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Friday, June 14, 2024

El efecto de los años en ajedrez



Mucha gente cree que el ajedrez es un juego para gente mayor, para ancianos. Y esto se ve muchas veces en pinturas o fotos de gente ya de edad discurriendo profundamente sus jugadas. La realidad sin embargo, es totalmente contraria: los mejores exponentes son cada vez más jóvenes.

Hay muchas razones para ello. Por una parte, los niños y jóvenes suelen ser prácticamente esponjas, que absorben el conocimiento muy rápidamente. Además, si consideramos que gracias a Internet y la tecnología, hoy en día tenemos que los chicos avanzan considerablemente en lo que tienen que aprender en ajedrez: táctica, estrategia, aperturas, finales, maniobras del medio juego, etcétera, pues hay un número enorme de fuentes que se pueden consultar y el resultado se nota mucho más rápidamente.

Desde luego que además de esto hay que considerar el interés que el ajedrecista pone en el juego. Hoy, con la especialización existente, muchos jugadores menores de 20 años alcanzan una madurez ajedrecística que antes se lograba después de llegar a los 30 años de edad. Fischer, por ejemplo, fue Campeón Mundial en 1972, con 27 años. Hoy tenemos a Gukesh, de la India, que ha ganado el derecho de retar a Ding Liren, el Campeón Mundial, contando tan solo con 17 años.

No obstante lo anteriormente dicho, muchos jugadores se convierten en fuertes grandes maestros que llegan a mantener un nivel impresionante. Víctor Korchnoi con más de 70 años era capaz de vencer a los mejores del mundo y Vassily Smyslov, un jugador fuera de serie (excampeón mundial), estaba jugando el torneo de candidatos con más de 66 años de edad.

Pero sí, estos dos personajes son realmente la excepción que confirma la regla. Lo normal es que con la edad los ajedrecistas pierdan empuje. Por una parte, se hacen mayores, se cansan más rápido, tienen menos resistencia física pero peor aún, quizás han perdido la motivación de competir. Pongamos el mejor ejemplo de ello: Garry Kaspárov, quien se retiró en el 2005, apeló a que ya había ganado todos los torneos importantes en el mundo y que no le quedaba nada más que demostrar. Y sí, dijo que jugaría eventualmente pero cuando lo hace, en torneos de partidas rápidas y Blitz, queda en los últimos lugares. Ya no tiene el nivel de competencia que hoy se exige y además, ya tiene 61 años. Vamos, la juventud empuja fuerte.

Otro ejemplo interesante es ell que pone el GM Danny Gormally, que copia la lista de los mejores jugadores británicos en la lista de Elo de la FIDE (Federación Internacional de Ajedrez, por sus siglas en francés). Por ejemplo, Nigel Short (nacido en 1965), quien fuese subcampeón mundial, ya tiene 2594 puntos Elo, es decir, su nivel empieza a palidecer. Luke McShane (nacido en 1984), presumiblemente el aficionado más fuerte del planeta, llega a 2617 puntos Elo, lejos de los 100 mejores del mundo. Y sí, McShane no se dedica al ajedrez profesionalmente, pero de alguna manera la edad le está empezando a cobrar factura. Vamos, el propio Gormally (nacido en 1976), gran maestro, tiene 2421 puntos, un Elo más de Maestro Internacional que de Gran Maestro.

Y es claro entonces que el tiempo no perdona. Mi pregunta es si puede hacerse algo al respecto. En esta ocasión, en lugar de teorizar, decidí ponerme a mí mismo en la práctica de una idea para ver si puedo hacer que la caída de Elo sea menos pronunciada. El plan es trabajar de dos a cuatro horas diariamente por un par de meses. Con método, con disciplina. Por ejemplo, yo estudio ajedrez en la mañana y en la noche. Hay días que no tengo cuatro horas pero seguro puedo hacerme de dos horas libres  por día para trabajar en mi ajedrez.

La idea entonces es jugar un par de torneos abiertos, procurando no preocuparme de los resultados sino de la calidad de juego. Poner pues la mente en un estado diferente al de la competición, es decir, hacer buenas partidas, no dar tablas a la primera oportunidad y luchar hasta el final. El resultado pasa a segundo término.

Ganar o perder a mi edad ya no es importante. Es difícil que pueda regresar a mi nivel de los 20 años. No voy a ser ni campeón del mundo, ni gran maestro y probablemente ya no pueda llegar siquiera a maestro internacional. Pero eso no es tan importante ya. Lo que estoy tratando de entender es si hay algún mecanismo que permita evitar esta -aparentemente- caída libre en mi Elo. ¿Podrá ser?

Hay que decir que hay desde luego siempre ejemplos notables. En México, uno de los primeros profesionales del ajedrez, el Maestro Internacional Kenneth Frey, con más de 70 años, es asiduo participante en los torneos de clasificación internacional que se organizan en uno de los pocos clubes que hay en la Ciudad de México, el club “Mercenarios”. Ayer nos avisó, en una de las reuniones sabatinas que hacemos para ver ajedrez (vía zoom desde que inició la pandemia), que su Elo era de 2119 puntos, un “milagro biológico” (según sus propias palabras). ¿Cómo lo logró? ¿Motivación? ¿Experiencia y madurez en su juego? No lo sé. Lo que sí reconozco en Frey es su pasión en el ajedrez. Y de hecho, en una entrevista que le hice hace años le pregunté finalmente: “¿Ha valido la pena dedicarse al ajedrez?”. Su respuesta fue contundente: “Ha valido cada maldito segundo de la vida”.

Saturday, March 11, 2023

Todo es cuestión de motivación


Hace unos 20 años, aproximadamente, quizás más, tuve la oportunidad de hablar con el excampeón mundial Boris Spassky. Había sido invitado a un festival de ajedrez que se llevaría a cabo en el Zócalo y que buscaba romper el récord mundial de partidas simultáneas en un solo evento (asunto que -hasta donde entiendo, se logró esa meta). Aunque Spassky no lo recordaba, yo ya había platicado con él en 1982 cuando vino a jugar un encuentro de candidatos contra Lajos Portisch, de Hungría (el cual ganaría este último en un desempate por demás ridículo). De hecho, fui a as pirámides de Teotihuacán con él y con su segundo, el GM Andersson, y aunque como guía de turistas yo no era el más idóneo, no hubo queja de  estos grandes jugadores. Yo me sentía impresionado al tener a estos jugadores tan de cerca.


El caso es que ahora Spassky hacía acto de presencia en una de las carpas donde analizábamos partidas y hablábamos de ajedrez, mientras que en la plancha del Zócalo se llevaban a cabo las simultáneas en miles de tableros. Conversamos al respecto del match entre Kramnik y Kasparov, quien ganaría el primero y Spassky me decía que estaba extrañado lo mal que estaba jugando Garry, al que le apodaban "el ogro de Bakú". Spassky me indicaba que extrañamente el campeón defensor daba demasiadas chances estratégicas a su rival y que, eventualmente, lo llevaba a posiciones muy difíciles defender. Finalmente y antes de irse, Boris me dijo: "Quizás Kasparov ha perdido motivación. Vamos, él ha ganado todos los títulos posibles en su carrera ajedrecística".


Y es evidente que la motivación es fundamental para jugar al ajedrez competitivo. Si no vamos con la intención de ganar o de luchar al menos, es muy probable que la derrota llegue más temprano que tarde. Es claro que el ánimo de buscar la victoria debe estar presente en los jugadores de ajedrez porque si no, pues simplemente el fracaso ocurrirá sin poder evitarlo de ninguna manera.


Y ojo, no se tiene que ser campeón mundial para padecer esta situación, que un ajedrecista definió como "la decadencia ajedrecística", y es precisamente cuando ya no funciona nuestro ajedrez, cuando llegamos a posiciones perdedoras con cierta rapidez y sin poder entender por qué razón nos está pasando esto, Incluso a veces estudiamos más horas que de costumbre, por cierto lapso de meses y en lugar de jugar mejor, bajamos de juego. ¿Es que esta decadencia es ya para siempre y no se puede hacer nada?


Hay muchos elementos que aparecen en este problema. El primero, desde luego, el hecho de quizás no estar tan motivados que cuando éramos jóvenes, en donde podíamos comernos el mundo a puños. No, ahora somos más conscientes que este juego no es fácil y que necesitamos trabajar mucho en él. Y tal vez que tampoco ayude que tenemos menos tiempo que en otro momento de nuestra existencia. Por ejemplo, cuando yo era estudiante podía trabajar mucho más en mi ajedrez que cuando empecé a trabajar. Finalmente tuve que ceder el tiempo de estudio al juego ciencia para ganarme la vida.


Otro punto que colabora a esta "decadencia" ajedrecística es tal vez que no buscamos mejores métodos para trabajar y avanzar en nuestro juego. No salimos de nuestra zona de confort y entonces, sin darnos cuenta, pues no avanzamos más. Seguimos resolviendo ejercicios de táctica relativamente sencillos y no profundizamos en otros problemas que requieren un análisis más sesudo. Dicho de otra manera, nos contentamos con lo que podemos hacer en el tablero y confiamos probablemente en tener algo de suerte para poner en práctica estos conocimientos.


En alguna ocasión el Maestro Internacional Calderín (de Cuba), me dijo que había jugadores que al haber llegado a cierto nivel, no estudiaban más y por ende, no progresaban. Se conformaban con realizar alguna feliz combinación o de pronto ganar un premio en algún torneo pero esto, al final del día se convertía en el estancamiento del nivel de juego de un jugador y salir de ahí no sólo era difícil, sino que requería muchas veces tal esfuerzo que pocos lograban sobreponerse a ello.


Así entonces, la decadencia ajedrecística existe y sus dos principales elementos son la falta de motivación y el mantenerse siempre en la zona de confort. Esos son los dos problemas básicos para no mejorar. Si usted siente que su nivel se ha estancado, revise qué está pasando y probablemente encuentre en lo que hemos dicho las razones para no poder seguir progresando. Pero una vez diagnosticado el problema y haciendo un esfuerzo real y disciplinado, se puede seguir mejorando. De eso no hay duda.


Friday, January 06, 2012