El presidente López Obrador, todas la mañanas oficia misa, literalmente. Yo siempre he creído que la vocación de quien gobierna la nación era la de ser sacerdote, porque se comporta como muchos de ellos cuando están en un servicio religioso. He escuchado a sacerdotes -en bodas religiosas- hablar del amor entre el hombre y la mujer, como si ellos tuviesen alguna experiencia en ello, lo cual en mi opinión no tiene mucho sentido. Y los sacerdotes en las misas hablan de lo que sea, se sienten moralmente superiores porque finalmente son los representantes de Dios en la Tierra y además, son la autoridad eclesiástica en los recintos religiosos.
Pus bien, López Obrador se siente la autoridad máxima por ser presidente y por ello, probablemente, se siente con derecho de insultar a quien se le ocurra, sobajarlo, acusarlo de lo que se le antoje y de alguna manera, dividiendo al país entre buenos y malos, en aquellos que quieren una transformación y los que "están muy enojados" porque han perdido sus privilegios.
El presidente no tiene empacho en acusar de corrupto, ladrón, conservador, intelectual orgánico, etcétera, a todo aquel que no comulgue con sus ideas. Y lo hace desde la tribuna mañanera con todo el poder del estado si es necesario. Así acusó a Loret de Mola de cuanta cosa quiso e incluso, mostró facturas del periodista en la mañanera, asunto que es un delito pues esa información no puede hacerse pública sin permiso -en este caso- de Loret de Mola.
Hoy, sin ir más lejos, Se lanzó López Obrador contra los periodistas Sergio Sarmiento, Carlos Loret de Mola y Ciro Gómez Leyva: “Es hasta dañino para la salud; o sea, si los escucha uno mucho, hasta le puede salir a uno un tumor en el cerebro”. Y terminó con eso la mañanera. No parecía que bromeaba pero aunque lo hiciese, seguro sería de mal gusto.
Pero fórmense su propia opinión:
Y aquí lo grave es que el presidente insulte a los periodistas mencionados porque eso no debería ser y ojo, no defiendo a los periodistas mencionados, sino a todos aquellos que AMLO ataca cotidianamente por todo. Vamos, un "estadista" no debería andarse con minucias y peleas con la prensa local. Vamos, debería estar a la altura de un verdadero presidente y ocuparse de los problemas nacionales. Pero eso no ha pasado. Se la vive peleándose e insultando, acusando de corruptos, de ladrones, de farsantes, a todos los que no coinciden con sus ideas. Y entonces resulta que sólo acusa, pero no actúa. ¿El Loret un corrupto? Pues fínquesele responsabilidades penales. Porque acusar como acusa es como gritar "ahí viene el lobo" tantas veces que no tiene efecto.
Más allá de las estupideces de sus proyectos, de la cancelación del NAIM, de construir una refinería invíable en Dos Bocas, o de proyectar desde las rodillas un tren maya sin los estudios correspondientes. Más allá de la rifa del avión, de sus mentiras cotidianas, la actitud de agresión verbal contra el periodista que sea está fuera de lugar. Esa actitud es indefendible. esa actitud habla de lo que es el presidente: un rencoroso, un personaje chiquito, que busca gresca callejera porque como presidente francamente es lamentable. Ahí están los datos, las pruebas de su administración fallida.
