Tuesday, October 03, 2017

El país de los pedinches (parte II)



México, como ya mencioné aquí, se ha instalado como un país en donde todo mundo te pide dinero para todo género de causas. Y entiendo que muchas organizaciones que buscan hacer el bien muchas veces no tienen los suficientes recursos y entonces apelan a los donativos, a la "cooperacha", para hacerse de fondos, pero lo que pasa en este país ya es ridículo.

Una vez estaba en una comida y alguien, que trabaja en una ONG, decía que había que hacer donativos porque el dinero no alcanzaba. Le respondí con un "ni alcanzará". Es decir, no importa cuánto dinero se dé a estas organizaciones. Siempre las necesidades las rebasarán. Pero no importa eso, el chiste es pedir y que todos den, como en la pirinola, donde "todos ponen" (menos el gobierno, desde luego).

Con los sismos, un fenómeno que aparece de inmediato, como de generación espontánea, son los centros de acopio. Y la verdad es que habrá muchos centros que trabajarán de manera tal que todo lo que reciban se entregue a las personas en desgracia. El problema es que nadie puede estar seguro. Por ejemplo, por donde vive mi madre una casa puso una buena pancarta, colgada en todo lo ancho de la calle, en donde dice ser centro de acopio. Pasé por ahí a pie y vi cajas, papel de baño, bolsas de arroz, etcétera, apiladas. ¿Qué hacían ahí? ¿Se mandarán a los damnificados? ¿Cómo sé? ¿Por qué debo confiar que eso pasará? Y pensemos en el número enorme de centros de acopio en donde, por ejemplo, en los últimos días quedaron algunos "sobrantes" porque recién les llegaron esos donativos en especie. ¿Se entregarán? ¿A quién le rinden cuentas? Finalmente si deciden por ejemplo, quedarse con unas bolsas de frijol, ¿quién las va a extrañar? ¿O quién les va a reclamar algo? Y si consideramos que la mitad del país vive en la pobreza, entonces estos centros de acopio pueden servir para ayudarse a sí mismos, cosa que está mal, porque no habría sido la idea original de dichos centros.

Pero si esto fuera poco, voy caminando por la calle y veo a un tipo con una alcancía pidiendo para el Teletón, indicando que lo que se recaude es para los damnificados de los sismos. ¿Es neta? Y entonces empiezo a pensar que ¿cuál teletón? es un vivales más. Y poco después veo a otro con otra alcancía que dice algo así como "México de pie", y también pide dinero a los automóviles en los altos. Vamos, pedir siempre resulta fácil y lo es más que el ponerse a trabajar. Y toda esa gente que sale con sus alcancías, ¿Por qué mejor no trabaja y dona sus salarios? ¿Por qué hay que pedirle a los demas? ¿Por qué no pedirle, perdón, exigirle al estado que cumpla con sus obligaciones? Misterio.

Yo dejé de dar dinero en la calle cuando en una ocasión, que fui a la Delegación Benito Juárez a hacer mi pasaporte, y estaba esperando que me lo entregaran, platiqué con una señora que vestida como enfermera, con una alcancía en forma de pequeña maletita de cuero, pedía dinero en la calle. Ella me contó que el dinero que juntaba lo llevaba a no sé qué lugar en donde abren la dichosa maletita y le dan la mitad de lo recaudado. Así de simple es el asunto.

En suma, creo que de verdad, dejémonos de más teletones, aunque el cretino de Fernando Landeros llore porque la gente ya no quiere cooperar debido a la propaganda en contra que se ha difundido ya por años en las redes sociales. Por ejemplo, con los damnificados del sismo, ¿por qué no pedirle al gobierno que use los 9 mil millones de pesos, más todos los donativos de empresas y personajes públicos, para aliviar la situación? ¿Por qué esa insistencia de que la ciudadanía se siga "mochando"?

1 comment:

Josè Luis Gomez Lòpez said...

Completamente de acuerdo lastima que nuestra cultura mágico religiosa pondera siempre la dádiva sobre la ayuda real(llámese capacitación trabajo)