Hace unos 20 años, aproximadamente, quizás más, tuve la oportunidad de hablar con el excampeón mundial Boris Spassky. Había sido invitado a un festival de ajedrez que se llevaría a cabo en el Zócalo y que buscaba romper el récord mundial de partidas simultáneas en un solo evento (asunto que -hasta donde entiendo, se logró esa meta). Aunque Spassky no lo recordaba, yo ya había platicado con él en 1982 cuando vino a jugar un encuentro de candidatos contra Lajos Portisch, de Hungría (el cual ganaría este último en un desempate por demás ridículo). De hecho, fui a as pirámides de Teotihuacán con él y con su segundo, el GM Andersson, y aunque como guía de turistas yo no era el más idóneo, no hubo queja de estos grandes jugadores. Yo me sentía impresionado al tener a estos jugadores tan de cerca.
El caso es que ahora Spassky hacía acto de presencia en una de las carpas donde analizábamos partidas y hablábamos de ajedrez, mientras que en la plancha del Zócalo se llevaban a cabo las simultáneas en miles de tableros. Conversamos al respecto del match entre Kramnik y Kasparov, quien ganaría el primero y Spassky me decía que estaba extrañado lo mal que estaba jugando Garry, al que le apodaban "el ogro de Bakú". Spassky me indicaba que extrañamente el campeón defensor daba demasiadas chances estratégicas a su rival y que, eventualmente, lo llevaba a posiciones muy difíciles defender. Finalmente y antes de irse, Boris me dijo: "Quizás Kasparov ha perdido motivación. Vamos, él ha ganado todos los títulos posibles en su carrera ajedrecística".
Y es evidente que la motivación es fundamental para jugar al ajedrez competitivo. Si no vamos con la intención de ganar o de luchar al menos, es muy probable que la derrota llegue más temprano que tarde. Es claro que el ánimo de buscar la victoria debe estar presente en los jugadores de ajedrez porque si no, pues simplemente el fracaso ocurrirá sin poder evitarlo de ninguna manera.
Y ojo, no se tiene que ser campeón mundial para padecer esta situación, que un ajedrecista definió como "la decadencia ajedrecística", y es precisamente cuando ya no funciona nuestro ajedrez, cuando llegamos a posiciones perdedoras con cierta rapidez y sin poder entender por qué razón nos está pasando esto, Incluso a veces estudiamos más horas que de costumbre, por cierto lapso de meses y en lugar de jugar mejor, bajamos de juego. ¿Es que esta decadencia es ya para siempre y no se puede hacer nada?
Hay muchos elementos que aparecen en este problema. El primero, desde luego, el hecho de quizás no estar tan motivados que cuando éramos jóvenes, en donde podíamos comernos el mundo a puños. No, ahora somos más conscientes que este juego no es fácil y que necesitamos trabajar mucho en él. Y tal vez que tampoco ayude que tenemos menos tiempo que en otro momento de nuestra existencia. Por ejemplo, cuando yo era estudiante podía trabajar mucho más en mi ajedrez que cuando empecé a trabajar. Finalmente tuve que ceder el tiempo de estudio al juego ciencia para ganarme la vida.
Otro punto que colabora a esta "decadencia" ajedrecística es tal vez que no buscamos mejores métodos para trabajar y avanzar en nuestro juego. No salimos de nuestra zona de confort y entonces, sin darnos cuenta, pues no avanzamos más. Seguimos resolviendo ejercicios de táctica relativamente sencillos y no profundizamos en otros problemas que requieren un análisis más sesudo. Dicho de otra manera, nos contentamos con lo que podemos hacer en el tablero y confiamos probablemente en tener algo de suerte para poner en práctica estos conocimientos.
En alguna ocasión el Maestro Internacional Calderín (de Cuba), me dijo que había jugadores que al haber llegado a cierto nivel, no estudiaban más y por ende, no progresaban. Se conformaban con realizar alguna feliz combinación o de pronto ganar un premio en algún torneo pero esto, al final del día se convertía en el estancamiento del nivel de juego de un jugador y salir de ahí no sólo era difícil, sino que requería muchas veces tal esfuerzo que pocos lograban sobreponerse a ello.
Así entonces, la decadencia ajedrecística existe y sus dos principales elementos son la falta de motivación y el mantenerse siempre en la zona de confort. Esos son los dos problemas básicos para no mejorar. Si usted siente que su nivel se ha estancado, revise qué está pasando y probablemente encuentre en lo que hemos dicho las razones para no poder seguir progresando. Pero una vez diagnosticado el problema y haciendo un esfuerzo real y disciplinado, se puede seguir mejorando. De eso no hay duda.
