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Monday, November 02, 2015

¿Sirve para algo orar? (segunda parte)


Hace unos días se generó una alarma por la llegada del huracán "Patricia" el cual, se decía, era el huracán más fuerte de toda la historia de la humanidad. Patricia iba a pasar por el territorio mexicano y el gobierno estaba haciendo todo lo posible por tomar las previsiones necesarias. Se reunió el gabinete para discutir las medidas. Se usaron las redes sociales para informar a la población. Los noticieros no hablaban de otra cosa y como fondo tenía unas imágenes de un huracán gigantesco y devastador. En Facebook se publicaban imágenes de la Estación Espacial Internacional que parecían impactantes. Bueno, la cosa parecía gravísima.

Pero nada pasó. Patricia tocó tierra y por arte de magia se degrado a tormenta tropical. Las peores previsiones fueron aparentemente infundadas. Esto, desafortunadamente, dio pie a dudar de la promoción mediática con la que "inundó" el gobierno sus acciones. Hubo el "sospechosismo" ya habitual en el mexicano y se empezó a pensar que ni era tan grave el problema y que tampoco era Patricia el huracán más mortífero de la historia.

Enrique Peña Nieto destacó la fe del pueblo de México en sí mismo y su unidad, que se unió con cadenas de oraciones e incluso solidaridad, con creación espontánea de centros de acopio para afrontar la llegada del huracán Patricia, que en buena medida permitieron superar esta crisis.

Y de inmediato surgieron las críticas, totalmente justificadas, pues asignarle a la divinidad el habernos salvado, previas cadenas de oraciones, es regresar al oscurantismo. Para empezar, si existiese tal divinidad, ¿por qué nos mandó un huracán? Pero más allá de eso, habría que tomar una actitud más científica. ¿Pueden las cadenas de oraciones hacer un cambio? ¿Qué hay de quienes rezan para ayudar a quien está enfermo, o a quien tienen que intervenir quirúrgicamente? ¿Será posible que las oraciones produzcan una diferencia?

Si nos remitimos a la mecánica cuántica, sabemos que el observar un experimento afecta los resultados de éste. Y si esto pasa en partículas subatómicas, ¿no pasará en los eventos cotidianos? ¿Cómo podríamos probar que esto ocurre o bien que es un simple mito que se ha eternizado de generación en generación?

No soy el primero que ha pensado en esto. Hay muchos estudios que demuestran que no hay efecto en el rezar o al menos, siquiera un pequeño efecto. Por ejemplo, en 14 estudios del 2006 se concluyó que no hubo un efecto discernible. Sin embargo, en el 2007, en 7 de 17 estudios tuvieron un efecto pequeño pero significativo en esto de orar por alguien. No obstante esto, se hizo notar que los estudios más rigurosos no mostraron nada significativo en sus resultados.

Hay estudios que datan de 1872, donde el científico victoriano Francis Galton hizo el primer análisis estadístico. No halló que rezar sirviese para algo. Más de 100 años después, Byrd -en 1988- usó a 393 pacientes de la unidad del área de coronarias del Hospital General de San Francisco. Los hallazgos de Byrd pueden resumirse en que parece haber un efecto y que éste es benéfico para los enfermos. La reacción de la comunidad científica fue mixta. Algunos dudaron de su rigor para el trabajo realizado. Otros concluyeron que esto no tenía ningún pero.

Harris, en 1999, decidió replicar los hallazgos de Byrd pero en condiciones experimentales más estrictas, donde notó que los resultados del este investigador no fueron totalmente ciegos y concluyó, después de un trabajo muy cuidadoso, que no era posible repetir los resultados de Byrd y que además, los resultados favorables podían explicarse por probabilidad.

Hay otros estudios, pero el consenso general indica que no parece servir de nada orar. Sin embargo, considerando esto, decidí realizar mi propio experimento. Escribí un programa simple que busca hallar si el concentrarse en un número pudiese cambiar el resultado de la elección azarosa del 0 al 9 en la computadora. El mecanismo funciona así:


  • Se le pide un número al usuario (del 0 al 9)
  • Se le da un tiempo determinado para que se concentre (rece), pidiendo que ese número es el que eligirá la computadora al azar
  • Al terminarse el tiempo, el sistema arroja el número elegido al azar y lo despliega (en rojo si la elección del usuario no fue la de la máquina y en verde si el usuario acertó al número elegido al azar)
  • El sistema lleva una bitácora de experimentos realizados para estudiarse posteriormente.


Si existe una correlación entre el número que pide el usuario que salga contra el que salió, podríamos pensar que hay un elemento más allá de la simple estadística. En términos de probabilidad, un usuario podría acertar 1 de cada 10 intentos. Quizás acertar 2 de 10 sea relativamente significativo pero 6 o 7 de 10 veces sería ya para pensarse.

¿Podría ser este un experimento para probar si sirve orar? No estoy muy seguro. Claramente el algoritmo pseudo-azaroso de la máquina podría ser el primer pero. No obstante esto, podemos empezar a probar si de alguna manera algún usuario se concentra lo suficiente y logra vencer a la probabilidad del evento.

A quien le interese el programa, puede pedírmelo a morsa@la-morsa.com y se lo mandaré por correo electrónico.


Referencias:

Wikipedia 

Monday, November 10, 2014

Para hacerse millonario (de nuevo)


La gente en cualquier parte del mundo ve el trabajo como una necesidad. No tener trabajo es equivalente a no tener ingreso y eso resulta complicado para sobrevivir en este competido mundo. Por ello, hay quienes han buscado todo tipo de trucos para hacerse de una vida digna sin necesidad de trabajar. Esos son por ejemplo, los cazadores de premios, que quizás no hayan oído hablar de ellos, pero existen y están entre nosotros.

Por ejemplo, hace un seis años, quizás más, una cadena de cines hizo una promoción: había que hallar cuantas cajas de palomitas medianas cabían en un automóvil Porsche. Para participar, había que comprar un boleto a los cines VIP y con ese boleto tenía uno derecho a apostar una cifra. Me pareció un reto simpático y participé. Me compré mi boleto VIP, mis palomitas medianas, vi una película que ni recuerdo y regresé a casa para hacer las mediciones correspondientes. A quien le interese los cálculos que hice, puede ver este enlace.

Pues bien, metí mi apuesta y esperé los resultados. ¡Fallé por una caja!. Ni modo. Sin embargo, fue claro que las matemáticas, relativamente sencillas, pueden usarse en estos casos y bueno, la precisión es desde luego un problema. Por otra parte, me interesó saber quién había ganado. Hablé con la gente de Cinépolis y hallé que el ganador es un cazapremios. Cuando vio este señor la promoción, desde el primer día se apersonó en el cine. Compró 100 boletos VIP (que a 100 pesos cada uno dan 10 mil pesos), e inició sus apuestas en 300 cajas, 301, 302, hasta 400. Él supuso que habría entre 300 y 400 cajas máximo (el resultado exacto fueron 368 cajas), y entonces “invirtió” 10 mil pesotes para hacerse del automovil, que pienso, costará más de 500 mil pesos. El mismo ganador les dijo a los de Cinépolis que su chamba era ésa, la de cazar premios. Así, es difícil ganarles. Este personaje dijo que ya había ganado otros premios en otros concursos.

Pero obviamente hay quienes buscan incluso trabajar menos. Conocí hace años a un ajedrecista que fue invitado por un amigo a las carreras de caballos. Nunca había ido pero le fascinó el ambiente, las apuestas, todo. Hoy se dedica a apostar en el Hipódromo de las Américas y hasta donde entiendo, vive de esto.

Una opción más es la de jugar a la Lotería Nacional o al Melate. De hecho, en términos generales, la Lotería da más chances de ganar un premio, pues solamente hay 50 mil números en juego. Para el Melate, el número de combinaciones de 6 números diferentes tomados a partir de 51. Esto es, (51)! / ( ( 51 – 6 ) ! * 6 ! ), lo cual significa:  51 * 50 * 49 * 48 * 47 * 46 ) / ( 6 * 5 * 4 * 3 * 2 * 1 ) que da como resultado unos 18 millones. Es decir, acertar al melate implica 1/18 millones de posibilidades. Infame frente a las chances que da la lotería. Otra manera de entender este cálculo es éste:

El primer número tiene 1/51 de probabilidad de que salga, el segundo tiene 1/50 (porque ya se sacó uno), el tercero tiene 1/49 (dos menos), el cuarto tiene 1/48, el quinto tiene 1/47 y el sexto tiene 1/46 de probabilidad de salir.

Después se multiplican cada una de las probabilidades (cosa que se hace cuando los eventos son independientes). El resultado es 1/7.7119×10^11.


Pues bien, hace tiempo publiqué un articulito sobre un programa para tratar de ver si había alguna correlación entre los números el melate o bien, si se podían usar algunos datos sobre, por ejemplo, qué números salieron más frecuentemente, etcétera. El programa me lo pidieron muchos lectores binarios que, como yo, quizás piensan que con un poco de ciencia y algo de suerte, podrían dejar sus trabajos. Dudo que alguno lo haya logrado, considerando que las posibilidades están en nuestra contra.

Como sea, sigo recibiendo peticiones del software y ayer alguien me dijo que actualmente el melate tiene 56 números y no 51. Esto, desde luego, hace que las probabilidades de ganar disminuyan. Pero el punto es que mi programa no maneja los 56 números. Quien me pidió el software me pidió también que modificara el mismo para que aceptara 56 números.

Las modificaciones las hice en un rato y le mandé la nueva versión. La probé con el archivo histórico que está en esta página. Ojalá se saque algo. Quien quiera el software modificado, escríbame a morsa@la-morsa.com y con gusto se los mando de forma gratuita. Si alguien se saca el MeLate usando mi programa, apelaría por un donativo a la causa. Desde luego que esto es opcional, pero quien se gane millones y no haga un donativo, pues que se queme en el infierno de por vida… No, no es cierto, es una broma.