Javid, Director de Microsoft Research, el Dr. Luis Alfonso Villa Vargas, director del Centro de Investigación en Computación (CIC), del Politécnico y un servidor.

Fui invitado porque hice la revisión técnica de la obra. Agradezco a la UA esta oportunidad, fue muy ilustrativa.

Esta fue mi participación:

No me cabe duda que la ciencia avanza, en ocasiones muy lentamente (como en el caso del bosón de Higgs, por ejemplo) y en otras demasiado aprisa. Hace quizás 30 años pensar en tener un teléfono móvil resultaba siquiera impensable. Hoy, no creo que en este recinto se encuentre alguien sin teléfono celular. Así las comunicaciones han florecido y estamos más cerca del conocimiento, más cerca con nuestros amigos, parientes e incluso, con personajes relevantes al área en que cada uno se desarrolla.

El haberme invitado a revisar técnicamente el libro que nos ocupa, me dio la oportunidad de estar, de pronto, a las puertas de un nuevo paradigma en ciencia. Antes, cuando uno buscaba información, quizás tenía que indagar con los investigadores que sabían del tema, y muchas veces esto se hacía por carta, por correo tradicional, en el mejor de los casos. Además, muchas investigaciones morían cuando los investigadores que trabajan con ellas morían también, o bien, quedaban dispersos sus datos y era difícil, muy difícil, encontrar información valiosa o relevante. Y aunque hubo proyectos para conservar el trabajo de los grandes científicos, pocos han tenido un completo éxito -como en el caso de la página sobre los trabajos de Albert Einstein, por ejemplo.

Hoy, sin embargo, las cosas han cambiado brutalmente. Ahora contamos con un gigantesco volumen de información que se captura todos los días, las 24 horas, y que en muchos casos esos datos ya pueden consultarse. La maravilla del Internet ha modificado radicalmente como interactuamos con el entorno, pero aún más, cómo hacemos investigación. Por ello, en este cuarto paradigma, de acuerdo con Jim Gray, a todo esto premio Turing (el Nobel del cómputo) y desaparecido en el mar en el 2007, podríamos definirlo en dos partes: la primera, una infraestructura para hacerse de herramientas para capturar, preservar y analizar los datos y la segunda parte, una infraestructura de comunicación y publicación.

Pero no basta con medir, guardar y analizar los datos, y tampoco se trata simplemente de ponerlos en una "nube" para que todos podamos acceder a la información. Además de esto, tenemos que hacer un enorme trabajo que nos permita ver los datos de los datos, los metadatos (que podría ejemplificarse con un genio nos concede un deseo y nosotros pedimos como deseo otros tres deseos. Claramente un metagenio puede lidiar con nuestra cuestión, es un genio de genios) pues, que de alguna manera nos arrojen información que está ahí pero que no hemos aprendido a leer "entre líneas" para decirlo de manera coloquial.

Es un hecho que el catalogar, clasificar, publicar y conservar la información es una tarea compleja debido al volumen de información que ahora se maneja. Van aquí un par de datos al respecto: Desde el inicio de la computación moderna, la cantidad de información ha crecido exponencialmente. Desde el 2003 el 90% de la información científica excede el equivalente impreso en artículos técnicos, Journals, etc. Hoy, el Gran Colisionador de Hadrones puede capturar unos 5 petabytes de información diaria (y para que se den una idea de cuántos son los petabytes, pensemos  que  1 gigabyte son 1000 megabytes, 1000 gigabytes son un terabyte, así que un millón de veces más grande es un petabyte, es decir 1000 terabytes). Necesitamos pues, nuevas herramientas que nos permitan visualizar la información como nunca antes podíamos haberlo hecho y esto es uno de los grandes retos del futuro cercano.

Desde luego que hoy como nunca la información tiene cada vez más valor, por lo cual, además de analizar los datos que se van alimentando día con día, tenemos que depurar y ver qué es lo superfluo, qué no es importante, porque finalmente, aunque no lo parezca, también hay limitaciones en el almacenamiento, entre otras, en lo que se refiere a la parte económica.

Esta es pues la propuesta de este libro, que en mi opinión, ya está echando un ojo al futuro, y en caso de que se piense que exagero, entonces véanlo como los grandes retos que tendremos que afrontar en los próximos años. No importa que la información sea para analizar ondas gravitacionales o datos sobre lo acontecido en el famoso tsunami de Asia, o bien para redefinir nuevos métodos de diagnóstico en medicina. Sin  importar el tema en que nos ocupemos, es evidente que este libro tiene mucho que decir y da a la reflexión.

Finalmente, me gustaría terminar con sacudirnos de una vez esa frase que decía "todo tiempo pasado fue mejor". Yo creo que no, el advenimiento del cuarto paradigma me parece que, a pesar de las dificultades por las que pasa el mundo, podría bien reformular la cita como "todo tiempo futuro (y por qué no, presente) será (y es), siempre mejor".

Gracias