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La elección que ganara López Obrador prometía un cambio real a las políticas de gobiernos anteriores, que entre negocios turbios, corrupción a granel (sobre todo con Peña Nieto que ya fue el colmo), este nuevo gobierno, el de la "cuarta transformación", era el que daba la esperanza a los mexicanos de que cambiara el rumbo del país. Y desde luego, el propio presidente electo seguramente dormía soñando en ser el estadista que México necesitaba y que sí, bajo su tutela, llegaríamos al menos a arañar el "primer mundo".
Pero nada de eso pasó. En los 4 años que lleva este gobierno hemos visto que Andrés Manuel López Obrador no tiene la más remota idea de lo que es gobernar un país como México. Empezó por cancelar el Nuevo Aeropuerto, alegando corrupción (que nunca demostró). En lugar de seguir con esta obra, se fue a Santa Lucía, que está lejísimos, y en donde mandó a los militares a hacer una central camionera, perdón aeroportuaria que, si bien nos va, tiene apenas el 10% de la capacidad del NAIM que se canceló.
Podría citar cualquier cantidad de dislates: la supuesta rifa del avión presidencial, que nunca se rifó ni que se ha podido vender, por ejemplo. Igualmente la construcción de una refinería inviable en la manera que se está haciendo que, aunque pueda llegar a refinar los 300 mil barriles diarios, falta que puedan distribuirse pues no hay vías para ello. Esto se ha documentado plenamente. También podría decirles del Tren Maya, que no arrasaría con un solo árbol y que ha arrasado decenas de miles de ellos, con el terrible daño al ecosistema de la zona. Y ya ni hablar del manejo de la pandemia.
Y es que en este gobierno -de un solo hombre- sólo se hace lo que dice el presidente. No hay ninguna otra opinión que valga. Para colmo, AMLO todo lo hace bien (desde su perspectiva) y cualquier crítica a su proceder es contraatacada en las conferencias mañaneras en donde el presidente se suelta el pelo para insultar y agraviar a todos los que vivimos en este país. Todos somos neoliberales, conservadores, intelectuales orgánicos, rateros, aspiracionistas, cretinos, corruptos, vividores, _________ (ponga aquí el calificativo que quiera), etcétera. Vamos, para AMLO toda la prensa y los medios están en su contra. La razón es que son todos estos personajes que están muy enojados y que no quieren perder sus privilegios y nunca de los nuncas es un error de su administración.
Así, en las "mañaneras", AMLO ha despotricado una y otra vez contra todos. Ha polarizado al país entre los que creen que es el mejor presidente que ha tenido este país y entre quienes suponen que es por decir lo menos, un inepto (y así pienso yo). López Obrador no entiende de administración, de economía. Sólo entiende de sumisión a su proyecto y toda crítica al mismo es castigada insultando desde la mañanera.
Y eso es para mí lo que es más triste. Vamos, después de la marcha para defender al INE, López Obrador -aún muy molesto- mintió sobre la cantidad de gente que acudió a la marcha y de nuevo, los insultó con todo su catálogo conocido de agravios. Y entonces, para poder solventar su coraje reprimido, se le ocurrió organizar una contramarcha para mostrar que la gente está feliz con la transformación. Por supuesto que ya la maquinaria del Estado se está armando y la marcha será multitudinaria. Ya en redes sociales se ve cómo el gobernador de Puebal apela al uso de autobuses para llevar a los acarreados. Ya se han mostrado cartas en donde se apela a los trabajadores de empresas del Estado, a participar en la marcha. Vamos, todo de acuerdo al manual de prácticas políticas del viejo PRI (y recordemos, AMLO salió del PRI).
Y aunque llene el Zócalo, aunque quiera mostrar "músculo", lo único que está demostrando López Obrador es que no le importa el país, ni mejorarlo, ni ser el estadista que México esperaba y ya ni soñar con el Nobel de la Paz con sus propuestas en la ONU para acabar con la Guerra de Rusia con Ucrania o para darles dinero con cargo al 4% de las ganancias de los 1000 personajes más ricos del planeta.
Y ante este escenario, los candidatos a la presidencia -que ya están todos en campaña- hacen su propia tarea. La Sra. Sheinbaum viaja a los estados (aunque sin goce de sueldo -dice ella), para promoverse y desde luego, ya empiezan a pintarse las paredes con sus posibles "slogans" políticos.
Marcelo Ebrard ya tiene equipo de pintores que ponen en las bardas la leyenda "Con Marcelo, sí". Pero hay uno más, Ricardo Monreal, que no es ni lejanamente el favorito de López Obrador (quien designará -no lo duden- al candidato de Morena), acaba de hacer un enorme mitin político y ¿cuál fue su consigna? la Reconciliación por México, con miras en la Presidencia en 2024. En el evento en la Arena México, como el arranque de su campaña, afirmó que la polarización, confrontación y división “envenena” a México, de acuerdo con el diario Milenio.
Así pues, las campañas, todas ilegales, ya se iniciaron y lo único tangible que ha dejado este gobierno es esta división. Y el único que parece sacar raja de este tema es Monreal que sabe -sin duda- que no podrá ser el candidato del peje y ahora menos aún.
Por ende, lo triste es que este gobierno sólo habrá dejado confrontación, promovida por la cabeza del país. Olvidemos de un gobierno transformador. López Obrador ha tenido en su gabinete a una serie de impresentables, corruptos desde hace años (como Bartlett). Pero eso ya es lo de menos. La estela de seis años perdidos no se podrá ir fácilmente.



