Tengo la fuerte impresión que en México la política se ha convertido en una chamba fácil y bien remunerada. Vamos, hoy cualquier gobernante puede decidir hacer X o Y obras y como finalmente, siempre será expuesto a la crítica, entonces hace como decía Salinas de Gortari: "ni los veo, ni los escucho". Y es que ser gobernante no se trata solamente de tomar decisiones, sino que en general tiene acceso al dinero del país, y entonces puede ordenar las acciones que considere pertinentes para y por el "bien" de México.
Los que apuntan en general todo lo que acontece en este mundillo de la política mexicana son los periodistas, que muchas veces no sólo reportan los hechos, sino que además, editorializan las acciones de los gobernantes. Uno esperaría que esto es un sano contrapeso a las barbaridades que de pronto se cometen en eventos anteriores a alguna administración, inclusive, como el caso del accidente de la Línea 12 del Metro, que dejó 26 muertos y que después de un año, no se ha revitalizado.
Desde luego que lo que los medios digan incide en la popularidad de los gobernantes en turno, asunto que a los políticos les quita el sueño, porque eso puede ser el brinco al acceso del dinero público o bien mantenerse al margen y ser un "político más", el cual pasa desapercibido aunque aún así, gane un muy buen salario, ya sea dado por su partido o por estar en la cámara de diputados o senadores. Cabe señalar que aquí en México tenemos muchos políticos que brincan de un puesto a otro. Como son Secretarios de Pesca también son Gobernadores de algún estado, etcétera. Sus currículums están llenos de trabajos -siempre en el sector público- en áreas que muchas veces no tienen que ver unas con otras. Son de hecho, multiusos.
Pues bien, en la medida que se va acercando la siguiente oleada de posibles candidatos a suceder a López Obrador, el periodismo mexicano especula, hace futurismo y además, registra los eventos más kafkianos en México. Por ejemplo, vamos en la mitad del sexenio pero ya Claudia Sheinbaum ha sido -aparentemente- elegida como una posible candidata a ser presidente de la República. Y entonces, la Dra. Sheinbaum se presenta en un acto público y el respetable empieza a corear: "¡Presidenta! ¡presidenta!", lo cual es ridículo con todo el tiempo que falta para el siguiente sexenio.
Y entonces podemos irnos a ver a los otros candidatos potenciales, como Marcelo Ebrard, que en un evento -creo en Pachuca- a la pregunta si estaría en la lista de candidatos para el partido Morena, él dijo: "considérenme en esa lista" y al canto popular de "¡Presidente, presidente!", Marcelo se toma fotos con el pueblo, con la señora que hace tlayudas, con el ama de casa, con el trabajador del campo, etcétera, y en cada foto forma una sonrisa que de falsa tiene todo. Ebrard sabe que, finalmente, requiere del apoyo del electorado y entonces se pliega a la circunstancia y muestra su cara amable, su aparente comprensión cuando habla con algún ciudadano que le expone alguna queja. Su cara lo dice todo: "hay que actuar como si me interesara porque eso me da votos". En el fondo su ambición política (aunada a la económica) y a la vanidad de los políticos, que se sienten la última coca cola del desierto y que además, saben cómo "servir" al país, está por encima de su actitud real. En el fondo lo saben, la cosa es usar al pueblo para sus fines personales.
Y bueno, hay varios más en la lista de candidatos: Arturo Monreal, que no parece tenerlas a favor con AMLO, quien será -en el mejor estilo priísta- quién decida al candidato. Otro es el Secretario de Gobernación, al que López Obrador le echa flores por cada cosa que hace. En fin, la lista seguirá creciendo porque cuando hay dinero fácil, de pronto todos se suben a ese tren.
Pero en estos vaivenes de la política mexicana, ocurrió hace un año el fatal accidente de la línea del Metro, que dejó 26 muertos. La jefa de gobierno, la Dra. Sheinbaum, decidió contratar a una empresa noruega, especializada en estos temas de ingeniería forense. Y habló de que no habría impunidad para nadie. Y contrata a una empresa extranjera para eliminar sospechas sobre los reportes que podrían amañarse si se usara una compañía mexicana para tal fin. A un año no hay un solo responsable, un solo detenido y para colmo, el último reporte de dicha empresa nórdica, algo hizo mal a los ojos de Sheinbaum, porque ella salió a decir que el reporte estaba mal realizado, que técnicamente era deficiente, que no seguía los lineamientos técnicos, etcétera. Vamos, de decir que esa empresa era una maravilla (a la que se le pagaron unos 30 millones de pesos por esta chamba), ahora es más mala que la carne de puerco.
Pero la Sheinbaum quizás no ha medido (quizás sí), las consecuencias de tapar este reporte y no mostrarlo a la opinión pública, asunto a lo que estaría obligada. ¿Por qué no hacerlo? ¿Qué dice este reporte que no le gustó nada? Aparentemente el legajo habla del mantenimiento del Metro y es ahí donde recae responsabilidad de la jefa de gobierno y eso, para sus aspiraciones de ser presidente puede ser fatal. Entonces en una maniobra inesperada, argumenta todas estas barbaridades sobre la empresa que antes era maravillosa y espera que la tormenta pase pero... ¿pasará? Los políticos saben que el pueblo tiene memoria corta pero los periodistas no. Y en el momento oportuno sacarán los trapitos al Sol para recordarse a la Dra. Sheinbaum este penoso asunto del cual quizás ya no se levante en sus aspiraciones por llegar a la primera silla del país.
Y confieso, Claudia Sheinbaum no es santo de mi devoción. Las razones de ello ya las expuse aquí. Pero ese no es el asunto importante, sino el ver cómo en este país, de ser potencialmente "la candidata" de pronto puede ser "la apestada" y entonces nadie quiere nada con ella. Quizás eso le pase. Tiempo al tiempo.


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