El futurismo político siempre ha estado en la mente de los mexicanos. Vamos, casi desde que entra en nuevo gobernante no falta ya quien está diciendo quién será el siguiente gobernante cuando pasen los seis años del que empieza. Y si ocurre algún evento donde alguien del nuevo gabinete se luce, ya lo hacen presidenciable.
En el pasado hemos visto una serie de experiencias en donde los asistentes a un evento de pronto corean "¡<Ponga el nombre de quien usted quiera> Presidente!", como le pasó a Carmen Aristegui después de dar una plática. Y es que pareciera que en nuestro país no se busca alguien capaz, sino alguien popular. Por ejemplo, López Obrador ganó la presidencia después de buscarla N cantidad de veces. Se hizo popular y era el vocero de la inconformidad ante los abusos de -no sólo el régimen en turno- sino de todos los anteriores. Vamos, hasta Salinas, que estuvo en la presidencia hace ya tanto, era el villano favorito de Andrés Manuel. Y bueno, para el propio AMLO su popularidad le importa a tal grado que semana a semana saca una encuesta en donde aparece casi siempre como el segundo mejor presidente del mundo mundial, por debajo del de la India. Los sueños de grandeza de este ridículo personaje los hace evidentes cada vez que puede en sus mañaneras.
Pero entrando al punto de quién ganará las elecciones, tenemos realmente dos posibles candidatas: Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez. La primera fue nombrada en un proceso en donde Ebrard creía (o al menos eso decía), se iba a respetar la decisión de quienes votarían en el congreso de Morena para ello. A la hora de la hora pasó lo esperado por todos: Claudia Sheinbaum ganó el derecho de ser la candidata de Morena a la presidencia y Ebrard probablemente no vuelva a tener siquiera la oportunidad de competir. De hecho, de protestar sobre el procedimiento ya prácticamente se doblegó a los modos de la política mexicana. Hoy Ebrard tiene 64 años y en seis años llegará al séptimo piso. Probablemente ya no esté en condiciones de aspirar a ser presidente per bueno, las ganas políticas pueden durar mucho pero mucho tiempo.
Así, Sheinbaum es la candidata (siempre lo fue en los ojos del Peje), y yo ya he dicho que la Dra. Sheinbaum es uno de los fracasos más importantes de la UNAM, pues le hablaron al oído, le hicieron creer que era única e irrepetible y perdió esta capacidad crítica que se aprende y que se termina mamando, en la Facultad de Ciencias de la UNAM. Sheinbaum no tiene hoy ninguna postura crítica y aplaude todas las babosadas de quien la puso de candidata. Quiero entender que hay que pagar derecho de piso pero lo que hace Claudia es lamentable.
Po otra parte, la candidata antagonista es Xóchitl Gálvez, cuya candidatura nació gracias a que el presidente no le quiso dar derecho de réplica por algo que le dijo y entonces se volvió popular. Pero esta candidata nomás no prende ni popularmente. Si quieren sacar a Morena de la presidencia, la Gálvez no tiene nada que hacer para lograr esto. Pienso que el hijo de De la Madrid era -por ejemplo- mejor candidato, pero bueno, los misterios de la política mexicana son inescrutables.
Finalmente tenemos a Jorge Álvarez Maynez, que no pinta finalmente y que si aceptó esta candidatura a la presidencia, por parte de movimiento ciudadano, será para hacerse de algún puesto en el siguiente gobierno, o en la cámara de diputados o senadores. Pero es claro que este candidato no pinta realmente.
Entonces, ¿será Claudia o Xóchitl? No importa qué digan los antagonistas de Morena, creo que la elección está más que decidida: Claudia Sheinbaum será presidente de México. Y como dicen popularmente: "guarden este post". La verdad es que no veo ningún elemento para pensar que Xóchitl puede siquiera competir, aunque Luis Berman o Atypical TV sigan sosteniendo que es posible vencer a la Sheinbaum.
Pero más allá de esto, les diré que quien me parece que está agazapado para lanzarse como candidato (¡y ya estoy haciendo futurismo político incluso antes de que gane Sheinbaum!) es Fernández Noroña, el cual ya ha sido precandidato a la presidencia, pero eventualmente ha declinado en favor de Claudia, quien ya lo llamó a su gabinete de campaña. Y tal vez me equivoque porque para cuando termine Claudia su mandato, Noroña tendría 69 años y no s{e si ya sea demasiado grande para optar por alguna candidatura presidencial. Además, cuando llegue ese momento de definiciones, probablemente aparecerán otros actores políticos nuevos, más jóvenes o ambas cosas.
Eso último es una especulación sin más fundamento que las ganas que Noroña siempre ha puesto a esta idea de ser presidenciable. Chance y me equivoque. En lo que no tengo dudas es que no hay manera de que Morena pierda esta elección de Estado.








