Yo ya he perdido la cuenta de la cantidad de años que
estuvo Andrés Manuel López Obrador buscando la presidencia. En todos esos años
denunció trampas en las elecciones que perdió. Quizás tuvo razón, quizás no. Lo
que sí es totalmente cierto es que ganó la última elección presidencial con 30
millones de votantes a su favor.
El discurso que ofreció en la noche en que los
resultados preliminares ya eran literalmente definitivos, parecía que hablaban
de tener un estadista, alguien que finalmente sacaría a México de sus vicios,
de su corrupción de tantos años, de todas estas prácticas que empobrecen al
país cada seis años y enriquecen a un número –cada vez más grande– de políticos
mexicanos que no parecen tener llenadera y están dispuestos a saquear al país
si se les deja.
El estilo muy personal de gobernar de López Obrador,
sin embargo, se ha separado mucho del supuesto naciente estadista. Cada mañana
sale el Peje a recetarnos una serie de dislates y ocurrencias: la rifa de un
avión que no se rifó finalmente, sus faraónicos proyectos que parecen estar más
en su cabecita de algodón que aterrizados a la realidad, como son el Tren Maya
y la Refinería de Dos Bocas, el deshacerse del Nuevo Aeropuerto –más por
capricho inicial de su mandato– que por razones de peso, tal vez una corrupción
probad, contratos a modo, qué sé yo. No, simplemente lo canceló para hacer un
aeropuerto invíable en Santa Lucía.
Pero ojalá fuese eso lo único. Y no lo es: el manejo
de la pandemia ha sido desastroso. Las mentiras sobre las vacunas contratadas
chocan contra esa fea realidad que no muestra esos millones que dicen ya compró
México. Y para taparse las enaguas, el Peje pone en reserva los contratos con
las farmaceúticas. Así, nadie puede saber en este país bananero la realidad
sobre la vacuna contra el covid. Mientras tanto se siguen haciendo planes
imaginarios sobre una vacunación universal y gratuita, la cual –al paso que van
las cosas– si bien nos va, terminará por inocular a todos para dentro de al
menos 3 años. Mientrs tanto el gobierno acepta unas 200 mil muertes por covid.
Cifras más realistas hablan de más de 300 mil personas fallecidas.
Peor aún es la ignorancia que muestra López Obrador
cada mañana. No entiende nada de economía básica y se confunde con cifras, con
números, con tipos de cambio entre peso y dólar. Toma decisiones basadas en su
obsesión por los fifís, los conservadores, los neoliberales, que quieren acabar
con su proyecto. Y encuadra a todos en este perfil de malvados contra la
nación. El Peje se sabe ganar enemigos todos los días. Una mañana caga
literalmente a los abogados y los acusa de traición a la patria. Otra mañana se
encarga de decir que los académicos viven como reyes, viajando por el mundo a
congresos con dinero del pueblo. Los denosta porque quizás tiene el problema de
que tardó no sé cuantos años en recibirse en su carrera.
Y no quiero seguir, porque hay mucha tela de donde
cortar. Lo cierto es que se observa como ignorante incluso al hablar: no puede
decir palabras que terminen en “d” correctamente, como “salud” o “solidaridad”,
dice “salut” y “solidaridat”. Tiene esas muletillas como el “de que” y más allá
de esto, demuestra una ineptitud generalizada en todo.
Pero las críticas que puedan decirse sobre el Peje
siempre se antojan de mala leche para el propio mandatario, porque cree él que
este país se trata de él y no de los que vivimos en él. Supone que hablar todas
las mañanas de a ver qué se le ocurre en el momento, es lo que hay que hacer
para gobernar un país como el nuestro. Supone, quiero creer, que se siente en
su fuero interno como un mesías que nos puede recetar una serie de reglas
morales para comportarnos, o bien nos inventa la mentira de abrazos y no balazos,
o ya dominamos la pandemia, o el estúpido “me canso ganso”, tan aplaudido en su
momento.
Pues ahí tienen a nuestro presidente, el que quería
ser el mejor presidente de México, el que dijo que nuestro sistema de salud
sería como el de Dinamarca, el que toma decisiones basadas en sus odios y
obsesiones personales porque en el fondo el país le vale un comino.
Así las cosas… Y faltan 3.5 años aún para ver cómo
deshace este país. López Obrador tuvo todo el tiempo del mundo para prepararse para cuando llegara al poder. Soñó ser el mejor presidente de México, pero va a resultar el peor de todos. Esta presidencia ha sido una oportunidad perdida.
3 comments:
Hola Manuel,
Tal vez ni los mismos personajes de Morena lo tengan claro, pero al construir una refinería , un tren transistmico y dar reversa a la reforma eléctrica, en realidad están haciendo algo muy importante: revertir el flujo de capital negativo del país. Adicionalmente están haciendo algo muy importante: recuperar la soveranía energética.
La oposición está escandalizada porque quitan los incentivos de inversión, pero , lo importante no son las inversiones, sino el flujo de capital que generan. Y hay inversiones que son un desastre para la estabilidad financiera del gobierno y del país.
Una vez que se logra la soberanía energética y monetaria ( con un flujo de capital positivo) el gobierno puede dejar de lado la austeridad e invertir en infraestructura y programas de empleo hasta lograr empleo completo.
Te dejo un artículo , ojalá tengas tiempo de leerlo y darme tu opinión.
https://thepangean.com/Modern-Monetary-Theory
Más allá de que lea la referencia que mandas, me queda claro que el peje es un inepto. No entiende de economía, ni la básica. No gobierna, sólo se pelea con todos aquellos que no comparten su punto de vista. Miente cotidianamente, es ignorante y además, ha demostrado que nos hemos vuelto a equivocar con el mandatario que elegimos.
Todo lo que dices -en el mundo de las ideas- suena genial, pero en el mundo real no funciona tan fácilmente. A mí me da pena ajena ver lo ignorante e idiota que es López Obrador. Sus buenas intenciones, si acaso existen, está empedrado el infierno.
Manuel,
Mi punto es precisamente ese. Si, probablemente AMLO solo tiene conocimientos básicos de economía, pero las medidas que está tomando: sobereanía energética, control de las fugas de capital,exportación de productos de valor agregado, son las correctas.
El manejo de la economía, sobre todo en el sexenio de EPN fue un desastre. En términos físicos el análogo es que dejaron la economía del país funcionando con la misma eficiencia del más moderno reactor de fusión.
Y no,no es el mundo de las ideas. Es simple contabilidad, se necesitan condiciones extraordinarias (una cantidad de capital exorbitante y unos intereses muy bajos) para que una empresa pueda crecer cuando su flujo de capital es negativo (e.g. sus costos de producción son mayores que sus ventas) y para un país aplica lo mismo.
Mi principal desacuerdo con la oposición es justamente ese: la terquedad de insistir que un país con un flujo de capital negativo va a salir del desarrollo.
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