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Thursday, October 27, 2022

El penoso oficio de ser presidente

 


La política en México se volvió relevante hace años. Cuando yo era niño el ser político -digamos ser senador o diputado- era simplemente un asunto de conveniencia económica para quien ostentaba el cargo. El PRI dominaba en todo y era, como dijo Vargas Llosa alguna vez, "la dictadura perfecta". Y entonces podíamos ver que muchos candidatos eran gente de la farándula, cuya única función era -si ganaban el puesto- votar por lo que el PRI quisiera y ganar un sueldazo.

Pero esto cambió con los años. El país se politizó más, la dictadura perfecta empezó a mostrar algunos agujeros desagradables y a pesar de que quisieron mantener el poder a toda costa, terminaron por entregarlo a los del PAN, que estuvieron dos sexenios sin pena ni gloria. Luego regresaría el PRI con su candidato-galán Peña Nieto y finalmente encontraríamos que el eterno candidato, López Obrador, ya no podía ser detenido y hubo que entregarle el poder.

La política pues, en estos 30 años aproximadamente, creció y así también crecieron los candidatos que sí sabían cómo sacar al país adelante. La política se volvió un negocio rentable. Vamos, aquí en la Ciudad de México, más de un alcalde se siente ya presidenciable (como el caso del alcalde de Coyoacán), que presentó su "informe de gobierno" (valga la expresión), en el estacionamiento del estadio Azteca. La jefa de gobierno de esta Ciudad, Claudia Sheinbaum, con más poder y recursos, presentó su informe en el Auditorio, al cual el cretino alcalde de Coyoacán no tuvo acceso. Y bueno, es que la Sheinbaum ya está en campaña por la silla presidencial, aunque salga un día sí y otro también a negar este hecho evidente (¡y hasta llenó el Auditorio!).

Los políticos en México, como quizás en cualquier otra parte del mundo, han aprendido a mentir. Viven en una realidad aparte y se sirven con la cuchara grande cada vez que pueden. Para cualquier político de cierto nivel en el país, el acceso a camionetas blindadas, lugares costosos para comer o cenar, seguros de gastos médicos y privilegios de toda índole, es asunto cotidiano. Y es que sus "altas responsabilidades" hacen que el país les dé para gasolina, teléfonos celulares, viajes, comidas, etcétera pues sino, ¿cómo esperan que hagan su trabajo?

En cambio, los ciudadanos de a pie, por llamarlos de alguna manera, adquieren su propia gasolina, usan sus propios automóviles, pagan las comidas si van a algún restaurante, o sufren los pésimos servicios que los gobiernos brindan, como el acceso a la salud, por mencionar uno solo. Y todo esto es curioso porque se supone que estos funcionarios, estos políticos, son al final de cuentas nuestros empleados.  Y aunque lo sean, los papeles están trastocados porque estos personajes que definen las políticas en el país, viven una vida privilegiada.

Pero he aquí que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, a pesar de que se dice casi empleado del pueblo bueno y sabio, entiende que sus decisiones no son puestas en tela de juicio en sus mañaneras. Ya el señor sabe torear todo lo que no le gusta y se inventa frases para justificar todos sus absurdos: "tengo otros datos", "es culpa de los neoliberales, fifís y hasta intelectuales orgánicos" (en donde sigo sin saber cómo se definen esos intelectuales), o bien saca su pañuelo blanco esgrimiendo un "amor y paz" ridículo. 

López Obrador miente, asunto que hizo desde que fue candidatos presidencial por muchos años. ¿Iban a regresar los militares a los cuarteles? Pues les tengo noticias, AMLO ya cambió de opinión. Dijo que dejaría de llamarse Andrés Manuel si seguía el desabasto de medicinas, y bueno, éste sigue y el señor no se ha cambiado el nombre. Prometió que la línea 12 del Metro estaría funcionando en un año y llevamos año y medio sin que esto ocurra. Y si vamos a la educación, sus 100 universidades Benito Juárez García no existen (porque llamarse universidad es algo más que poner un par de salones con un pizarrón), y las que hay están en condiciones paupérrimas. Y la cereza del pastel: Sigue prometiendo un sistema de salud como el de Dinamarca. Y de esto no va a haber nada nunca. El presidente vive en el discurso mentiroso, en donde todo se resuelve en su cabeza, en el bla bla bla mañanero, pero que en el mundo real muestra cero resultados.

Y debo reconocer algo: es penoso ser presidente porque ante la complejidad de este puesto y, ante la incapacidad para solucionar los problemas importantes del país, no le queda más que mentir y entonces empieza a creerse sus mentiras, porque sino no puede uno explicarse ¿por qué sigue en esa terquedad de proyectos invíables como el sistema de salud del primer mundo? Así que soy capaz de entender porqué el presidente miente. No lo justifico pero me queda clara la razón de estas penosas actitudes. Pero no obstante esto, la cosa se pone más fea cuando la cabeza del país sigue insistiendo que no miente, que no roba y que no traiciona. ¿No se da cuenta de la realidad? Mi teoría es que AMLO, o vive en una realidad aparte o bien busca engañarnos hasta el día que ya tenga que irse. ¿Ustedes qué piensan?