Sunday, December 13, 2020

Contenidos digitales e Internet


Hoy la red de redes, Internet, es cotidiana. Cada año las empresas que dan este servicio suelen subir la velocidad de acceso y ya podemos ver, por ejemplo, películas que nos mandan en "streaming" sin padecer cortes o lentitud en la transmisión. Esto hace unos pocos años no era posible pero hoy podemos enviar megas de información en relativamente poco tiempo.

Con la velocidad de transmisión/recepción de bytes a través de Internet, que aumenta sistemáticamente cada año, nos encontramos que los contenidos se están volviendo digitales y que no son otra cosa que ceros y unos, los cuales, al convertirse en archivos en la computadora, nos permite ver fotografías, películas, escuchar música, ver videos o bien leer libros completos. Y la realidad es que la mayoría de la información que los seres humanos consumimos se puede convertir en un formato digital, que puede ser reconocido y leído por nuestra computadoras caseras.

Aparte de ello, el acceso a la www, la web, nos da la oportunidad de descargar de esos portales toda clase de contenidos digitales. Y si alguien cree que solamente hay archivos legales pues se equivoca. Hoy la red está inundada de contenidos que violan los derechos de los autores en todo el mundo. Obviamente, debido a la facilidad de transmisión y recepción, incluyendo las altas velocidades en la red, prácticamente no hay contenido que no se haya digitalizado y puesto en algún portal dentro de la red, la mayoría de las veces de forma ilegal.

Pensemos en la música: originalmente la gente compra discos compactos, pero con la llegada de mp3 y los programas de "rippeo", muchos de ellos gratuitos, que transformaban las notas musicales en archivos mp3, el compartir música les pegó directamente en el bolsillo de las disqueras, que a pesar de sus esfuerzos anti-piratería, tienen la batalla perdida.

El software sufrió el mismo problema y las empresas que hacían programas pensaron en esquemas de anti-copiado, que funcionaron a medias. Hoy el software se maneja a través de licencias, que se validan en servidores y si el usuario no logra validar sus productos, cae en la piratería que en ocasiones puede detenerse. El uso de contraseñas para poder usar los productos no funciona en general y probablemente la solución sea el esquema actual, de renta de software en donde los usuarios que pagan reciben versiones que corren en sus computadorasa mientras paguen, como hace por ejemplo Adobe, en donde tiene un esquema de renta mensual por el uso de sus sólidos programas. Una solución alternativa es bajar radicalmente los costos del software. En las apps de los teléfonos inteligentes se ve claramente que este modelo funciona.

Las películas, los DVDs con los filmes más actuales, se han puesto de forma ilegal en muchos sitios en la red y si uno tiene la paciencia de buscar con cuidado, puede ver cualquier contenido, por más protegido o cuidado que esté de los amantes de lo ajeno. Incluso hay lugares donde se tienen las pistas de audio en diferentes idiomas, para poder ver los contenidos en el idioma que nos plazca. Y no vayamos demasiado lejos: podemos encontrar en tianguis e incluso en el piso de algunas calles, personas que venden a 20 pesos (1 dólar o menos), la última película de moda. Y desde luego, hay mercado para ello y hay negocio ¿o no?.

Y llegamos a los libros, que hoy en día manejan varios formatos, epub, djvu, pdf, mobi, etcétera. Amazon desde hace tiempo sacó su lector de librois electrónicos, Kindle, el cual incluso tiene un dispositivo físico sólo para leer libros, el cual usa tecnología de tinta electrónica y por ende, parece que estamos leyendo en hojas de papel blanco con letras negras. Aquí Amazon, entre otros, han hecho lo indecible por proteger los libros en formato digital. Su esquema de protección parte de dos ideas: la primera es que el libro esté asociado a una cuenta y la segunda, que la copia de estos archivos sea difícil o imposible para la gran  mayoría de lectores. Y aclaremos una cosa: no es que las personas quieran compartir sus libros digitales porque quieren destruir el capitalismo desbordado de Amazon. No. Lo que pasa es que el compartir está en la naturaleza humana y el comercio lo que siempre ha hecho es inhibir este comportamiento.

Como sea, hoy prácticamente la mayoría de los libros ya tienen una versión digital y además, si de nuevo, buscamos con cuidado, hallaremos copias digitales gratuitas. En un caso interesante estánb los libros de ajedrez, tema que tiene un nicho de mercado pequeño y muy focalizado. Los ajedrecistas compraban antes libros de ajedrez. Hoy consiguen bases de partidas, que suman millones, monografías electrónicas de aperturas y toda clase de libros de ajedrez en PDF, desde los clásicos como Mi Sistema, de Aaron Nimzowitsch, hasta los más modernos, escritos por Nunn, Ward, Gallagher, entre otros muchos autores.

Y es que hay portales dedicados a la piratería de libros, bases de partidas y software de ajedrez. Abiertamente se ponen los enlaces a los contenidos digitales sin pensar si los autores de los mismos dejan de percibir regalías o bien, si las casas editoriales logran  siquiera recuperar el dinero de una edición. A nadie le importa de lo que vivan los ajedrecistas/escritores e incluso en Facebook hay usuarios que comparten los contenidos digitales abiertamente y otros que piden dichos contenidos con el mayor de los desparpajos. Como la ley no va a perseguir a cada uno que baje un contenido digital aunque sea ilegalmente conseguido, el "crimen" se acepta y nadie hace un escándalo por ello. 

Y hablamos de libros de ajedrez porque es el tema que nos ocupa pero hoy día todos los contenidos digitales tienen autores y compañías que invierten y que no reciben nada a cambio del pirateo de estos contenidos. ¿Y qué hacer entonces? ¿Es acaso un problema insoluble? La realidad es que el anterior esquema de comercialización ya no funciona en el mundo de Internet. La única oportunidad que tienen los creadores de contenidos es bajar sus precios y tratar de llegar a audiencias más grandes. Nótese, por ejemplo, que Amazon vende libros en papel y electrónico, pero la versión de ceros y unos no es mucho más barata que la versión en papel. Si un libro cuesta 500 pesos en papel, la versión electrónica puede costar unos 450 pesos. La diferencia de precios no es significativa para que la gente compre la versión electrónica. Pero si el libro electrónico costara el 15% del libro en papel, es probable que mucha gente pensaría en adquirirlo y además, si el costo es bajo, tal vez ni siquiera lo pensaría en compartir. Pero esta solución tiene un problema: le estamos quitando las potenciales ganancias enormes a estas empresas de libros y pues no van a dar su brazo a torcer fácilmente.

Quien crea, al llegar a este momento de la lectura, que el autor de este artículo lo está viendo todo desde una tribuna, pues se equivoca. Soy víctima de la piratería de mis libritos de ajedrez. Uno de ellos tiene más de 1000 descargas. Y yo no soy un gran maestro con un fantástico curriculum ajedrecístico. Autores de mucho más prestigio padecen de esta problemática probablemente multiplicada. La solución es cambiar el modelo de negocios. El anterior está agotado. Ahí está la solución. Nada más hay que olvidarse de las ganancias del pasado. Ahora sólo queda llegar a más personas y vender más barato.


1 comment:

Javier Alvarado Barrantes said...

Los derechos de autor y la propiedad intelectual hoy en estos días esta difícil. Sin embargo, como requisito siempre respeto las obra de autor. Gracias a la piratería conocí a Morsa por medio de sus videos didácticos y tan estimulantes en el Ajedrez. Me encantan y soy un admirador de Morsa.
Hay que aceptar lo siguiente: para bien o para mal la piratería llego para quedarse. Yo en mi caso realizó y diseño libros didácticos de Filosofía para nivel de secundaria y me he topado con la suerte de muchos estudiantes y profesores "piratean" mis obras así no más. Nunca recibí ningún peso o dinero extra, pero sí un reconocimiento muy particular. Como siempre interesante articulo y muy estimulante la presente reflexión.
Saludos.